Te cuento

bedroom-floating-jumping-1313376-oDicen que la vida a veces tiene momentos de locura…

Yo no creo que sea locura, creo que esos momentos son de absoluta cordura, que lo que pasa es que la vida grita, grita para que rompamos la caja, para que nos salgamos de ella, para que nos liberemos de los corsés falsos que nos hemos inventado con la intención de protegernos de sus vaivenes, como si con ello se pudiera y, en realidad…lo único que conseguimos es incapacitarnos para la vida misma. Como el que anda siempre con muletas, como el que no se desprende de su cedula protectora tras una rotura ósea, como respirar con bombona a mil metros sobre el mar…como anestesiarnos para que no duela el respirar, el palpitar, el ser. Esa es la locura. La vida sólo nos grita como opción para reconducir nuestro error, para volver a la cordura del vivir plenamente.

Y ya podemos explicarnos mil cuentos y justificaciones, basados en razonamientos absurdos por inventados, por ajustados a la realidad que queramos evitar, por esquivar las aguas bravas, en un intento más absurdo, si cabe, de eludir el trasiego de vivir. En la fantasía de burlar esa realidad, ideando una realidad paralela a la que hemos llamado sistema, en el que todo está normalizado, regulado, razonado…justificado…todo maquillado porque lo cierto es que si no…quizás duela demasiado.

Te cuento que esto no funciona como tu pretendes, que aquí no hay ropa que guardar, que hay que estar dispuesto a quedarse desnudo delante de la vida, sin corsés, sin maquillajes, sin artificios. Que sólo cuando uno está dispuesto a desprenderse de todo, incluso de su piel fina, es cuando obtenemos las respuestas, que no vale con un desnudo a medias, que no vale nadar y guardar la ropa. Que en las aguas bravas te mojas o te mojas. Que hay que estar dispuesto a desprenderse de todo para obtener alguna cosa realmente valiosa.

Te cuento que aquí no hay análisis, pronósticos, ni estadísticas que valgan; ni históricos ni experiencias previas, ni pros, ni contras, ni todo lo contrario. Que de lo que se trata es de salirse de la caja, que no encontraremos respuestas desde el mismo lugar en que se generaron nuestras dudas, nuestras preguntas, que no es allí donde están las respuestas, que no se puede solucionar un problema desde el mismo plano en el que se nos generó, que eso es como seguir dando vueltas dentro de la misma rueda…que lo único que lograremos será marearnos, desorientarnos, agotarnos… convencernos de que no se puede, de que no existe, de que “esto” es lo que hay… quedarnos en un stand by en la tierra de nunca jamás, donde quizás no duela, pero tampoco satisface, tampoco llena, tampoco vibra, no danza, no huele, no sabe, no suena, es un aséptico incompatible con la vida, intolerable, híbrido, insípido…infumable.

Te cuento que aquí no existen mapas, ni rutas, ni GPS, ni coordenadas, señalizaciones, instrucciones, normas de funcionamiento, posologías, recetas ni otros inventos. Que lo único que sirve es la pulsión de vida y dejarse guiar por sus señales, señales demasiado sutiles desde el entendimiento convencional, incomprensibles desde el leguaje común, imperceptibles desde dentro de la caja, transparentes desde la razón…altavoces para el corazón, amplificadoras del alma.

Te cuento que aquí no vale ser prudente, aquí no se pagan las “imprudencias” porque no hay contra qué ser imprudente, no hay nada definido cuando nos salimos de lo preestablecido, que la supuesta imprudencia no es más que el descubrir las maneras del vivir. Maneras alineadas a lo que necesitamos, a lo que sentimos, a lo que somos. Que la imprudencia es seguir viviendo en un sin vivir.

Te cuento que aquí no tenemos datos que orienten, que las líneas se escriben en cada segundo, con la tinta invisible de quien las inventa, perceptible sólo desde la desnudez auténtica. Que no existe método ni técnica, ni manual, ni buzón de sugerencias.

Te cuento que aquí no existe la posibilidad de rebobinar, avanzar o darle al pause, que la única tecla que vale es la del play y que subir o bajar el volumen no es cuestión de elección sino de actitud para escuchar esa melodía que suena tras el ruido ensordecedor del miedo.

Te cuento que la vida no se conforma con las intenciones, con los intentaré, con los volveré después. Que no valen los quiero con la boca pequeña, que las apuestas son a doble o nada, sin faroles que valgan.

Te cuento que aquí no sirve contarse cuentos.

Y quizás me estás leyendo, concluyendo que he perdido la cabeza, porque al final lo que te estoy diciendo es que aquí, no sirve casi nada de lo aprendido dentro de la caja, quizás estés pensando que estoy en un momento de locura de la vida, quizás sin más pases esta página o quizás nos encontremos al pie de la caja.

Os dejo con Gnarls Barkley y una versión preciosa de Crazy

“Recuerdo cuando, recuerdo,
Recuerdo cuando perdí la cabeza
Había algo muy agradable en ese lugar.
Incluso las emociones tenían un eco
en tanto espacio….
Quizá estoy loco
Quizá estás loca
Quizá estamos locos
Probablemente
Uh, uh”

Mil besos!!

Photo credit: bedroom-floating-jumping

4 pensamientos en “Te cuento”

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