Agradecida

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No, no es que de repente quiera recuperar el tiempo de silencio en este blog, es que hoy me siento muy agradecida, agradecida a vosotros, a las redes, a las personas que cada día con sus contribuciones nos ayudan a ser más evolucionados, a personas que han sido y son referentes en mi trabajo diario, en mis clases, en mis conversaciones. Agradecida por el reconocimiento que, a mi propia contribución, ha realizado el equipo de Talentier a través del post  24 influencers de RRHH que deberías seguir en linkedin de Anna Sagristà.

Simple y llanamente quería escribir estas líneas de agradecimiento para todos vosotros, para todos ellos.

Photo credit: Robada a Victor Candel….;-)

 

 

Cabezas de Turco

eye-1710285_960_720“Me han despedido. Después de más de veinte años de carrera profesional, compromiso, creencia, apuesta, entrega, continuo aprendizaje…He sido la puñetera cabeza de turco. Antonia, esa tan temida, esa cuya llegada anuncia porque huele muy mal y, sin embargo, tan imposible de esquivar, porque cuando eres la cabeza de turco…tu cabeza ya está cortada y es solo cuestión de tiempo…huele mal.”

Atónita te escucho, cómo vas a ser tú cabeza de turco? Vamos ni tu ni nadie ya, pero… tu? Cómo a estas alturas de la película siguen existiendo cabezas de turco? O…es sólo que es más fácil ser cabeza de turco que autocrítico? No tu no, a ti no te falta autocrítica, más bien siempre te ha sobrado, entonces… qué es lo que ha pasado?

“Antonia, creí en todo lo que representa nuestra función de RRHH, creí, practiqué, empujé, enseñé…me volqué en ayudar en la transformación de la compañía, en conseguir aquella cultura necesaria para llegar a ser. Sentí el vértigo que provoca salirse de la caja, fui el primero en hacerlo, en abanderar el cambio necesario…hoy siento que fui un suicida profesional…me entusiasmé tanto que no me di cuenta de que seguían existiendo callos, callos que nada tenían que ver con las consecuencias del cambio, con su curva, callos con objetivos muy distintos a los del bien común, callos con agenda propia y suficientemente duros como para haber tropezado…callos camuflados, sutiles, callos de guante blanco…”

Escuchaba a Javier y seguía sin dar crédito, es cierto que mi vinculo con él dificultaba ser imparcial, pero aún así, era como transportarse al inicio de mi carrera, a aquellos tiempos en los que existían los “terratenientes”, los “cabezas pensante”, los “ordeno y mando” que además no necesitaban esconderse porque era el estilo del tirano donde se habían criado y donde seguían ejercitando. Pero… de eso hace ya tanto…son tantos los libros escritos sobre el new management, tanta tinta, tantos cursos, tantos cambios, que pensé que ya no eran ni una especie en extinción sino que se habían extinguido sin más. Y, es cierto, que a veces te encuentras dejes de aquellos tiempos…pero plena presencia? Cómo para hacer fracasar un proyecto de compañía? Como para hacer que parezca un accidente?

“Créeme Antonia, por un lado clamaban el cambio en la organización, por otro producían parálisis, miedo, vacío de contenido. Nadie hablaba allí, todo parecía en orden, solo que las cosas no pasaban…hasta que olían mal, hasta que algo estallaba y entonces se buscaba la culpa de quien no lo había gestionado, siendo su responsabilidad… Cuando en realidad, hacía tiempo que la habían capado… Todo bajo una suave capa de maquillaje…que no supe ver… porque a mis ojos ya les faltaba esa mirada…”

Cabizbajo añades: “Una lástima, allí hay muy buena gente”

Me atrevo a compartir hoy con vosotros la experiencia de Javier de hace ya unos meses (hoy Javier está felizmente casado con otro proyecto, en el que estoy segura le irá bien) porque estos días leía un artículo en el que por enésima vez  se hablaba de “El futuro de los RRHH” y si es una función a extinguir y de todos los cambios que debemos emprender en nuestra función. Los que me habéis leído con anterioridad o me conocéis de clase o de un café, sabéis lo crítica que soy con nuestra función, con los procesos absurdos, con el coleccionar políticas, etc… y lo apasionada que soy, uno no puede estar aquí 25 años si no siente pasión o quizás sí, pero entonces para mí ya no son profesionales de RRHH, así lo digo, alto y claro.

Pero ojo! Hoy levanto la voz porque ese artículo parecía que nos hacía responsables de todo lo que pasa, nos hacía poco menos que Dioses de la era moderna  o eso me ha parecido que pretendía. A mi modesto entender, eso es jugar al despiste, es elegir públicamente una cabeza de turco y no es un intento por mi parte de eludir responsabilidades, sino de que cada uno contribuya con su parte, desde la autenticidad, desde la colaboración, desde la comunidad, desde la humildad, desde el brillar sin maquillajes, sin callos, sin falsas voluntades. Y no pido que se allane el camino, pido coherencia, nada más y nada menos.

Pido coherencia con la visión de empresa, pido análisis, profundidad, pido no quedarse en lo que parece, pido buscar las raíces, pido evolución en todas las partes integrantes, pido una apuesta seria, pido transparencia, pido espacio para el desarrollo. Asumo y acepto la responsabilidad de RRHH en ser garante de la Cultura que se defina, en ser responsable de su desarrollo, en  nuestra propia evolución. Pero no acepto los falsos testimonios, no acepto las responsabilidades únicas, me resisto a que a estas alturas siga habiendo cabezas de turco.

Hoy leía a Ricard Lloria “CULTURA ÁGIL, EL CUARTO HÁBITO Y LAS 6 C´S”  y sus palabras sobre el Ego y la competitividad interna, también me han hecho reaccionar, me han animado a escribir estas cuatro líneas a favor de nuevo, de la cultura colaborativa, de la transversalidad, del bien común, del crecimiento conjunto.

Este es el reto que tenemos delante todos los integrantes, cada uno desde su función, desde su experiencia, desde su voluntad y contribución. Y cualquier otra cosa no es más que un canto falso al sol y a mí… de pequeñita no me quisieron en la coral…por más que me gustara y me guste cantar.

Os dejo con Lagarto amarillo y “Dejarse la piel”

“Tuve que ir y volver a la luna
Perderme y jugarme la vida
Tuve que andar al revés
y volver a aprender lo que ya conocía
Tuve que huir al volver de la luna
después de jugarme la vida
Supe que a veces tal vez, hay que dejarse la piel” (la mayoría de las veces!)

 

Se os quiere!!

 

 

Photo credit: eye pixabay

Desenredando

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No me gustan los cierres en falso, no me gustan los cajones abiertos, ni las puertas de los armarios. Sin embargo, siempre necesito saber que puedo abrir una puerta, una ventana al aire fresco. Sentir que por más asfixiante que sea el continente, nunca lo será como para ahogarme porque yo dispongo de la llave. Yo decido si me quedo o me marcho. No como escape, no como una huida hacia adelante, ni tan siquiera hacia atrás. Es una decisión, una opción.

A veces las cosas se nos enredan tanto, que da miedo adentrarse y, sin embargo es sólo adentrando que quizás veamos algo. Es sólo yendo que podemos disponer de todos los datos, sentir las emociones, verdaderas, falsas,  adoptadas, adaptadas. Es sólo estando que desenredamos sin seguir enredando o sin quedarnos con un cómo hubiera sido.

En esas situaciones, a mi me ayuda saber que al igual que en el inicio puedo decidir si entrar o no, puedo decidirlo durante, puedo decidirlo hasta el final.

De jovencita era muy miedosa, me daban terror los túneles del terror (que por algo se llaman así) porque además suelo meterme bastante en el papel, vamos, rozando la más absoluta de las realidades. Sólo podía entrar recordándome que siempre hay vías intermedias de salida, hay una puerta… que jamás tuve que usar. Porque nada estaba pasando en realidad. Eso mismo suele ocurrir muchas veces cuando el enredo es tan grande, conforme vamos entrando, vamos asignando su verdadera dimensión, vamos dándonos cuenta de que muchas partes del enredo no son reales, solo enredos mentales, llegando a la esencia del mismo, pudiéndonos ocupar de esa esencia, centrarnos en ello y decidir si era tal o no el enredo.

Siempre podemos decidir cuándo nos quedamos y cuándo nos marchamos. Hasta donde y cuánto apostamos y hasta dónde y cuánto no. Siempre podemos decidir cuándo abrimos y cuándo cerramos, qué dejamos adentro y qué dejamos afuera. Siempre podemos abrir una puerta.

A veces habrá quien pretenda encallar nuestra puerta,  para que no se abra, para dejarla cerrada. A veces habrá quien ponga un tope para que no se cierre, para colarse, para quedarse.

A veces habrá que hacer algo de limpieza o ponerle algo de grasa. A veces darle un empujón para abrirla o cerrarla, incluso una patada.

A veces sentiremos que hay muchos obstáculos y que ya no quedan fuerzas. A veces nos tentará quedarnos, sin darnos cuenta de que nos estamos asfixiando, enredados  en promesas pasadas, en fantasías, cuentos mal contados, espejismos o historias que siendo para no dormir nos sumergen en su letargo. Ni dentro, ni fuera, ni todo lo contario. Convirtiéndonos en una sombra invisible, en una luz apagada, en un espejo sin reflejo, en una maza sin cantera.

Otras veces iremos a abrir o cerrar con todas nuestras fuerzas y sentiremos, por un momento, la impotencia de su insuficiencia.

Todo ello forma parte de la aventura del desenredo, aunque a veces nos parezca que estamos enredando. Entrando, conservando nuestra llave, aprendiendo, decidiendo, confiando, respirando, sintiendo… iremos desenredando, desenmascarando, quedándonos con la esencia sencilla de las cosas que nos importan.

Y, a veces, siento que así es la vida, un gran enredo imaginario que al final no lo es tanto.

Os dejo con Dani Martin y mira la vida

Mira la vida. Mira la vida, mira. Mira la vida como vuelve y te sorprende. Mira la vida que fondo tiene el cajon. Mira la vida que regala todas las flores que tiene, aunque algunas las arranque con dolor


Se os sigue queriendo.

Photo credit: Pixabay- network

Iremos viendo

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A veces no es ni un no, ni un sí.

A veces no sabemos y nos empeñamos en saber, en forzar, en definir lo que no tenemos claro. En lugar de admitir un iremos viendo, un dejarse ver, dejarse avanzar, un dejarse probar, un ponerse a prueba. Un explorar el terreno, un explorarse, descubrirse, desarrollarse.

A veces es un sí profundo, a veces es un no rotundo, las menos veces, las más, es un no sé.  O así yo pienso que debería de ser.

El no sé, abre puertas a conocer, al ir viendo. Pero con el compromiso de ir viendo de verdad, sin quedarse en el limbo de la indefinición, del que no se moja, del que no camina, del que no prueba, del que no apuesta, del que dice sí o no, aunque no sepa.

Un iremos viendo es legitimarse a explorar, a adentrarse, a saber, conocer, sentir y ser. Es un legitimarse a crecer, a testear los síes y los noes cuando no los sentimos como tales.

A veces nos fuerzan al sí o al no. Quieres o no quieres? Y… yo que sé si quiero…iremos viendo! A veces suena cruel, a falta de compromiso, a un no aplazado, a un dar largas… Nada más lejos de la verdad, un ir viendo es el mayor de los compromisos que se puede tomar. Es el compromiso a tener los ojos, los poros, el corazón, la mente, el espíritu abiertos. Es un compromiso a estar atento, es un compromiso a cambiar para alcanzar, para sentir, para estar de verdad.

No existen síes ni noes eternos, más bien caducos y obsoletos. Trampas al alma! Trampas al amor! Trampas a uno mismo! Anclajes a creencias pasadas, a guiones sin palabras, conversaciones sin miradas, a papeles mojados y noches en vela.

Las circunstancias cambian, las personas evolucionamos. Si nos reconocemos como seres en evolución, aceptaremos que lo mejor es ir viendo, dándonos esa oportunidad de ver, sentir y ser.

Si sientes un Sí, di Sí, sabiendo que será temporal

Si sientes un No, di No, sabiendo que será temporal

Si no lo sabes, si te debates, di un iremos viendo, sabiendo que será eterno

En el tema de Ser y Sentir me quedan ya pocos Síes y Noes y, los pocos que me quedan muchas veces se contradicen y… entonces, me quedo calmada con un iremos viendo, hoy no es necesario definirse, tomar la decisión, lo nutritivo es el camino de ir viendo, tomar síes, tomar noes, dejarlos marchar, probarlos, probarnos y continuar, dándonos la oportunidad de seguir viendo, de seguir viviendo.

Alguno de los que me estéis leyendo pensareis que eso es una falta de compromiso, que hay que mojarse, definirse, que un ir viendo lo deja todo tan abierto que es complicado seguir, difícil confiar, imposible controlar. No os voy a intentar convencer, más que invitaros a probar. Al igual que la vida no está hecha de blancos y negros, sino de miles de matices. No está hecha de síes y noes, sino de miles de incógnitas y terrenos por descubrir. La puerta de entrada ahí es el iremos viendo y yo te invito a atravesar esa puerta y a que vayamos viendo que es lo que hay, a que vayamos construyendo sies y noes que, aunque temporales, sean sólidos y con aroma a eterno.

Se os sigue queriendo!

Os dejo con Duran Duran y Ordinary World

Y no lloro por el ayer,
hay un mundo normal y corriente
que de alguna manera tengo que encontrar.
Mientras intento recorrer mi camino
hacia el mundo normal y corriente,
aprenderé a sobrevivir.

Todos los mundos son mi mundo
-Aprenderé a sobrevivir-
Cualquier mundo es mi mundo
-Aprenderé a sobrevivir-

 

 

Photo credit: gratisography

Un capítulo más (2016)


Mis queridos todos,

A punto de cerrar un nuevo capítulo en este espacio, me complace volver a compartir con vosotros pedacitos de estas reflexiones en voz escrita, de aquellas que, hablando “De nosotros” a mí me siguen resonando y removiendo, en un intento de darles algo más de vida e invitarte a seguir buceando.

Este año, es cierto, he escrito mucho menos, varios son los motivos, quizás el principal, una especie de sentir que ya son muchas las cosas dichas y que lo me surge de dentro es invitar a la experiencia, más que seguir en la reflexión porque es sólo desde la experiencia de cada uno que podemos evolucionar.

Ahí van mis perlas que espero las hagáis vuestras:

Empezaba este año el mismo día 1 de enero sin tiempo que perder con Atrévete y cuéntame: No hagas esa lista de propósitos, no reduzcas tu poder de Ser a una lista de cosas a hacer, no se trata de eso, se trata de definir cómo te quieres sentir y qué es lo que hará que te sientas así. Se trata de Ser para poder hacer. Se trata de reflexionar sobre qué es lo verdaderamente importante para ti y sobre qué estás dispuesto a apostar para conseguirlo. Se trata de definir tu mantra para este año, esa frase que te orientará cuando estés perdido, esa que dará sentido a lo que estás haciendo, la que te indicará el camino. Una vez tengas ese mantra, verás que la “fastidiosa” lista saldrá sola y ya no será tan fastidiosa porque forma parte de lo que quieres Ser, de tu camino….Te encantará experimentar, porque sólo experimentando la podrás saborear en sus sabores dulces, amargos, picantes, salados….La única forma de llegar a ser nuestra mejor versión, de sentir la plenitud, es experimentando de esta manera y, en realidad, tampoco hay que ser tan valiente, más que estar comprometido con esto de honrarnos y honrar esta vida. Atrévete y cuéntame! Mi mantra para este año sigue siendo: “Salir mejor de lo que entré: Atreverme, Retarme, Amarme, Amarte. Que no quede recodo sin descubrir, que no quede emoción sin vivir” Enséñame Vida y éste es el que espero me siga acompañando en el próximo año, de momento no se me ha ocurrido ninguno mejor.

Pocos días después descubrí el Duende  y su inmensa fuerza :“… el Duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: “El Duende no está en la garganta; el Duende sube por dentro desde la planta de los pies”. Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo, de sangre….al Duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre…Para buscar al Duende no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos….no es posible ninguna emoción sin la llegada del Duende….La llegada del Duende presupone siempre un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas, con una calidad de rosa recién creada, de milagro, que llega a producir un entusiasmo casi religioso…. alguna cosa nueva que nada tenía que ver con lo anterior, que ponían sangre viva y ciencia sobre cuerpos vacíos de expresión…el Duende gusta de los bordes del pozo en franca lucha con el creador…con Duende es más fácil amar, comprender, y es seguro ser amado, ser comprendido…el Duende ama el borde, la herida, y se acerca a los sitios donde las formas se funden en un anhelo superior a sus expresiones visibles…” Federico Garcia Lorca

En Ahora qué me planteaba las nuevas metas a partir de los cincuenta ya tan cerca…

Cómo me quiero sentir?  acompañado de una experiencia de vida, ahora ya si sabemos lo que nos gusta y no nos gusta, sabemos lo que queremos y lo que no, lo que nos importa y lo que nos da igual, lo que nos sienta bien y lo que nos hace mal. Ahora hemos descubierto algunos de nuestros límites verdaderos y, hemos desenmascarado otros que no lo eran tanto. Ahora, sabemos que sabemos tan poco y que nos queda tanto por descubrir…Ahora que ya no queremos comernos al mundo, sino saborearlo y… si puede ser, en buena compañía que eso siempre puede ser. Ahora que somos más sabios, más reposados….La vida no nos exige una “falsa” contribución, la vida nos exige aquello que nos provoca pasión, porque sólo la pasión transforma. Aquello que el duende despierta, aquello que nos hace vibrar, con lo que sin ello, de verdad, tendríamos dificultad para respirar. Aquello que miramos como si del escaparate de una deliciosa pastelería se tratara, aquello que nos hace salivar, caminar sin pisar el suelo, ver sin mirar, escuchar los sonidos negros, esos que no suenan, pero están ahí.
Nuestra pasión no tiene límites si nos imaginamos y nos vemos como los seres poderosos que somos.

En Ilusiones “No podemos vivir relamiéndonos las heridas, las ilusiones son necesarias para vivir”  Me planteaba cuántas veces la vida nos trae lo que deseamos y no somos capaces de tomarlo. Cuántas veces dejamos que los saboteadores sean los que tomen el mando, cuántas veces les dejamos que pinten de negro el color dorado? Cuántas veces escondemos nuestro propio miedo detrás de posibles amenazas, de falsos riesgos? Cuántas veces nos privamos de esas ilusiones que son las que nos permiten vivir? Decimos que queremos, pero nos quedamos relamiendo heridas o poniendo tiritas preventivas. Así, va a ser que no, va a ser que la vida es dura, que la vida no nos da oportunidades, que tenemos mala suerte, que nada es tan perfecto como queremos. Pues claro que no, porque esa perfección no es más que otro saboteador, es el ideal que ha construido nuestra imaginación, a veces con todo lujo de detalles, cada detalle una trampa para nuestra ilusión. Cada detalle una oportunidad para decir que no. Para justificar nuestra falta de acción, para no lanzarse, para explicarse….La vida nos convierte en nuestro propio experimento, en nuestra propia apuesta. De verdad lo quieres? De verdad lo deseas? Pues tienes que lanzarte, arriesgarte, entrenarte. A veces siento cómo nos convierte en verdaderos héroes venciendo nuestros miedos, a la conquista de nuestras ilusiones

En Tercera derivada   me planteaba la complejidad de nuestros comportamientos, cuando me pierdo en la complejidad de las interpretaciones, de las suposiciones, cuando me faltan datos, cuando las lagunas me impiden entender qué está pasando. Cuando la necesidad de entendimiento, de comprender, hace que rellene esos espacios en blanco. Es entonces que empiezo con las derivadas y para cuando me doy cuenta aparezco en un lugar desierto, un lugar árido, un lugar inventado, un punto de inflexión. Que poco o nada tiene que ver con lo que quizás sea porque una de las derivadas que introduje fue el miedo, otra fue la protección, otra la rabia, otra los celos, quizás venganza, quizás resentimiento, inmovilismo, instinto de conservación, cualquier cosa menos esencia, menos intuición auténtica, menos amor…..He aprendido que lo mejor es actuar desde lo que nosotros necesitamos, desde lo que nosotros deseamos, desde nuestra propia libertad, sin interpretaciones del otro, sin hacernos trampas….Te propongo que ante una laguna, actúes desde el amor, verás que desaparecen las lagunas, se evaporan. No hay derivadas, porque lo que hay es amor, confianza, legitimidad, para aclarar, para preguntar, para proponer, construir, avanzar. Déjate de derivadas, déjate de interpretar, déjate de usurpar al otro y sé tú, Qué tú quieres? Qué tú necesitas decir? Qué tu necesitas saber? Qué tu quieres contestar?
El amor no tiene derivadas, sólo es amor, es simplicidad.

En Diste todo Ante una ruptura de alguien amado me planteaba que yo no sé si pusiste todo de tu parte, no sé qué es poner todo de parte de uno, porque uno no tiene final en sus infinitas posibilidades, porque los límites de cada uno, aquellos que son de verdad, son infranqueables y nadie que te ame pedirá que los pases. Sí sé que cuando se ama, uno no tiene el sentimiento de tener que poner nada, porque las cosas fluyen, cuando fluye el alma . Y sé que cuando el amor es sincero, el alma fluye sin más, la esencia surge en su versión más auténtica, bailando al mismo compás, llegando a niveles de evolución jamás imaginados. Uno con el otro el otro con el uno, sin esfuerzo, sin sacrificio, sin tengos, ni debos…..Amar es sencillo, amar es sentir, no se trata de pensar, no se trata de interpretar, adivinar o derivar. Se trata sólo de sentir, de Ser y de eso, en general, sabemos poco, nos gusta acompañar de razonamiento, de lógica y de sentido común. Cuando el común de los sentidos, precisamente es el menos indicado para amar. El común de los sentidos está basado en lo común, en lo establecido, en lo genéricamente aceptado, en el mantenimiento de lo conocido, de lo seguro, de lo previsible, lo normativo. Sin margen para la “locura”, sin el ingrediente de la vida, desde el hemisferio izquierdo….Entonces, no digas que no pusiste todo de tu parte, quizás añadiste demasiado, quizás sobró algo de todo eso que complica lo sencillo, quizás tu si lo hiciste y no lo hizo el otro. Todo eso sólo tu sabes, quizás sea una oportunidad de aprendizaje, de revisar la película, pero no para lamentarte, sino para verte, ver y sentir cómo y desde dónde actuaste, Desde el sentido común?, Desde el amor?, Desde lo que eres? Desde el personaje? Sólo así sabrás si te atreviste o no, si te diste o no, si fuiste o no.

En El día del Amor  Os deseaba un muy feliz día del Amor y que seamos valientes en expresarlo, mañana y siempre que tengamos la mínima oportunidad, con nuestras palabras, con nuestros gestos, nuestros hechos, nuestra persona. Deseo que nuestro regalo de mañana no se encuentre en las tiendas, porque simple y llanamente no se pueda comprar, ni esté a la venta. Deseo que seamos capaces de dar y recibir un regalo como ese, en la plena conciencia de que no existe nada mejor.

En Compromiso…qué compromiso  me preguntaba Cuál es el compromiso? Compromiso con qué? Compromiso con quien? Compromiso para qué? Compromiso para cuando?
Yo lo siento, pero a mí al menos, ya no me vale con una mera declaración. Precisamente por las diferentes concepciones, necesitamos especificaciones, necesitamos el detalle del compromiso, de la promesa. Y ahí es cuando muchas veces el pulso tiembla, cuando le ponemos nombre y apellidos al compromiso, cuando nos enfrentamos a tener que especificar con qué estoy comprometido y en qué se traduce ese compromiso, cuando ya no es sólo una palabra, un concepto genérico indeterminado, cuando le tenemos que dar la forma y significado.
Es en ese momento en que podemos comprobarnos, en el que nos mojamos, en el que nos hacemos entendibles a nosotros y al otro, en el que nos destapamos, nos desnudamos y enseñamos la verdadera dimensión de lo que estamos hablando. Su verdadero impacto.
Y… sin embargo nos cuesta tanto… A veces nos cuesta porque supone mostrar sentimientos, emociones. A veces porque lo vivimos como un encorsetado, una obligación que quizás tememos no poder cumplir. Otras porque nos hace sentir vulnerables o por temor a defraudar. A veces por temor a su profundidad, por guardarnos margen de maniobra, por guardar una escapatoria, por sentir demasiado peso en la mochila o perder libertad… mil cosas. Causas todas ellas que derivan, a mi modo de ver, de un mal entendimiento de ese concepto indeterminado.
“Prometemos de acuerdo a nuestras esperanzas y actuamos de acuerdo a nuestros miedos.”-François de la Rochefoucauld.

En No te escondas  le decía a alguien muy apreciado: No te escondas, no temas brillar, porque ese brillo tuyo debe ser luz para los demás, inspiración, esperanza, apertura. Mira a tu alrededor cuando brillas, mira como se expande esa energía, como se esponja el aire, como contagias. Llevas inmerso un mensaje de posibilidad, eres el vivo ejemplo de que la transformación es posible, de que la felicidad es una actitud, de que el esfuerzo con sentido no es tal, de que pasito a pasito se tatúa una sonrisa perenne, de que avanzando siempre se encuentran manos, de que amor llama a amor. Tienes razón… tu no eres “diferente” y por eso mismo mi querida amiga, no te escondas y muestra tu brillo porque si tu has podido, puedo yo y todos los demás.

En NO!! Me planteaba la necesidad de pronunciar esa palabra: Como en todo lo dual, el sí, no existiría sin el no. Si no incluimos el no, estamos excluyendo el sí con todo su significado, con toda su entrega…emitimos un sí capado, falso, opaco, condicionado, sometido, subyugado. Nosotros mismos nos presentamos de esa manera, capados, falsos, opacos, condicionados, sometidos, subyugados. Al evitar el no, nos evitamos, evitamos nuestras necesidades, evitamos nuestros límites, nuestros valores. Al privarnos del no, nos privamos y privamos a los otros de nuestra contribución de valor, de nuestra perspectiva, de nuestra realidad, de nuestro saber hacer, decir, ser y sentir. Al limitar al no, nos limitamos y sin embargo no respetamos nuestros límites y, en el fondo, tampoco los límites de los demás pues los pasamos cual meras señales de tráfico, sin mostrar el respeto que unos y otros se merecen, nuestros límites marcan nuestra legitimidad.
Evidentemente que no digo que el no reine nuestras vidas, abogo por darle su lugar, el lugar que necesitamos que tenga para seguir creciendo, para seguir evolucionando.
Cuando decimos no honramos tanto como cuando decimos sí, siempre y cuando uno y otro sean sinceros, auténticos, respondan a nuestras necesidades, a lo que queremos, a nuestros límites, al disfrute.

En Celos…tengo celos Me planteaba el impacto de esa emoción en una relación de pareja: En una relación de pareja el sentir celos es sano en cuanto a poner en valor ese sentimiento de amor, poner en valor lo importante que esa persona pueda ser para el otro. Se tendría que ser de hielo para no sentir celos cuando alguien se acerca a tu pareja y nada tiene que ver eso con una falta de confianza, de autoestima o seguridad. Eso es amor, cuidado de lo que se ama, alerta que nos pone de manifiesto la dimensión de ese amor. Es el momento de tener ese sentimiento que se nos presenta la oportunidad de expresar ese amor de otra manera, de darle la vuelta, de entender cuán importante es para nosotros esa persona y, cambiando el sentido de esa emoción, dedicarle un beso como nunca se besó.

En Levantar la mano compartía con vosotros una intrusión en mi hogar y la necesidad de recuperar mi espacio: En mi casa no hay nada y hay todo. No hay riquezas materiales que puedan mal venderse en mercados de intercambio o tiendas de empeño, ni de segunda mano. Hay muchos recuerdos personales, muchos momentos, símbolos de mi vida, tierras, piedras, conchas, cristales, telas, colores… que le dan vida, le dan mi vida…Así hasta que una noche, en ese balanceo sin sentido, recordé lo que nadie me puede quitar, recordé aquello de no te dejes robar y pensé que en el fondo era lo mismo, alguien sin autoridad, sin legitimidad, pasó mis límites, pero mis límites seguían estando, en realidad intactos, dependiendo de mi, de cómo yo quisiera honrarlos. Y, poseída por una fuerza renovada, volví a poner música, a todo volumen, la música de mi casa, mi hogar, mi templo.

En Te cuento os contaba que aquí no valen los cuentos  que la vida no se conforma con las intenciones, con los intentaré, con los volveré después. Que no valen los quiero con la boca pequeña, que las apuestas son a doble o nada, sin faroles que valgan….que aquí no hay ropa que guardar, que hay que estar dispuesto a quedarse desnudo delante de la vida, sin corsés, sin maquillajes, sin artificios. Que sólo cuando uno está dispuesto a desprenderse de todo, incluso de su piel fina, es cuando obtenemos las respuestas, que no vale con un desnudo a medias, que no vale nadar y guardar la ropa. Que en las aguas bravas te mojas o te mojas. Que hay que estar dispuesto a desprenderse de todo para obtener alguna cosa realmente valiosa….Te cuento que aquí no sirve contarse cuentos.

En Gotas de limón compartía la reflexión que hacíamos entre un grupo de amigos: nos equivocamos cuando reservamos “espacios” en detrimento a lo que somos, a lo que sentimos, a lo que deseamos. De esa manera tomé conciencia de que cuando nos ahogamos y necesitamos espacios es porque no estamos en nuestro entorno idóneo, porque no nos acompañamos con quien nos complementa. Que cuando necesitamos poner tierra de por medio es porque quizás haya algo que enterrar, algo que ha muerto. Que cuando necesitas que brillen los aspectos materiales es por escasez de amor. Que cuando estás con quien amas, todos los segundos te saben a poco, todas las experiencias necesitas compartirlas porque si no, no sientes que lo son. Me pillé tomando conciencia de desear aquello que siempre había considerado criticable, que había catalogado de dependencia, de limitante rondando lo incapacitante. Me descubrí deseando estar cada minuto al lado de quien amo. Me descubrí sintiendo la necesidad constante de un espacio compartido con quien amo. Me sentí liviana de necesidades artificiales. Me sentí liberada de la mal interpretada presión del sistema. Me sentí invitada a una fiesta de posibilidades, a una celebración con buffet libre en el que cada uno decide su homenaje. Sentí que sólo desde lo más autentico de mí sería capaz de elegir aquel plato que de verdad me haga feliz, desde mi libertad auténtica, desde la liviandad de la generosidad, desde el reconocimiento del poder decidir. Sentí que mi espacio era infinito, que la curvatura de mi rueda vital sólo dependía de mí. Y decidí que seguiría echando dos gotas de limón al pescado fresco porque me gusta su acidez, porque me gusta el contraste de su sabor con el aroma a mar, porque no importa que ponga en mi espacio si es consecuencia de un verdadero acto de amor y libertad.

En Trazas descubría el impacto de sutil y profundo de las improntas, invitando a ir allí donde se encuentran: Me lo dices con esa serenidad… que no tengo por más que dejar que entre por mis oídos, por mis ojos, por mi piel, atravesando tejidos, membranas, partes físicas.. hasta llegar allí en donde las cosas resuenan para quedarse, para sanar, para limpiar trazas, trazas que siempre quedan, a veces del tamaño de un grano de arena, a veces de dunas enteras, en cualquier caso…trazas que impiden el deslizar del fluir por aquí. No sé exactamente dónde está ese lugar, no sé si está en el alma, si en el centro del corazón, en la parte derecha del pulmón, debajo del esternón? O en un pliegue del hígado? No sé dónde está porque nunca nadie accedió. Es donde viven las trazas cuando ya no quedan capas, cuando ya incluso el escarmiento se esfumó. Creo que no es un lugar físico, creo que está en la raíz de la emoción, no se llega demoliendo muros, ni rompiendo botijos, ni escarbando, ni tan siquiera buceando. Es un lugar que te ocupa en toda tu sensibilidad, pero no acabas de ubicar, su impacto es sutil pudiendo ser demoledor, por su sutilidad. Creo que solo se llega a pulmón con la fuerza del amor.

En Sin juicio reflexionaba sobre la necesidad de no enjuiciar para poder avanzar: Y habrá un día en que nos levantaremos y descubriremos que podemos escuchar mejor, que no enjuiciamos o al menos no tanto y, al principio sentiremos como que de repente no tenemos juicio, no tenemos criterio, ni posicionamiento. Y al principio nos sentiremos extraños como si hubiéramos perdido los parámetros, la sangre, el nervio…como si nada importara, como si todo estuviera bien, como si me diera igual.. Y, si somos capaces de aguantar en esa sensación unos segundos y no nos vence el pánico, es entonces que somos capaces de ver, de sentir, que en realidad lo que nos pasa es que hemos aprendido a escuchar sin emitir juicios sobre el otro, respetando su verdad. Nos daremos cuenta de que nuestro propio criterio permanece, aunque mucho más rico ahora, mucho más integrador. Nos daremos cuenta de que no hemos perdido el juicio, lejos de ello, parece que por fin lo hemos encontrado, parece que estamos más centrados, que nuestras decisiones son más rápidas e incluso acertadas, que las cosas empiezan a fluir a un cierto ritmo, que mi pasos son más rápidos y sólidos, que voy adquiriendo confianza, valentía, que no necesito ir imponiendo mi verdad porque ya sé que sólo es mía y, como más, lo que hago es ponerla a disposición de los demás para que sus pasos también sean más ligeros, más seguros, más rápidos.

En Para nada…como siempre : Compartía que yo creo que no hay nada que sea para nada, todo es para algo y, aunque nos parezca que repetimos y repetimos comportamientos, que tropezamos con la misma piedra…pienso que no es así. O al menos si es la misma piedra, está distinta. Si has tropezado con ella, estará en otro lugar o más hundida, o más afuera, o desplazada o desgastada por tu patada…no puede ser la misma piedra, será algo distinto al igual que tu, no puedes ser la misma que antes del primer tropiezo o del vigesimoquinto intento. Me niego a que sea así, algún aprendizaje hay seguro, quizás muy sutil, quizás no lo ves, quizás necesitas del efecto lento de la erosión para que haga efecto, pero no es para nada mi amiga, no hay para nadas….No existen los para nada y menos los como siempre.

En Pedir:  Ponía foco en lo que nos cuesta pedir sea el ámbito que sea. En especial, cuando se trata de necesidades que consideramos íntimas, de las que alimentan nuestra emocionalidad, de las que interpretamos dejan al descubierto nuestra vulnerabilidad, nuestras mal llamadas debilidades. Nos cuesta expresar nuestros deseos, apetencias, nuestras necesidades. Nos hacemos trampas, nos damos mil vueltas hasta convencernos de que no merece la pena o de que ya me satisfago yo. Y, ciertamente, no es que esté en contradicción, somos nosotros mismos quienes debemos satisfacernos en primer término, pero no somos hermafroditas, ni entes aislados, ni todopoderosos, ni tan siquiera autónomos. Somos sociales, interconectados, nos desarrollamos en esencia a través de otros, necesitamos sus espejos, sus retos, su mano, su ánimo, sus caricias, sus empujones, incluso sus malos ratos, para seguir evolucionando. Necesitamos compartir, reposar la cabeza, acompañarnos, conversar, escuchar, sentirnos parte, ser parte, integrar. Y no somos adivinos y muchas veces andamos despistados y no nos damos cuenta de lo que necesita el otro, la mayoría de veces nos cuesta identificar que necesitamos nosotros… y digo yo, no sería más fácil expresarlo? No sería más fácil detenernos a entender qué necesitamos y pedirlo cuando nosotros mismos no llegamos, cuando no es cosa de uno?…. Y tú? Vas a ser de los de Pedir ó de los de Perdí?

En Aquí control, tenemos un problema: Se me ponían los pelos de punta con la fantasía que a veces tenemos de que controlamos algo… Existe realmente una posibilidad de control? Vaya por delante que soy la primera que necesita de un cierto orden, respeto y disciplina, conceptos que para nada tienen que ver con el control. El control nace de la necesidad de esfumar un miedo, una inseguridad, el control es una fantasía bajo la que nos autoengañamos, tenemos la situación bajo control, el control es contrario al desarrollo de las personas, creemos que ejerciendo un control férreo evitamos daños, evitamos situaciones de riesgo, evitamos errores y… bajo mi ignorante perspectiva, pero que es la mía, lo que evitamos es el crecimiento, el desarrollo de las propias personas de sus competencias y habilidades, aniquilamos el espacio de crecimiento porque todo está pautado, controlado, alejados del riesgo, aséptico, artificial, falso. El miedo no es malo, lo malo es dejarse gestionar por el miedo.
Pienso que sólo nos desarrollamos a través de las propias experiencias, vivir los riesgos y sus consecuencias. No defiendo el caos, ni el libertinaje, el desentenderse, ni olvidarse. Defiendo el dejar espacio para el crecimiento, para la propia experimentación, defiendo el estar pendiente, el estar presente, el actuar desde el impulso del amor, nunca desde el miedo. Desde la creencia en las personas, desde las opciones de crecimiento y ya sabemos que crecer, se crece a estirones, a veces, muchas veces, a base de fiebre.
Y sí, seguro que también nos equivocaremos y mucho pero seguro que las consecuencias de esos errores serán mucho menores que si actuáramos desde el miedo, ejerciendo un control que impide el crecimiento o que fomenta una rebeldía contra todo y todos, una rebeldía ciega, sin sentido, propósito ni dirección.

En No miedo reflexionaba de nuevo sobre ese gran amigo nuestro:  El no miedo no va de la ley del más fuerte, va de la ley del más auténtico. El no miedo sólo existe desde el trabajo profundo de encontrarse a uno mismo, no es un salto al vacío y a ver dónde caigo. Es un descubrirse, es un actuar desde la coherencia y solidez más profundas, es entonces que simplemente el miedo se esfuma. Al miedo no se le gana declarándole una guerra abierta, al miedo no se le caza, ni tan si quiera se le atrapa. El miedo es listo, rápido, escurridizo, audaz, polifacético y… sabe más por miedo que por viejo….No hay atajos para el no miedo, no hay formulas exprés, ni tan siquiera fórmulas porque cada uno hace su camino, cada uno llega al no miedo desde su propios recursos, desde sus propios descubrimientos…no existe más que el irse descubriendo, ir buceando en las ramas, las hojas, las raíces de esos miedos, entrar en todos los recovecos, apechugar con las consecuencias de esos descubrimientos, a fuego lento, un pasito y detrás otro, sin carrerillas, ni atajos, ni a ver quien llega primero. Y en ese andar, en ese descubrir, sólo avanzan los pasos que se dan desde la coherencia y la creencia más profundas de que son lo que se quieren dar…Los pasos de no miedo se caracterizan porque al hacernos la pregunta de Y qué fue lo que nos movió a hacerlo? Nos respondemos desde la creencia más profunda de haber querido dar ese paso como el respeto último de nuestros valores, con el honrar de lo que amamos, con la apuesta por lo que somos, independientemente de las consecuencias que podamos imaginarnos, en la confianza de que nuestra coherencia sólo puede llevarnos a más coherencia, elevar nuestro nivel de aprecio, acercarnos a nuestra mejor versión….Seguirse preguntando hasta encontrar el para qué que nace del amor, la dignidad, el respeto, la humildad, la sencillez de lo que nos hace crecer. Como siempre…la clave es el amor.

En Todo llega descubría mi necesidad de dejar de buscar para empezar a saborear: Dicen por ahí que las cosas son cuando pueden ser… Quizás las cosas siempre son y están ahí para cuando las podamos ver, para cuando estemos preparados para recibirlas, siéndonos invisibles, incoloras, insonoras, sinsaboras … en nuestro caótico recorrer.
Quizás a veces vamos tan obsesionados buscando… que no encontramos. Tan obsesionados con la búsqueda… que se nos olvida lo que estábamos buscando.
Quizás ya las tenemos y nuestra mirada elevada al horizonte de lo que queda por llegar, no nos las deja apreciar.
Quizás sin perder la curiosidad, lo que hay que hacer es dejar de buscar, para empezar a saborear.

En Cruda realidad: Me preguntaba Qué es realidad y qué es fantasía? No será que fuera que todo son matices de nuestra vida? Diferentes momentos, diferentes vivencias, diferentes aspectos, diferentes perspectivas de nuestro estar siendo, por qué rechazar parte de ello, por qué no honrarlo, por qué no integrarlo con el respeto y la dignidad que nos merecemos?…. Y ese es nuestro encanto que siendo uno somos tantos, tantos cuantos matices nos componen, tantos cuantas experiencias sumamos, tantos cuantos altibajos, cuantas realidades y aspectos diferentes nos van conformando. Unos buscados, deseados, otros sobrevenidos, sobresaltos, encontrados, perdidos, soñados, esperados, borrados, alterados…
Lo apasionante de la vida es como nos modela, como provoca que nos mostremos en esos múltiples matices que nos conforman a través de todas nuestras realidades. Cada una de ellas una oportunidad para que asome uno de nuestros matices, para vivir desde la plenitud de la emocionalidad, con todos sus registros.
No existe la realidad cruda, solo realidad, realidades que nos aportan las experiencias necesarias para nuestro desarrollo pleno, para nuestro mayor esplendor. Realidades que cambian según cambie nuestra vivencia de ello.

En En ocasiones veo muertos : Compartía mi necesidad de volver a lo sencillo, a esas cosas que son tan simples que nuestra mente complicada no puede entender, a esas cosas que son tan simples que no dejan lugar para derivadas, no hay campo de expansión para la razón, no hay caldo de cultivo para la sin razón. A las relaciones simples, a las conversaciones simples… a las cosas simples. Siento la necesidad de dejar de pelear, pero ojo! Que eso nada tiene que ver con tirar la toalla. Dejar de pelear para fluir, para dejar ser lo que tenga que ser. La necesidad de confiar, de vivir en el Flow y para eso hay que dejar de pelear, dejar de ver sólo lo que queremos ver, dejar de querer que las cosas sean como queremos que sean, dejar el pause y que corra el play. Pelear por tener una mirada sencilla de las cosas, para aceptarlas, para aprender de lo que me traigan, es la única pelea que se me antoja mantener, pelear para que los miedos no me posean, pero pelear contra ellos que soy yo misma…

En La verdadera conversación prende fuego volvía al tema relación, al lenguaje, al integrar: Nuestras relaciones personales se configuran a partir de las conversaciones que mantenemos con los otros, conversaciones y relaciones son una misma cosa. Mantenemos una relación con alguien mientras estemos en una conversación abierta y continua, si por cualquier razón la conversación se interrumpe o termina, la relación también se interrumpe o termina… Por más que aparente lo contrario.

Hace unos días, llegó a mí la siguiente cita de Theodore Zeldin:

La verdadera conversación prende fuego. Se trata de algo más que emitir y recibir información. (…) En la conversación no se trata sólo de conseguir información o compartir emociones, ni es únicamente una manera de meter ideas en la cabeza de los demás. (…) La conversación es un encuentro de mentes con recuerdos y costumbres diferentes. Cuando las mentes se encuentran, no sólo intercambian hechos: se transforman, se remodelan, extraen de ellas implicaciones diferentes y emprenden nuevas sendas del pensamiento. La conversación no sólo vuelve a mezclar las cartas, sino que crea cartas nuevas”.

En Y si me duele?: “El hombre capaz de gozar agudamente es capaz de sufrir en el mismo grado. El que sólo es capaz de escaso dolor, tampoco puede gozar más que de escaso placer” (Kybalion)…. Hoy puedo afirmar que cuanto mayor sea la pasión, el amor, la ilusión, la entrega que pongamos en ello, mayor será el dolor y que si, que claro que dolerá y que si no duele, me atrevo a decir que no era verdad, era más de lo mismo, un poquito más de solo soñar, quizás un avanzar lento pero no seguro. Un solo asomar la nariz a ver a qué huele aquí. La apuesta de verdad exige aceptar la posibilidad de sufrir y sufrir no es malo, “sufriendo” se crece, los huesos duelen, los músculos se estiran y nos dan calambres, los estirones dan fiebre. En la edad madura el crecimiento también duele, incluso mucho más. Duele porque supone enfrentarnos a lo desconocido, supone la incertidumbre de entregarse desconociendo el resultado. Son pocos los que inician el viaje porque es muy inquietante, supone romper viejos esquemas, entrar en el caos y no retroceder, avanzar en el experimento de la vida, avanzar por uno mismo, por el propio proceso, confiando en que el resultado será excepcional….Hasta hace poco creí que el cambio se producía cuando el dolor supera al miedo, y es en parte cierto. Hoy siento que no es sólo eso, no es sólo que el dolor supere al miedo. El cambio profundo se produce cuando el amor supera al dolor y al miedo. Cuando conscientemente elegimos ese camino, aceptamos el dolor, aceptamos el miedo, miramos a la vida y le decimos, vale juego, juego porque siento tu brisa, siento tu calor, siento tu guiño, tus brazos rodeándome y, aunque tengo miedo, aunque el dolor es insoportable, a pesar de todo eso, acepto tu reto. Aunque me deje molida, aunque me deje temporalmente desorientada…juego porque me amo, porque veo tu intención, porque ya no desconfío, ya no me enfado contigo, ya no me siento sola, porque sé que ahora toca…Y si un proceso de transformación siempre es precioso, siempre conmueve, el que resulta del amor a uno mismo, de la aceptación, del entrar consciente en el proceso, del reconocerse los recursos para hacerlo…es exponencialmente más hermoso!…. Te dolerá y recuerda que lo hará de manera proporcional a la intensidad de tu amor, de tu ilusión, de tu pasión… en una proporción de dos a uno, ganando el amor por su masa de mayor intensidad!

Y estas son mis perlas, luego ya sabéis, hay canciones, poemas, reflexiones, algún cuento, temas sobre las Organizaciones que no difieren mucho de estos y que os invito a visitar si así sentís.

Al final se trata de cada uno descubrir la manera de su fluir, de honrar la vida, sus valores, de compartir, de pedir ayuda, de no temer, de confiar, de atreverse, amar y amarse, hacerse añicos hasta romperse y  recomponerse. Se trata de VIVIR.

Os dejo con una de mis canciones preferidas, La maza de Silvio Rodriguez, versionada por Niña Pastori

Si no creyera en lo mas duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro.
Si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida.

Se os quiere!!!, mil gracias por acompañarme y veamos que el nuevo capítulo nos trae.

Photo Credit: Pixabay

Antonia Arévalo, Life&Executive coach