Y… si empezáramos confiando?

caballosEl viernes pasado tuve el privilegio de participar en una sesión de coaching con caballos, no era la primera vez, ya hace unos años, cuando a penas se hablaba de ello, tuve la oportunidad de participar en una demo que me impactó gratamente. Pero este viernes, fue una experiencia mucho mas intensa, lo de este viernes fue un regalo de la vida, una de esas experiencias regeneradoras, revitalizantes, fue un susurro de la vida, una reconexión con la naturaleza, una comunión con Barita, mi yegua, porque aunque no sea mia, ya es como si lo fuera, la una de la otra, la otra de la una. Me disculparás Job esa licencia, es como lo siento, es como lo sentí.

No quisiera hacer aquí una descripción de lo que es un coaching con caballos, para eso ya están los expertos, entre los que no me encuentro. Quisiera compartir la experiencia de lo allí vivido. Dicen que el caballo lo que hace es de espejo, te devuelve información sobre tus habilidades, competencias, sobre tu estado de ánimo. Si no te ven sereno, determinante a la vez que emocionalmente cercano, no te siguen. Quizás logres hacer el circuito, pero seguro que con muchas dificultades, querrán ir en la dirección contraria que les propones, se pararán a comer, te desafiarán alzando la cabeza… y os digo que para los que no montamos, estar al lado de un caballo…impone.

Llegué dispuesta a confiar, a no tener miedo, a demostrarme hasta donde podía confiar, a sacar a la pista la mejor versión disponible de mi misma. A no asustarme por la dimensión de Barita, ni por la dificultad de la pista, ni por si me miran o me analizan, ni por si estaré a la altura, podré, sabré, saldrá, ni por el feedback que me pudieran dar. Salí dispuesta a dar lo mejor y a llevarme lo mejor de la experiencia y os aseguro que nunca imaginé llevarme lo que me llevé. Desde el primer momento Barita, curiosa, se acercó a olisquearme, yo ni medio paso para atrás, la acaricié, nos miramos a los ojos y le dí un abrazo, tomé la cuerda, empecé a caminar y, Barita primero detrás empujándome con su morro, después al lado, paseando juntas como si fuéramos una, la cuerda floja, los pasos acompasados, la mirada en la misma dirección. Juntas entramos en un canal de energía natural, cual avatar con su Zuko dos en uno! Hubo instantes en la pista de total complicidad, cuello contra cuello, piel sobre piel, paso a paso, no era necesario mirar si Barita cumplía porque ya sabia que lo iba a hacer, ni media duda, ni media sombra, más que conectar con su palpitar, con su pulsión de vida. Fue una experiencia de conexión total! Hasta el punto de que voluntariamente, se nos unió Nerviosa!! la yegua marrón.

Ayer reflexionando sobre la experiencia me preguntaba a mi misma y…Por qué no haces siempre así? Por qué no actúas siempre desde la confianza de que saldrá bien? Sin miedos, sin dudas, sin sombras, sin juicio, precauciones absurdas. Qué es lo que hace que nos limitemos antes de salir a pista? Comentando esta reflexión con unos amigos, surgió la figura del crítico, lo que en coaching llamamos saboteadores, esos que se dedican a llamar nuestra atención sobre millones de precauciones, millones de cosas, de detalles a controlar. Esos que se dedican a señalarnos lo que nos falta, lo que hacemos mal. Esos que se dedican a decirnos lo pequeñitos que somos, que afuera hace frío, que hay peligros inimaginables. Esos que quieren convencernos de que ya estamos bien como estamos, que no nos hace falta más, que si arriesgamos perderemos. Esos que viven aquí adentro, cerca muy cerquita del corazón para tenerlo monitorizado, paralizado, anulado, dejándolo lo justito para que pueda bombear. No necesitamos a nadie que critique, tenemos nuestro crítico particular, en exclusiva, sólo para nosotros!!

Una pena grande, no os parece? Nuestra mejor versión surge cuando confiamos, cuando desde el amor nos permitimos fallar para aprender, probar para avanzar, experimentar para conocer, curiosear para descubrir; cuando desde el amor nos damos cuenta de que no existe la crítica sino la posibilidad, no existe el juicio sino la perspectiva, no existe la realidad sino la diversidad, ni buenos ni malos, ni acertados ni equivocados.

Y si entramos en pista confiando? O prefieres quedarte como dice el bolero pensando?

“Estas perdiendo el tiempo pensando, pensando, por lo que más tu quieras…hasta cuando, hasta cuando.. y tu contestando… quizás, quizás, quizás…”

Mil gracias a Barita por esta lección de vida!! Un abrazo!

4 comentarios en “Y… si empezáramos confiando?”

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