Para qué tantas vueltas?

roundabout-429453_1280Ya sabéis, a estas alturas, que me encantan las conversaciones, en general casi todas, en especial las buenas. Con un buen café, una infusión, alrededor de la mesa, con una copa de vino o un gin tonic de esos que ahora están tan de moda (definitivamente tendré que aprender a prepararlos), paseando por la playa, al arropo de las estrellas.

A veces las buenas conversaciones se dan en los lugares más sorprendentes. En el tocador del baño, esperando el turno en la frutería, en la cola de embarque, entre dos paradas de metro o mientras te cosen un bajo del pantalón.

Son esas microconversaciones, micro por cortas que no por intensas. Esas entre desconocidos o casi, ésas que duran nada pero penetran. A veces pienso que es la Vida que se las apaña para hacernos llegar sus mensajes.

En una de ésas me vi yo la semana pasada, no me preguntéis en qué circunstancias porque hay cosas que sí o sí hay que guardar en la intimidad. Sólo os diré que la “conversante” llevaba una bata blanca. Y no me preguntéis cómo pero surgió el tema de los procesos de coaching. Bata blanca me explicaba que hacía ya unos años hizo un proceso, que realmente en aquel momento de su vida le fue fenomenal, pero que, como todo, llegó a su fin y el coach “le dio el alta” (argot del mundo de la medicina, nada que ver con el coaching). El coach le dijo que realmente él ya no podía hacer nada más por ella y que además estaba pasando por un mal momento. Bata blanca estaba impresionada y he aquí la mejor parte de la conversación: “Antonia, me quedé perpleja, realmente yo estaba fenomenal, lo que me impresionó es cómo alguien a quien yo consideraba de vuelta, un referente, experimentado, sereno…también tuviera sus momentos. Cómo es posible? Para qué entonces tantas vueltas? Si al final se vuelve a caer?”

Allí siguió ella con su reconocimiento y yo con su pregunta Para qué? Para qué si volvemos a tropezar?

Ya en la puerta de la consulta, le dije: “Bata blanca, no volvemos a tropezar, sí tropezamos de nuevo pero ya no más en el mismo lugar y sí caemos, claro que caemos, pero  de más alto y ya no tan hondo y, sin duda nos levantamos más rápido o seguimos el camino como podemos, porque sobre todo en él confiamos, de él nos hemos enamorado. En el recorrido de ser nuestra mejor versión, nos sentimos felices, nos sentimos plenos” Y sin más, nos despedimos hasta el siguiente año.

Mientras iba hacia casa recordé una reflexión de Mihaly Csikszentmihalyi (reconocido investigador de la psicología positiva, si no habéis leído su libro Flow, os lo recomiendo!) “La felicidad no es algo que sucede. No es el resultado de la buena suerte o el azar…No parece depender de acontecimientos externos, sino de cómo los interpretamos…Las personas que saben controlar su experiencia interna, son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices”

Recuerdo que Mihaly desarrollaba el concepto de experiencia óptima definiéndola como algo que hacemos que suceda.

Desde mi experiencia ese es el secreto, cuando tomamos las riendas, cuando somos los guionistas de la historia, cuando nos reservamos el papel de protagonistas. Cuando nos adelantamos, cuando no esperamos aletargados a ver que nos trae la vida, a ver si se pasa, a ver qué hacen ellos, a ver si lo dice, a ver si lo siente, a ver si lo entiende, a ver si lo entiendo, a ver si viene, a ver si se va.

Pero ay queridos! ser protagonistas no es gratuito. Ser protagonista implica primero conocerse, conocerse adentro, desprenderse de lo aparente, ser valiente, mirar de cara a los miedos, agarrarse a lo nuestro más auténtico, ser egoísta, ir contracorriente, no conformarse con lo establecido, escuchar al corazón, alinear con la razón, bajar las aguas bravas. Implica amarse incondicionalmente. Y como leía esta mañana en un precioso post de @merceroura (Vivir dos veces), aguantar las miradas de quienes no se atreven. Ser protagonista requiere de una pizca de locura, locura por la Vida.

Y es entonces que no nos importa caer, porque no es caída, no nos importa el mal karma, porque no es mal karma, es camino. No nos importa despeinarnos, porque nuestro pelo siempre hondea al viento, ni las magulladuras porque cicatrizan a besos. Abrazamos los desaires y los miedos propios y ajenos.

Para qué Bata blanca? Para dibujar el contenido de nuestra propia vida.

Os dejo con Green day y su Good Riddance  “it’s something unpredictable but in the end is right, I hope you had the time of your life !” (Es algo impredecible, pero que al final está bien. espero que hayas tenido el momento de tu vida) Gracias Marc por descubrirme esta canción!

Abrazos!

Photo credit: peonza pixabay

4 comentarios en “Para qué tantas vueltas?”

  1. Conocerse, bajar el ego, modificar algunas creencias, confianza, aceptación y acción. Tan fácil y tan difícil. Trabajo de por vida que a unos les cuesta más que a otros. Gracias por la magnífica reflexión.

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