Trazas

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Me lo dices con esa serenidad… que no tengo por más que dejar que entre por mis oídos, por mis ojos, por mi piel, atravesando tejidos, membranas, partes físicas.. hasta llegar allí en donde las cosas resuenan para quedarse, para sanar, para limpiar trazas, trazas que siempre quedan, a veces del tamaño de un grano de arena, a veces de dunas enteras, en cualquier caso…trazas que impiden el deslizar del fluir por aquí. No sé exactamente donde está ese lugar, no sé si está en el alma, si en el centro del corazón , en la parte derecha del pulmón, debajo del esternón? O en un pliegue del hígado? No sé dónde está porque nunca nadie accedió. Es donde viven las trazas cuando ya no quedan capas ,cuando ya incluso el escarmiento se esfumó. Creo que no es un lugar físico, creo que está en la raíz de la emoción, no se llega demoliendo muros, ni rompiendo botijos, ni escarbando, ni tan siquiera buceando. Es un lugar que te ocupa en toda tu sensibilidad, pero no acabas de ubicar, su impacto es sutil pudiendo ser demoledor, por su sutilidad. Creo que solo se llega a pulmón con la fuerza del amor.

Y allí me has llevado con tus palabras, allí me has ayudado a barrer esas trazas de tristeza que quedaban en mi Ser. Poquito a poco, con mucho amor, las hemos encontrado y desde el amor, les hemos podido decir que dejen de molestar en mi fluir.

Bailando con las trazas he visto a alguien que me amó mucho a pesar de su gran tristeza y…por primera vez he podido ver su tristeza, he podido comprender mis últimas sombras, he podido admirar, más si cabe, a esa persona que me amó como nadie a pesar de su gran perdida, esa persona que nos dejó tan joven porque su corazón no podía más, no podía más de llorar, no podía más de amar como nos amaba. Y he comprendido que esas trazas no eran mías, eran trazas respiradas, permeabilizadas. Y las he cubierto del amor que me dieron y he entendido que mi miedo más profundo es el abandono, el abandono de no recibir, de no dar el amor como necesito.

Y me has dicho Antonia hay personas que llegan y se van, por las razones que sean, algunas no pueden estar, otras no quieren, a otras la vida se les hizo corta… Pero hay quien llega para quedarse y parece que tenemos la manía de actuar desde el que nos van a abandonar y desde ahí es imposible fluir.

El abandono tiene millones de matices incluyendo la presencia y la ausencia real, nada tiene que ver el estar o no estar con el acompañar, el compartir, el Ser. Es muy fácil identificar el abandono físico, no tanto el emocional y no hablo de malos tratos, que va, hablo de ausencia de una entrega plena, hablo de hasta aquí llego, hasta aquí te doy, hasta aquí te dejo entrar, hasta aquí te puedo dar. Ese es el gran abandono, porque no lo parece y está. Abandono la posibilidad de amar como nunca amé, de ser amada como no lo fui antes. Nos autoabandonamos antes de que lo pueda hacer otro, cuando no le dejamos entrar, cuando estamos pensando en los y sies, en los peros, cuando pesa el miedo de la herida, la prevención del escarmiento, cuando las trazas recorren tu cuerpo sin límites, sin percepción, pero con efecto.

Cuántas veces hemos dado un paso atrás con largas argumentaciones, cargándonos de razones? Cuántas veces nos hemos negado la oportunidad de escarbar para ser conscientes de lo que hay debajo de semejante material argumental? Cuántas veces nos hemos abandonado privándonos de una oportunidad de avanzar?

Lo sé, sé que ir a ese lugar no es fácil, lo sé porque he estado ciento y mil, veces, cada vez más complicado, cada vez más difícil, cada vez más apegada la traza…cada vez más cerca de mi esencia, cada vez más auténtica.

Cada vez un acto de amor porque no hay peor abandono que el nuestro propio, que el no emprender el camino de la transformación o mejor dicho de la recuperación de quienes somos, de nuestra mejor versión. Porque el único abandono que cabe es el del fluir en esto del vivir y no se fluye sin liviandad, sin aceptación de nuestros rincones, de nuestras trazas. No se fluye sin reconocerse vulnerable, sin aceptarse imperfecto, sin apostar, sin tomar nuestra propia responsabilidad. No se fluye esperando a que dé el otro, no se fluye sin al menos tomar su mano y…si no se fluye, lo que hacemos no es vivir es abandonarnos a un mero estar aquí.

O sea que carguémonos de amor y bajemos a pulmón a buscar esos muros, esos botijos que nos encierran, esas trazas que nos marean, bajemos con la fuerza, con el poder que nos da el querer llegar a nuestro Ser.

Os dejo con Clara Montes y “Niños de la guerra” Letra de Antonio Gala

“…El odio tu palabra, robaron tu inocencia.
Cruzaré la frontera del miedo para ayudarte,
Cantaré una nana de vida para calmarte
Y no me llores más,
Déjame mezclar tu pena con la mar y con la sal…..
Quisiera retirate de tanto infierno
Sentarme a tu vera a ver pasar el tiempo
Que el tiempo te devuelva a ti la inocencia…
Ya verás que el frio se pasa entre mis brazos…”

Mil besos!!!

Photo credit: Trazas

4 pensamientos en “Trazas”

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