Compromiso… Qué compromiso?

love-1195987_960_720Y dale con que si la abuela fuma…
Soy una persona comprometida, ofrecemos nuestro compromiso, tienes mi compromiso…
Ya estamos a vueltas con el compromiso, como si fuera lo más preciado que podemos ofrecer, que seguramente lo es… pero… utilizamos esa palabra con tan diferente significado, tan diferente impacto, profundidad, intensidad y “compromiso”, que se me antoja complicado el entendimiento mutuo de lo que se está ofreciendo y recibiendo; de lo que se está poniendo en juego.
Se me antoja que no existe en realidad un concepto universal sobre qué es el compromiso, estar comprometido. Voy más allá, se me antoja tan subjetivo, que siento que existen tantas concepciones como personas en el mundo. Como si de lenguas extrañas se tratara, cada uno con su significado. Quien lo entiende como promesa, como responsabilidad, obligación, cadena perpetua, mera posibilidad o intención. Quien se dejaría matar por su cumplimiento y quien lo desdibuja como una niebla, como una nube de humo, como una tupida tela…tras la que esconderse, escabullirse, escurrirse…. Como en una gradación de colores que, siendo de la misma gama, nada tienen que ver el uno con el otro, aunque todo sean colores.


Y la definición de la RAE se me antoja de poca ayuda… Tanto puede ser promesa, como palabra, obligación, incluso un marrón! Sin entrar en las connotaciones legales o eclesiásticas que a ver quien las entiende… o comparte… o se atreve…
Del lat. compromissum.
1. m. Obligación contraída.
2. m. Palabra dada.
3. m. Dificultad, embarazo, empeño. Estoy en un compromiso.
4. m. Delegación que para proveer ciertos cargos eclesiásticos o civiles hacen los electores en uno o más de ellos a fin de que designen el que haya de ser nombrado.
5. m. Promesa de matrimonio.
6. m. Der. Convenio entre litigantes, por el cual someten su litigio a árbitros o amigables componedores.
7. m. Der. Escritura o instrumento en que las partes otorgan un compromiso

Algo que he observado común a la generalidad, es que todos construimos sobre él nuestra credibilidad, nuestra dignidad, nuestro honor y lealtad. Todos sacamos pecho y aseguramos que cumplimos nuestros compromisos, que además son sagrados, que estamos comprometidos, que somos gente con valores y palabra. Algunos lo hacen con la debida seriedad, otros…con auténtica teatralidad. Parece que cuando no tenemos nada más que añadir, que ofrecer, ofrecemos nuestro compromiso. Nos declaramos comprometidos como última defensa, en lo personal, en lo profesional… Como seña de identidad, como si fuera la palabra mágica que todo lo para, lo gana, lo salva.
Y yo no lo dudo… seguro que sí, pero cuál es la palabra que se cumple? Cuál es el compromiso? Compromiso con qué? Compromiso con quien? Compromiso para qué? Compromiso para cuando?
Yo lo siento, pero a mí al menos, ya no me vale con una mera declaración. Precisamente por las diferentes concepciones, necesitamos especificaciones, necesitamos el detalle del compromiso, de la promesa. Y ahí es cuando muchas veces el pulso tiembla, cuando le ponemos nombre y apellidos al compromiso, cuando nos enfrentamos a tener que especificar con qué estoy comprometido y en qué se traduce ese compromiso, cuando ya no es sólo una palabra, un concepto genérico indeterminado, cuando le tenemos que dar la forma y significado.
Es en ese momento en que podemos comprobarnos, en el que nos mojamos, en el que nos hacemos entendibles a nosotros y al otro, en el que nos destapamos, nos desnudamos y enseñamos la verdadera dimensión de lo que estamos hablando. Su verdadero impacto.
Y… sin embargo nos cuesta tanto… A veces nos cuesta porque supone mostrar sentimientos, emociones. A veces porque lo vivimos como un encorsetado, una obligación que quizás tememos no poder cumplir. Otras porque nos hace sentir vulnerables o por temor a defraudar. A veces por temor a su profundidad, por guardarnos margen de maniobra, por guardar una escapatoria, por sentir demasiado peso en la mochila o perder libertad… mil cosas. Causas todas ellas que derivan, a mi modo de ver, de un mal entendimiento de ese concepto indeterminado.
“Prometemos de acuerdo a nuestras esperanzas y actuamos de acuerdo a nuestros miedos.”-François de la Rochefoucauld.
El compromiso no es una obligación rígida, desde el momento en que podemos definir libremente su marco en cuanto a las acciones que comprende, en cuanto al tiempo en el que se producirán, es renegociable cuando las circunstancias en que se adquirió cambian. Un compromiso que se convierte en carga ya no es tal, ya no es libre, ya no es querido, pierde su valor para con las personas que se adquirió porque su base no es libre, es solo por obligación y cualquier cosa que se hace por obligación ya no se hace por amor, ya no se hace por pasión, creencia, ilusión… se convierte en un marrón (si al final la Rae será que tenía razón…).
Un compromiso tiene valor sólo si se hace desde el amor, desde la pasión, la ilusión, desde el querer. Y si es desde ahí desde donde nace, no tendremos el más mínimo inconveniente en definir todos sus matices, su contenido, nuestra intención. Y si es ahí desde donde nace, no tendremos el más mínimo inconveniente en expresar nuestra necesidad de modificación, de redefinir su contenido, porque el compromiso, el amor, la pasión, la ilusión, permanecen, sólo cambió la forma en la que puedo materializarlo y, desde ese amor, pasión e ilusión puedo reformularlo y mantenerlo con autenticidad, con la intención de ir haciéndolo realidad, sin teatralidad, sin nubes de humo ni telas tupidas que lo desdibujen.
Dejadme que dude de quien sólo dice que está comprometido, de quien no puede especificar a qué, con quien, para qué, hasta donde… Dejadme que permanezca cuanto menos con la duda de si será, dejadme que me piense si le sigo o no, si le creo o no, si deposito mi credibilidad, mi confianza o no…
Dejadme que huya de quien los convierte en obligación rígida desde el automatismo sin mas, cual camicace, a toda costa, a todo coste.
Dejadme que me aleje del compromiso frio, del compromiso vacío.
Dejadme que me acerque a quien mantiene sus compromisos vivos y como vivos los expresa y los deja evolucionar, crecer, cambiar, mejorar, amoldar… a los cuatro vientos, a la vista y consideración de los demás, a la luz del respeto, del amor, la pasión y la ilusión.
“El compromiso es un acto, no una palabra.”-Jean-Paul Sartre.
Mil besos!

Photo credit: Pixabay

 

4 comentarios en “Compromiso… Qué compromiso?”

  1. Que importante el compromiso, el entregarse a cambio de nada o a cambio de algo, pero de verdad. Es cierto que como dices tiene sentido desde la libertad, desde el querer. A veces en algunos actos nos comprometemos con miedo y el resultado no es el mismo.
    Muchas gracias por el post.
    Un saludo
    Jesús Mari

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