Hay días…

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Hay días en los que da igual lo que la vida nos traiga… que no nos va a gustar, hay días en los que no somos capaces de descifrar su lenguaje, en los que no podemos escuchar su mensaje, no entendemos sus driblajes. Días en los que renunciaríamos a todo porque no entendemos ningún porqué, días en los que han desaparecido los paraqués, días en los que el vino sabe a amargo café, en los que no nos encontramos y sentimos que todo está al revés. Hay días…

Días soleados que los vivimos nublados; días en los que respiramos confusión, sobresalto, opacidad, conspiración…Días de pesadilla, de escandaloso sobresalto. Esos días en los que hubiera sido mejor quedarse en casa, días de sofá y manta. Hay días…

Días en los que le hablamos a la vida y le preguntamos que de qué va, días de echar balones fuera, días de despotricar. Confieso que a veces le he echado una bronca a la vida que ríete de los efectos del huracán. Días en los que flojea la valentía, se esfuma la confianza… Días en los que no hay ganas de luchar y sólo vemos lucha. Días en los que todo nos suena a teoría. Hay días…

Descubrí hace ya un tiempo que, en realidad, esos días no son diferentes, que los diferentes somos nosotros, que cuando no somos capaces de entender el lenguaje de la vida, de escuchar sus mensajes, de entender sus driblajes es porque estamos del revés, hemos cerrado los circuitos! Batería off, agotados, colapsados, arruinados, perdidos, desvalidos.

Descubrí que en esos días es más fácil enfadarse con el mundo que indagar profundo; buscar culpables que ser amable.

Descubrí que le daba la espalda al problema, que me daba la espalda, me descubrí haciéndome trampas, intentando sacudir mi malestar, sacármelo de encima, echárselo a los demás.

Me descubrí desperdiciando la vida y las oportunidades que da. Hay días…

Hoy ya sé que en esos días, a la primera que empezamos a no entender, estamos del revés, que hay que parar, hay que ser amable con uno mismo, entender que se nos acaban las pilas, que al igual que un niño con una rabieta, estamos a punto de reventar, que nos hemos saturado, que no hemos medido bien las fuerzas, que empezamos a fallar, que no nos hemos tenido en cuenta. Que por más que las cosas nos apasionen, hay que repostar. Hay días…

Hay días en los que la vida nos llama la atención, nos da un toque de consideración, nos da un aviso de que vamos equivocados, ella nunca abandona, nos da lo que necesitamos y, es en esos días, cuando más nos grita, no le queda otra que gritarnos fuerte y alto. Hay días…

No he aprendido a evitar esos días, por más que me empeño, por más atenta que esté, por más equilibrio que viva, por más que lo sé… todavía no he aprendido a ser realista con lo que puedo sostener y cuando no puedo… aparece uno de esos días…

Pero… Ahora los disfruto, sí los disfruto!! Son días en los que me puedo dejar caer, deslizarme lentamente por la emoción de fondo, dejarme descansar, empaparme de su calor, ponerme en remojo como un baño de espuma, aceite y sales. Son días en los que me permito estar con lo que hay, días en los que reconozco mis límites, mi vulnerabilidad, mi no poder. Son días en los que sé que estarán los demás, otros sostendrán, a mi me toca remojar. Son días de renovar de dejarse acunar, de no luchar, no luchar con la emocionalidad para poder seguir “luchando”, recorriendo, caminando, corriendo.

Hace poco estuve en un taller en el que hicimos una dinámica que me acabó de convencer. Con un metro de papel en la mano, nos hicieron recortarlo por la edad actual y por la que pensamos que moriremos y nos hicieron la reflexión de que en ese fragmento de vida está todo lo que podemos hacer. Yo, que soy optimista, fijé la edad en los 93, no me digáis porqué, es el número que me salió y… aún así sentí que me queda poco tiempo, poco tiempo para todo lo que quiero hacer, para todo lo que quiero saber, vivir, experimentar, amar, poco para descubrir, poco para llegar a Ser. Concluí que en ese poco tiempo no había cabida para perderlo, perderlo enfadada con la vida, enfadada con el mundo, tirando pelotas fuera, corriendo sin aliento. Que sabiendo estar con lo que hay, asumiendo nuestra responsabilidad, se gana tiempo, mucho y del bueno.

Y sí, no nos engañemos, seguiré agotando mis fuerzas en lo que me apasiona, en aquello que me hace vibrar y con quien me haga vibrar porque merece la pena, merece ese tiempo, pero ya no más habrá esos otros días… Serán días de baños de espuma, días de agradecimiento y generosidad, días de celebración porque me agoté haciendo lo que amo, me agoté dándome a la vida, me agoté contigo, me agoté siendo.

Un abrazo enorme!

Os dejo con Rozalen, “Hoy quiero bajar del mundo”

“Hoy quiero bajar, bajar de mundo ..
Hoy quiero explotar, reinventarme .. y bajar.
Atrapada en el centro de la espiral desteñida,
me quedaré dormida.
Mañana será otro día ..”

8 comentarios en “Hay días…”

  1. Poderosa reflexión con bonita escritura … da que pensar … me dare un baño de espuma y luego emprendere el camino de Pamplona a Barcelona, deslizandome por la gran autopista y el rio al lado. Pensare que es el de la vida, que discurre caudalosa al lado, que avanza, que se agota conmigo pero que yo no vivo. Un abrazo y gracias por tus letras y refelxiones de calado.

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