La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra

REFUGIADOS1El día ya se iba apagando, los últimos retazos de sol desaparecían por detrás de los edificios y la humedad de la noche se notaba ya en el ambiente. Me dirigía a paso rápido hacia el boulevard, con un poco de suerte el “paki” todavía estaría abierto y podría comprar algo para cenar, a malas, fideos chinos instantáneos. El sentimiento de descontrol se estaba apoderando de mi, realmente, no podía seguir así, empezaba a ser prioritario poner orden en mi vida, corriendo a todas partes, sin llegar a ninguna. No era la única en esta ciudad de locura, eso lejos de reconfortarme,  me generaba un punto de amargura, me daba la impresión de que pocos eran los que se planteaban si esto realmente es vida.
Al fondo las luces del “paki”, un aroma a cena caliente invadía mi paladar y mi estómago…
Qué es ese bulto que se mueve en la esquina? Nunca me habían asaltado todavía, pensé que eran leyendas de la ciudad, pero en ese momento la alarma de peligro asaltó todos mis sentidos. Algo se movía allí en la oscuridad, algo grande, no parecía un animal. Me debatía entre salir corriendo por donde había venido o continuar hasta el “paki”, mi estomago no entendía de esos peligros. Decidí avanzar un poco más, no se porqué, mi instinto contenía la alerta de peligro.
Conforme me acercaba, pude oír un respirar profundo, casi un ronquido. Debía ser un vagabundo de los muchos que “habitaban” aquella ciudad, la crisis se había resarcido especialmente allí. Pero… qué personaje más extraño… Tenía todo el torso, brazos y piernas cubiertos de un pelo grueso, barba larguísima, lo mismo el cabello y parecía arroparse con una piel de tigre? Una lanza en un costado, bien agarrada por su inmensa mano, a pesar de que parecía dormir. Iba descalzo, los pies se me antojaron enormes. Había restos de hoguera, olía a…carne a la leña? Sin duda mi apetito se estaba desbocando… Un olor familiar que no podía identificar me invadía, un olor de la infancia que resaltaba por encima de aquel otro olor rancio… Altamira! Olía como cuando nos colábamos en las cuevas de Altamira!!
Las luces del “paki” se apagaron… otra noche mal cenando…
Divisé más bultos al fondo del callejón, no podía ser… debían ser una veintena, parecía haber mujeres y niños también. No tenía miedo, era como un estar en casa extraño, como un estar en lo que un día fue mi hogar.
Buenas noches, no te conozco, no eres de por aquí, vistes extraño, dónde está tu manada? Andas sola? No sobrevivirás. De dónde vienes? A dónde te diriges? Nosotros somos nómadas nativos de las tierras del fuego del sur, nos dirigimos hacia el norte de estas tierras, parte se han quedado en los oasis de oriente, pero nosotros queremos seguir al norte, allí hacía demasiado calor, presiento que en el norte encontraremos abundancia de recursos para vivir un tiempo.
No daba crédito a lo que estaba escuchando, definitivamente me había vuelto loca.
Tienes mala cara, acércate al fuego, hace fresco y pareces hambrienta. Queda un poco de venado si te apetece, todavía no se ha enfriado.
Aquellos ojos oscuros me miraban con curiosidad y asombro o era el reflejo de mi mirada? Me señaló unas pieles en el suelo para que me sentara, mis ganas de saber me podían y esa sensación de no ser extraña…El resto dormía. No tuve que preguntar nada, él me leía.
Somos el origen del hombre moderno, nuestra misión es la diseminación, la Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra. Así desde el fuego del sur, nos dirigimos al hielo del norte de esta tierra que vosotros llamáis Europa. Sabemos que desde la lógica de la naturaleza los recursos son ilimitados y nos dirigimos allí donde sabemos que los encontramos. Vamos dejando nuestras semillas, nuestros rastros de historia como en Altamira, para que las generaciones futuras no olviden que La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra. Tierra y Hombre son una misma cosa, vivimos en conexión íntima con este planeta, su latir guía nuestro caminar. Nosotros no entendemos de fronteras, límites, gobiernos ni políticas, esas son cosas que en el desevolucionar y complicar del hombre, habéis inventado. Son términos de protección de un sistema artificial que alguien se inventará en un momento dado, cuando las fiebres del poder os invadan, cuando os olvidéis de la abundancia de la Tierra. Esto para ti ya es pasado, un pasado que te marca, que limita tus pasos. A nosotros no hay nada que nos limite más que la voluntad de seguir avanzando en esta nuestra Tierra. Sabemos que es grande, generosa y que nos acoge y provee. Ya algunos de los nuestros se han establecido en ellas, pero sin cercas, la Tierra no se limita, limitar la Tierra es limitar al Hombre. Cercar la Tierra es atar al Hombre. Tierra y Hombre alcanzan su máximo esplendor cuando están en comunión.
Yo no podía articular palabra, realmente esperaba que el despertador sonara en cualquier momento. El tomó de su cuello un colgante con un colmillo no sabría decir de qué y lo colgó del mío. Desde la profundidad de sus ojos miró a los míos en un gesto agradecido, en un gesto de amor que nunca antes había sentido. Era el momento de la despedida, sin palabras, sólo miradas cruzadas, no hacía falta nada más.
Mientras caminaba hacia “mi casa”, recorriendo una ciudad dormida, no dejaba de repetirme sus palabras, “La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra”. A la vez, las imágenes de los refugiados sirios se grababan en mis ojos, almas que huyen de la violencia de una guerra sangrienta, larga y cruel. Almas que huyen de una muerte segura a una posibilidad de Vida, por rutas cada vez más peligrosas porque se levantan muros, vallas, verjas que limitan su paso. Hombres expulsados de una Tierra, Hombres impedidos de una Tierra. Hombres abocados a una muerte, Tierra de muros, Tierra de sistemas. Hombres que sienten amenazado su sustento, levantan muros y olvidan que en la Tierra, desde la lógica de la naturaleza, los recursos son ilimitados.
Cojo el colmillo entre mis manos y me siento triste, me siento impotente, vacía. Me pregunto cómo hemos podido separarnos tanto y no encuentro respuesta, más que estas cuatro letras por si nos ayudan a tomar conciencia.
La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra. Y no podemos Ser el uno sin el otro. Y no deberíamos olvidarlo.
Un abrazo!

Photo credit: Refugiados- Hoyvenezuela

5 pensamientos en “La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra”

  1. Hola Antonia. Muy curioso relato… Realmente rompedor! Un encuentro que nos deja confusos… sintiendo todo el peso de las fronteras que nos hemos creado y el dolor de la separación con todo… con las personas, con la naturaleza, con el sentir… Gracias. Un abrazo y buenas noches en esta tierra nuestra

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s