Expectativas

dandelionsVivimos expectantes, en la expectativa y a la expectativa.

No es un juego de palabras, si te observas, te pillarás en ello.

Vivimos esperando con curiosidad y tensión un acontecimiento que para nosotros es más o menos importante; manteniendo la posibilidad de que suceda, a la espera de que suceda, con la convicción de que pasará, porque en realidad no vivimos las expectativas como una posibilidad, sino como algo a lo que tuviéramos derecho, algo que ya hemos visto, que ya hemos mirado (exspectātum), que a lo sumo sólo está por llegar.

Es muy curioso como funcionamos, hay cosas que damos por sentado, de las que ni si quiera esperamos porque, desde nuestro más profundo inconsciente, las damos por descontado. Estas forman parte de nuestras rutinas cotidianas, se integran en nuestra mirada como el paisaje, sin darnos cuenta de que al igual que el paisaje también cambian, sin prestarles atención ni importancia y sin embargo tienen el mismo efecto que el aire que respiramos…nos dan vida. Damos por sentado que al levantarnos nos darán los buenos días, que estará preparado el zumo de naranja, las toallas limpias; que estarán cuando lleguemos a casa, que cenaremos juntos, que nos felicitarán por nuestro cumpleaños, que nos mostrarán su sonrisa, nos darán su abrazo, que pasará la primavera y llegará el verano. Lo damos por sentado porque así ha sido desde… ni recuerdas…

Hay otras cosas que las damos por descontado aunque desde la consciencia de que así lo esperamos. Estas forman parte de nuestras creencias, de nuestros valores y de cómo nosotros actuamos. Esperamos de nuestro entorno más intimo que nos entienda, nos escuche, nos recoja, nos adivine, incluso nos sorprenda; esperamos que nuestros amigos siempre estén, esperamos que nuestros hijos sean de determinada manera, esperamos obtener una respuesta cuando la necesitamos, ese reconocimiento, esa llamada, ese mensaje, ese detalle…

Otras las esperamos desde la consciencia de saber que aún no han llegado, en la absoluta creencia de que serán o con altas posibilidades de que sean porque sentimos que nos las hemos ganado. Y a la expectativa de que sucedan… suspendemos nuestras vidas, posponemos decisiones, alargamos situaciones, condicionamos el presente, comprometemos nuestro fluir, nos anticipamos. Esperamos esa promoción, esa declaración, esa oportunidad, esa relación…

Hay expectativas que no son tales sino fantasías, alucinaciones, delirios… tan reales como los espejismos del desierto, cosas imposibles a los ojos de los otros, reales a los nuestros.

Y por último están las expectativas que de nosotros tienen, porque esto no va de uno solo, sino del uno con el otro, formando entre todos una perfecta maraña de deseos no expresados porque los damos por sentado, los hemos descontado.

Vivimos expectantes, en la expectativa y a la expectativa y… a veces se cumplen y a veces no, Siendo la causa de grandes realizaciones y profundas decepciones.

Y hay quien nos habla de la gestión de las expectativas, como si las expectativas pudieran gestionarse, confundiendo, a mi modo de ver, expectativas con compromisos, expectativa con exigencia. Y hay quien nos recomienda, desprenderse del deseo, “Deseo poco y de lo poco que deseo, deseo poco” (San Francisco de Asís) como si la solución al desasosiego fuera no sentir, como si no desear no implicara no vivir, como si no hiciera desaparecer mi latir. Y También quien nos habla de realismo y pragmatismo, olvidando que las expectativas pertenecen al mundo de lo que no se puede tocar, sólo intuir, al mundo de lo que nos hace volar. Y luego está aquello de que la esperanza es lo último que se pierde y que el que espera se desespera.Y que son las expectativas sino la esperanza de que algo sea como imaginamos, como deseamos? Y quien tiene la templanza para no inquietarse ante su incertidumbre? O para no desesperarse ante su tardanza o su no llegada?

Mis expectativas son la expresión de lo que yo deseo, forman parte de mi y lo único que me pido es ser consciente de ellas, no darlas por sentadas y mucho menos por descontadas, darles presencia, darles palabra, darles acción, huir de la exigencia, sin comprometer mi fluir. Vivirlas, quererlas, promoverlas, tanto cuando me proporcionan satisfacción y realización como cuando me traen desasosiego y dolor porque siempre, siempre, me acercan a mi mejor versión.

Y respecto a las que sobre mi tu tengas, sólo puedo decirte que no te detengas que yo haré…lo que pueda!

Vivo expectante, en la expectativa y a la expectativa.

Un abrazo!

Photo credit: Morgefile Dandelions

4 pensamientos en “Expectativas”

  1. Gracias, las expectativas, la intuición, mezclas que al final componen en parte el sentido de la vida. Hay que tener en cuenta muchas veces también lo que nos dice el corazón y si se puede, no siempre es posible seguir ese camino. En otras ocasiones la cabeza nos mandará más en ese camino con expectativas, ilusiones, decepciones… todo cabe ya que la vida es todo ese conjunto de cosas.
    Un saludo. En el camino construyendo expectativas positivas.
    Jesús Mari

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