Levantar la mano

five-hands-finger-648806-oHace unos días entraron a robar en mi casa…

Cada uno vive su hogar como lo vive. Para mí, mi casa, no son solo cuatro paredes, es donde vivo, despierta o dormida depende del día y de la hora del día. Donde convivo con los míos, donde recibo a mi gente, donde comparto momentos inolvidables por alegres, tristes, densos e intensos. Donde huele a bizcocho recién hecho, a chimenea, a café, a infusión de hierbabuena o a lavanda fresca. Donde corre el aire mañanero, donde el sol vuelca su calor, azota el viento y la lluvia pica en las ventanas. Donde la intimidad da lugar a las caricias y al acto de amar. Mi casa es mi continente, continente de emociones y vivencias. Es mi templo, donde me siento segura, donde me siento yo, donde soy, donde camino descalza y muchas veces desnuda, dejando que su armonía acaricie mi alma.

En mi casa no hay nada y hay todo. No hay riquezas materiales que puedan mal venderse en mercados de intercambio o tiendas de empeño, ni de segunda mano. Hay muchos recuerdos personales, muchos momentos, símbolos de mi vida, tierras, piedras, conchas, cristales, telas, colores… que le dan vida, le dan mi vida.

Tengo que agradecer que no hubiera desorden físico, pero si lo ha habido anímico. Durante unos días entraba y me impregnaba el enfado de quien ha visto profanado su templo, podía ver y sentir como se habían paseado por ella quienes no habían sido invitados, podía sentir el aire atrapado en sus paredes, la energía atascada, la música sorda, no era miedo, era enfado, era rabia, atasco. No era por lo material perdido que fue casi nada, era por la energía robada, por sentirme extraña, por el olor a rancio que me provocaba, por haber robado su armonía y, de paso, mi alegría.

Durante esos días, aún enfadada, me forcé a pasear por ella descalza, a salir al porche a balancearme al compás de la noche, a la luz de las estrellas, aún sin sentir su duende, la buscaba, buscaba sus rincones, sus olores. Paseaba por ella como alma en pena, la miraba como el que mira lo que fue, como el que desea el roce de aquellos labios, con la añoranza de sentirse bien.

Así hasta que una noche, en ese balanceo sin sentido, recordé lo que nadie te puede quitar, recordé aquello de no te dejes robar y pensé que en el fondo era lo mismo, alguien sin autoridad, sin legitimidad, pasó mis límites, pero mis límites seguían estando, en realidad intactos, dependiendo de mi, de cómo yo quisiera honrarlos. Y, poseída por una fuerza renovada, volví a poner música, a todo volumen, la música de mi casa, mi hogar, mi templo. Y poseída por esa llamada, descalza, de nuevo desnuda el alma, en medio del comedor, empecé la danza, girando, girando, girando, sacudiendo con las manos, gritando “fuera malos rollos, fuera de mi casa” y sí, podéis reíros, porque desde fuera seguramente la escena era para partirse la caja, pero lo cierto es que extenuada, tirada en el suelo, a carcajadas, entre lágrimas…me sentí de nuevo allí, en aquellas paredes que lo son todo para mi.

No voy a entrar a juzgar a quienes se permiten invadir así la intimidad de otro, sea su intimidad física, espiritual, personal, profesional, la que sea. No voy a entrar a juzgar a quienes sin más se apoderan de lo que no les pertenece o lo intentan, sean cosas materiales, sean oportunidades, sean roles, lugares, protagonismos, luces o sombras. No voy a entrar porque sus motivos tendrán, sus necesidades, sobre todo sus vacíos, sus carencias.

No quiero ni imaginar si todos hiciéramos igual, aunque parece que ahora es el estilo más extendido, al menos el que nos muestran más en los medios. Al final nadie puede arrebatarnos lo que es más nuestro, nuestra actitud ante los hechos, nuestro honrar.

Y sí, hay que levantar la mano. Sí ,hay que decir que ya estamos cansados de robos, asedios, arrebatos. De cosas, de tierras, de fronteras, de sonrisas, de abrazos, de besos…de vidas.

Levantar la mano y terminar con esta esquizofrenia, en la que se construyen límites falsos, artificiales con muros muy muy altos y en la que se destruyen los naturales, los nuestros más auténticos o, al menos, con mucho ahínco lo intentan, los obvian, se ningunean, se arrugan, se mal usan.

Levantar la mano, no sólo con la protesta, levantarla con el actuar, con nuestra actitud, con nuestro hacer de cada día, con nuestro honrar la vida, en la confianza de que pequeños gestos de muchos también mueven montañas.

Esta mañana me despertó el olor a bizcocho y café recién hecho, me despertó el sol en la ventana, me despertaron las caricias de mi casa.

“El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades —incluso bajo las circunstancias más difíciles— para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, en la dura lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y ser poco más que un animal” (Viktor Frankl)

Os dejo con Jess Glynne “Take me home” Me llevarás a casa?

Mil besos!

Photo credit: everystockphoto-FIVE

 

 

 

 

14 comentarios en “Levantar la mano”

  1. increíble tener contactos a tantos niveles personales y profesionales. El viernes pasado entraron a mi casa a robar mientras yo estaba en el trabajo y mis hijas en la escuela. Justo sientes que han profanado tu templo de paz… Pero coincido contigo que nosotros somos mas grandes que las cosas que nos pasan y la auténtica paz está en nuestro interior al que nadie sino nosotros tenemos acceso. ABRAZOS

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  2. Hola Antonia:

    En primer lugar, decirte que lamento el suceso que has narrado. Pero, por otro lado, nos dejas un mensaje muy interesante y práctico, que podemos aplicarnos cuando las cosas no van tan bien como quisiéramos, o tenemos algún imprevisto indeseado. Muy aleccionador, tu relato. ¡Saludos!

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  3. Hola Antonia, te entiendo tanto…. Hoy, despues de cruzar dias cargados de mil asuntos, me he escapado al Pallars Jussá para dejar de hacer lo urgente y abordar lo importante y mi pequeño refugio pirenaico me esperaba algo frío, pero acogedor. Ahora, que ya ha remontado la temp, me he acercado a esta tu agora, que hacía ya dias que no podía, para leer tus pensamientos y sí… lo entiendo, lo comparto,… tu casa, mi refugio, el hogar, los lares de todos, nuestros lugares mas intimos y tan nuestros, casi cubículos intrauterinos, testigos mudos de nuestros pensamientos y viviencias… si, cuando los carentes de sensibilidad entran sin permiso y alevosía en nuestros templos, parece como si pudieran llevarse lo mas profundo de nosotros, trasngredir nuestros secretos mas recónditos … pero tranquila, no es así, solo han magreado groseramente nuestros objetos, pero no las almas que llevan dentro, complices de nuestro ser … que la musica inunde otra vez nuestro hogar … Besos mil Antonia y felices vacaciones.

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