Seducción

seducc feather-1063583_960_720Esta semana he tenido el privilegio de compartir mesa con un compañero de viaje, de esos que van por el carril de al lado, de esos que te acompañan en paralelo y en un momento dado te encuentras compartiendo vehículo, en una conversación que nunca hubieras esperado porque de no haber convergido no se hubiera dado. En principio se trataba de una reunión “profesional”, hasta que surge una especie de magia, una complicidad en la mirada y se abre el libro por cualquier página, se toma el hilo y se acaban compartiendo experiencias de vida que se complementan una a la otra, se enriquecen, se dan luz, energía, sabiduría. Esto es muy típico de los buscadores porque somos curiosos, somos y estamos y a la que nos apercibimos de ese brillo especial, se nos olvida cual era el motivo original para tomar el auténtico, el que sabemos que nos va alimentar, nos va a hacer evolucionar, mejorar. No dudamos ni un momento y entramos de lleno en aquello que nos llamó la atención, la atención del alma.
Y así, en ese devenir, se centró la conversación en el tema de las relaciones, en el tema del amor.
Sin saber cómo ni por qué Victor me explicaba la diferencia entre seducir y amar, me decía Antonia, la seducción viene del latín seductio que significa acción de apartar; seducere significa conducir, guiar a otro hacia el camino que a uno le interesa, desviándolo del suyo propio, atraerlo fuera del camino que llevaba. En el diccionario de la lengua española se define en primera acepción como “engañar con arte y maña” Y eso… eso no ocurre en el amor, en el amor se desea la felicidad del otro, sin apartarlo de su camino, el camino común fluye solo, en un danzar armónico de las almas.


La seducción se basa en el personaje, en los roles, en lo físico, en lo exterior, en aquello que nos atrae el mero sentido de la mirada, en aquello que atrae al ego, en lo material, en un deseo de poseer, en el orgullo de conquistar, en la belleza efímera, en lo consumible, lo combustible, en el estatus, en el estado.
Al amor esos detalles de forma, se le pasan por alto, el amor mira con los ojos del alma y ve a la persona, a la esencia, lo etéreo, lo intangible, la belleza perdurable, lo eterno, lo duradero, incombustible, aquello que por siglos existió y existirá, al margen del rol, del ego, del personaje, de lo material; al margen del estado, al compás del ser.
Y siendo que es así… cómo nos gusta el juego de la seducción, cómo caemos en él, una y otra vez, seducimos y nos dejamos seducir. A nadie le amarga un dulce, pero éste, a veces, tiene el relleno amargo, los días contados, se sublima, se volatiza.
Y como todo en esta vida seducir no está bien ni mal, es lo que es, el problema viene cuando nos engañamos y queremos hacer de ese acto lo que no es, cuando nos lamentamos de haber ido por un camino que no era el esperado, cuando nos lamentamos de habernos desviado, siendo que seducir, de seductio, ya tiene ese significado.
Concluíamos en nuestra conversación que, en realidad, a lo que aspiramos es a que se enamoren de nuestra persona al margen del personaje, que quien tenemos delante se encandile con lo que somos, no con lo que estamos representando. Los roles, los personajes siempre son de paso, expuestos a los caprichos del entorno hoy somos esto, mañana sólo lo fuimos y esperamos que quien nos acompañe, a pesar de ello, permanezca a nuestro lado porque en esencia seguimos siendo, seguimos estando.
Y sin embargo, qué poco nos mostramos en la autenticidad, cuánto nos cuesta abrir compuertas para que entren, exploren, nos conozcan. Cuánto nos cuesta mostrarnos en esa vulnerabilidad que significa dejarse en manos del otro, soltar el control, confiar. A veces es porque ni nosotros mismos nos atrevemos a entrar, cómo vamos a dejar que entre otro, no somos conscientes de cuan bellos somos, del tesoro que encerramos, de nuestra propia luz y…volvemos a lo de siempre… si yo no me amo, si no me enamoro de mi… me va a costar lo imposible mostrarme tal y como soy. Si no tengo esa seguridad, no enseñaré mi Ser, no confío y… a vueltas con el personaje… y entonces nos dejamos seducir porque a nadie, a nadie le amarga un dulce.
Y aunque se hayan derramado litros y litros de literatura sobre el arte de la seducción, aunque sea una práctica que ya dominara Cleopatra, parece que nadie nos ha explicado que en el amor, no hay nada más seductor que el propio brillo.
Con estas interesantes reflexiones nos despedimos, continuamos nuestros caminos que volverán a coincidir o no, pero con la intención de siempre mostrar nuestro propio brillo.

Os dejo con Fito y Fitipaldis “Trozos de Cristal”

“….Por favor no me empuje, me puedo caer;
yo en mi nube estoy bien no me va a convencer,
ya conozco unos cuantos que son como usted,
que me ofrecen veneno cuando tengo sed…”


Mil besos!!

Photo credit: Pixabay, plumas

6 pensamientos en “Seducción”

  1. Curioso, el diferenciar los dos conceptos, aplicables a las relaciones con los otros y con nosotros mismos. Nos merecemos el seducirnos cada mañana y cada día y vernos como dices fuera del rol, auténticos con lo bueno y con lo malo,

    Le gusta a 1 persona

  2. Me encanta el planteamiento, en el fondo y en la forma. Pero conviene ser consciente de que no siempre “el camino común fluye solo, en un danzar armónico de las almas”…La vida fluye, los procesos, el cambio…Pero no es menos cierto que la vida tiene mucho de “tarea”, de ejercicio de nuestra propia libertad. Libertad que brilla, como brilla el amor…, porque es su hermana preferida, su maravillosa y eterna compañera

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s