Vivir desde el miedo

defend-444565_1280-2Vivir desde el miedo o vivir desde el amor? Esta no es una cuestión banal, es un posicionamiento ante la vida, es una actitud, es una elección y, en función de la elección, será nuestro vivir.

No seré yo quien se oponga al miedo, a ese miedo que nos protege, que nos pone de manifiesto los peligros externos, las carencias internas que tenemos para afrontar nuevos retos, que nos señala las áreas de supervivencia y crecimiento, el que nos dice que al final saldrá bien y si no…es que no es el final  . Ya lo dije, a ese miedo yo lo quiero a mi lado.

Me pongo a escribir estas líneas pensando en ese otro “miedo” desde el que vivimos, en ese vivir temeroso en el que por siglos nos han educado, en ese ver amenazas por todos lados, en ese desequilibrio de la balanza que ya nada tiene que ver ni con saboteadores, ni con salir o no de la zona de confort, sino con algo más profundo, más inherente, con un marco heredado, con automatismos programados, automatismos que además tenemos la “suerte” de constatar cada día, porque cada día recibimos su saludo en forma de actos de violencia contra las personas. Violencia, física, violencia verbal, violencia infantil, violencia de género, estafas, fraudes, actos de vandalismo, abusos de poder… Realidades contadas que hacen más temerosos a los que ya lo eran, que vuelven temerosos a los que lo eran menos.

Y no nos damos cuenta de que vivir desde ese miedo aprendido, es vivir con temor, con inseguridades, desde un sentimiento de carencia, de desconfianza, de amenaza, de ignorancia, de castración… Que anestesia nuestra esencia, que despierta una necesidad de control, que nos hace ser recelosos y exageradamente precavidos. Sentimos la necesidad de controlar la situación, como si las situaciones fueran controlables por nuestra parte. Nos investimos de un poder del que no disponemos y nos pasamos la vida urdiendo, maquinando medidas de contención, medidas preventivas, pensando en los “por sis”, escaneando el “campo”, construyendo cámaras de aislamiento con suficiente espacio para nosotros y para “los nuestros”. Nos contamos la historia de que eso es lo correcto, de que así estamos atendiendo a nuestras responsabilidades con “la diligencia de un buen padre de familia para prevenir el daño”, sin tener en cuenta la negligencia en la que incurrimos, la negligencia de no considerarnos completos, de no considerar al otro en la plenitud que le corresponde, la negligencia de impedir el crecimiento, de privar de posibilidades, de sobreproteger, de queriendo evitar estar sucediendo, de no vivir ni dejar vivir.

Y así viviendo desde el miedo somos capaces de justificar nuestros propios actos de vandalismo. Y eso que nos es muy fácil apreciar en los casos extremos, eso que lo vemos en los demás, eso lo hacemos todos aunque no lo veamos. Lo hacemos con el miedo al error, no dejando espacio de aprendizaje. Lo hacemos con el miedo a la pérdida no dejando espacio al crecimiento. Lo hacemos con el miedo al dolor, no dejando espacio a la experimentación. Con el miedo al abandono, no dejando espacio al descubrimiento. Con el miedo a la soledad no dejando espacio a la libertad, con el miedo a la culpa no dejando espacio a la responsabilidad, con el miedo al juicio no dejando espacio a la opinión.. ∞. Se lo hacemos a nuestros hijos, a nuestros equipos, a nuestras parejas, a nuestros alumnos, amigos, conocidos y desconocidos:

… dónde estás? Qué haces? Cuando vienes? Qué hacías conectado? Por qué no vienes ya? Con quien estas? Por qué no me contestaste? Por qué no me has llamado? Por qué se lo has contado? Por qué no me los has contado? Por qué no me has informado? Por qué lo vas a hacer? Por qué se lo vas a dar? Por qué le has mirado? Mejor no hagas esto, ya lo hago yo, no vengas tarde, no te pongas eso, no lo cuentes, no lo digas, no le hables, con eso ten cuidado, con ese ten cuidado, ese no me gusta, eso no me gusta, no ∞… Expresiones inofensivas, depende de la dosis al día…

Y poco a poco desde ese vivir temeroso, ahuyentamos lo bueno que tenemos, cerramos la puerta a lo bueno que, de todas formas, ya no vendrá porque no lo vemos. Y nos rodeamos de error, pérdida, dolor, abandono, soledad, culpa, juicio.

Cómo sería vivir desde el amor, la confianza, la generosidad? Cómo sería dejar espacio al aprendizaje, el crecimiento, la experimentación, el descubrimiento, la libertad, la responsabilidad, la opinión?

Un abrazo!

“El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”             (Aldoux Huxley)

 

 

Photo credit: Pixabay- defender

 

10 pensamientos en “Vivir desde el miedo”

  1. Hola Mayeutika, sabes yo hace un año y algo viví desde el miedo… creo que aun vivo de él a veces, pero ya en este tiempo el único miedo que tengo que me interesa este momento es el amor.
    Tu sabes que el amor muchas veces te deja duros golpes que a uno, les cuesta levantarse (aunque no es el amor en si, si no la persona con la que uno esta).
    Ahora más tranquilo, me gusta una joven que lamentablemente por medio no se escapa del amor(?) si es que me explico bien…
    Bueno de cualquier forma, uno no puede vivir de miedos, es solo inseguridad, es algo que nos cosquillea en el pensamiento y/o a veces en el alma.
    Saludos!

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  2. Gracias, el consejo es excelente, miedo del bueno si, del malo no. Yo ahora tengo miedo, tras 15 años en un sitio, se acaba, no por voluntad propia, he encontrado con trabajo y humildad otro hueco en lo laboral donde voy con toda la ilusión, el conseguirlo me llena de alegría,ánimo, autoestima y en ver luz donde no la veía. Ahora tengo miedo de no estar a la altura en esos nuevos retos, de fracasar en lo nuevo, pero sabes hay que ir con ilusión y desde el minuto 1 salir a ganar, luego ya iremos manejando el partido.
    Y para mi el leerte es siempre una buena herramienta a usar cada día.
    Saludos
    Jesús Mari

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  3. Me ha encantado Antonia. Yo creo que no hay nada que nos haga más vulnerables que el amor, pero también creo que no hay nada más triste que escapar del amor y cerrarle la puerta por el miedo que provoca esa vulnerabilidad. Es paradójico, pero yo alguna vez me he encontrado con personas que se cierran en banda y se niegan a que el amor entre en su vida únicamente por el miedo a perderlo luego, prefieren renunciar a él desde el principio. Y esta reacción es extrapolable a más ámbitos de la vida. Un saludo.

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    1. El amor es un milagro (abstenerse escépticos) | mayeutika, llegar a ser lo que somos
      Buenos días Eva! Estoy contigo, el amor conlleva vulnerabilidad, en realudad pienso que la para vivir la vida plenamente debemos ser vulnerables, permeables a sus luces y a sus sombras, sacar las protecciones!! Y no siempre estamos preparados para superar esa primera sensación de vértigo. Te dejo link al post del amor por si no lo has leido. Un abrazo muy fuerte y mil gracias!!

      https://mayeutika.es/2015/01/16/el-amor-es-un-milagro-abstenerse-escepticos/

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  4. El miedo puede acabar con el amor, con el dolor (algo que debe existir, aunque sea en pequeñas dosis) y con la mejor versión de cada uno de nosotros. Me ha gustado mucho Antonia!!!

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