lo que nadie me puede quitar

luneta de mar2Desde buena mañana, nada más llegar nos colocaron una bolsita colgando del cuello. Una bolsita de seda semitransparente color dorado, con unos lazos de cierre en raso que cosquillearon mi cuello con una suave caricia. Iniciamos un circuito que simulaba nuestro paso por la vida, a cada vivencia “negativa” le correspondía una piedrecita para la bolsita y ahí andaba yo en el recorrido de mi vida con la bolsa colgada del cuello, sintiendo su caricia y el roce de las piedras componiendo su música de fondo. Al final, en un precioso ritual de renovación debíamos desprendernos de nuestra bolsita y dejarla dentro de un tiesto en el que plantaríamos unas semillas, dando lugar a una nueva y renovada vida, desprendiéndose de aquello que nos pesaba, dejando paso a la fluidez, a la liviandad, dejando espacio a que pudiera crecer algo nuevo. Lo cierto es que el simbolismo del ritual era impactante. Cuando me tocó el turno a mi, me acerqué al tiesto, descolgué la bolsita de mi cuello… y me quedé plantada delante de aquel tiesto, sin poder hacer nada durante unos segundos, silencio, silencio intenso. En esos segundos me dí cuenta de que aquella bolsita me había estado acompañando todo el día, acariciándome la nuca, tocando su música para mi. Me dí cuenta de que lo que había en aquella bolsita no eran sólo piedrecitas, era mi vida. No eran sólo dolor, eran mis experiencias, mi vivencias, era yo… supe que no quería desprenderme de ella, sentí en mi entrañas que algo muy mío se desgarraba… Quien sería yo sin esas experiencias previas? Duras, difíciles, dolorosas, algunas muy tristes…pero de todas un aprendizaje, de todas una mejor parte, con todas una mejor preparación para continuar el viaje. Colgué de nuevo la bolsita de mi cuello, sentí de nuevo su caricia y su golpeteo contra mi pecho, al ritmo de mi corazón y me volví a mi sitio. Hoy tengo esas piedras simbólicas, con muchas otras que vinieron después, en un centro de cristal entre arena del desierto del Wadi Rum, cada mañana cuando me levanto y me lavo la cara están allí, no quiero olvidarme de quien soy, de cada piedra, de cada desierto y de cada amanecer.

Quienes somos? En estos tiempos revueltos son muchos los que he encontrado desidentificados, sintiendo que se les ha robado lo que son porque se confundieron con su rol, con su rol en el trabajo, con su rol en las relaciones, con su rol adjudicado. No somos ingenieros, ni financieros, ni de recursos humanos, ni directores, ni administrativos, ni maridos, ni esposas, ni pareja de, ni deportistas, comerciales, propietarios… no somos nada de eso, eso es sólo tener. En un momento la vida nos lo arrebata y creemos que ya no nos queda nada, habíamos confundido el estar siendo con el ser y entonces nos perdemos y nos instalamos en lo que fuimos y buscamos en lo que tuvimos, perdidos en el laberinto de la mentira, sin saber contestar al ahora qué? Porque no sabemos donde buscar, sin saber conquistar al presente porque sólo sabemos mirar hacia atrás. Echando la culpa al pasado, a lo que hice, a lo que dejé de hacer, a lo que pasó, a lo que dejó de pasar, a la mala suerte, a aquella muerte, a aquella enfermedad, a aquel que no me quiso, a aquella que me quiso mal, a los tengos con los que cargué, a que no pude estudiar, a la educación que recibí, al control de… a… y en realidad el atasco está en el presente, es del presente, es del hoy, del no quererse, del esconderse detrás de la mala suerte, del aferrarse a lo que ya ha pasado, del no respetarse lo suficiente, del no darse cuenta de los recursos propios, de los aprendizajes acumulados, del cómo he llegado hasta aquí.

Esta semana un amigo me contestó “… ahora qué? Pues ahora a centrarse en el presente, a seguir aprendiendo, estando atento, disfrutando de lo que tengo y ver”. No había pizca de nostalgia, no había sombra de resentimiento, ese hombre sabía quien era, sabía lo que había sido y tenía esperanza e ilusión por un futuro desde su plena presencia.

Somos personas, somos esencia, somos nuestros valores, nuestras creencias, nuestras experiencias, somos lo que hemos vivido, lo que hemos aprendido y con eso contamos para seguir el camino, para los nuevos roles que nos estén esperando en las siguientes estaciones y eso, eso, no nos lo roba nadie, se queda en nuestras entrañas, impregna nuestro ser, con eso contamos, ese es nuestro único y gran Patrimonio, el de verdad, el que nadie nos puede quitar, el que nosotros debemos cuidar. A veces necesitamos una manita de pintura, rascar alguna pared, un poquitito de yeso aquí, quizás abrir alguna ventana, cambiar una tubería atascada… pero los cimientos, esos son nuestros y sobre ellos seguiremos construyendo, sobre ellos somos capaces de desempeñar nuevos roles, sobre ellos somos capaces de reinventarnos, de seguir adelante.

Para seguir es necesario despedirse del dolor causado, hacer el duelo de cada piedra, para que marche el dolor y se quede la experiencia. No te repudies, remírate, reconoce tus méritos, tus heroicidades, aquello de lo que fuiste capaz, lo que has crecido desde aquella primera vez, mírate al espejo, mírate, sonríete, siente el golpeteo en tu pecho y no empieces de nuevo, porque no es un empezar, es un continuar siendo sobre lo que eres ya.

Un abrazo!!

30 pensamientos en “lo que nadie me puede quitar”

  1. Muy de acuerdo Antonia. Existe una tendencia, preocupante desde mi punto de vista, a quitarnos de encima todo lo que nos molesta y nos duele. No existe la felicidad absoluta ni completa, porque entre otras cosas no seríamos capaces de identificarla si no fuese por esos momentos amargos y duros que forman parte de nuestra vida.
    Reivindico TODAS mis experiencias porque me han ayudado a ser quien soy y a llegar hasta dónde he llegado. Sería muy injusto por mi parte no darle el reconocimiento que se merece a aquellas situaciones que me han ayudado a crecer.
    Felicidades por el post.

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  2. Hola Antonia!! MI Capitán y yo te damos las gracias por estar ahí, si ahí, alentándonos a seguir adelante.

    Un abrazo.

    Feliz domingo!!

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  3. Gracias por la enseñanza. Para mi es aceptarse uno mismo con errores y aciertos y querer mucho a quien vemos cada mañana en el espejo, con las legañas y el pelo alborotado.
    Muchas gracias
    Un abrazo
    Jesús Mari

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  4. Wow! Gracias por compartirlo, que dicha poder leerlo. Estoy de acuerdo con lo que mencionas, a veces las ansias por un futuro impiden disfrutar el presente y la vida es eso, el presente.

    En mi caso varias de mis piedritas pertenecen a mi país: Venezuela, del que tuve que salir y dejar a mis seres queridos ahí. Aun no me quiero quitar la bolsita del cuello!

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  5. Gracias por tu aportación, lo siento igual.
    Gracias a las piedras, pequeñas o grandes que nos encontramos en el camino aprendemos saltar para seguir el camino.

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  6. Gracias Antonia por tu reflexión. De cada experiencia se aprende, cada vivencia nos va conformando. Me ha parecido, al principio, buena idea desprenderse de las piedras, pero todavía mejor si las conservas y puedes empezar ya a observarlas sin afectación ni dependencia, con optimismo y felicidad:)

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  7. Hola Antonia,
    Muchas gracias por compartir este bonito post. Muy cierto que la persona es esencia, mucho más que lo que ocurre circunstancialmente.
    Saludos

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  8. Gracias por este post, me ha encantado me he sentido identificada en el y ahora qué?
    Una se encasilla y no sabe si debe renovarse o reinventarse, son palabras que resuenan en todos los foros, pero es simple, solo continuar.
    Pienso sonreirme más ante el espejo¡
    De nuevo muchas gracias por ser tan inspirador¡

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