Pedir

hands_cuddle_affection_312928_oPedir, entre otras acepciones, la palabra pedir, la utilizamos para:

  • Expresar a alguien la necesidad o el deseo de algo para que lo satisfaga
  • Requerir algo, exigirlo como necesario o conveniente
  • Querer, desear o apetecer.

En función del contexto, sería sustituible por palabras con matices tan distintos como:

Demandar, impetrar, rogar, solicitar, limosnear, suplicar, exigir, reclamar, requerir, invocar, apetecer, desear, querer, tasar o valorar.

Etimológicamente viene de la Voz patrimonial del latín petere ‘dirigirse hacia un lugar’, ‘aspirar a algo’, ‘pedir’ si bien, en español solo ha conservado este último valor latino. Pertenece a la misma familia etimológica competir.

Pedir nos honra y qué poco solemos pedir y qué mal solemos pedir.

Me ha encantado su raíz etimológica “dirigirse hacia un lugar”, “aspirar a algo”, aunque en español se haya perdido! Hacia dónde nos dirigimos? A qué aspiramos? Qué necesitamos para ello? A quien se lo pedimos? Como si en una sola palabra se hubiera querido concentrar todo lo que necesitamos accionar para avanzar, saber a dónde vamos, saber a qué aspiramos, saber qué pedimos. Y si alargamos en la familia…Contra quien competimos?

En general, nos cuesta mucho pedir sea el ámbito que sea. En especial, cuando se trata de necesidades que consideramos íntimas, de las que alimentan nuestra emocionalidad, de las que interpretamos dejan al descubierto nuestra vulnerabilidad, nuestras mal llamadas debilidades. Nos cuesta expresar nuestros deseos, apetencias, nuestras necesidades. Nos hacemos trampas, nos damos mil vueltas hasta convencernos de que no merece la pena o de que ya me satisfago yo. Y, ciertamente, no es que esté en contradicción, somos nosotros mismos quienes debemos satisfacernos en primer término, pero no somos hermafroditas, ni entes aislados, ni todopoderosos, ni tan siquiera autónomos. Somos sociales, interconectados, nos desarrollamos en esencia a través de otros, necesitamos sus espejos, sus retos, su mano, su ánimo, sus caricias, sus empujones, incluso sus malos ratos, para seguir evolucionando. Necesitamos compartir, reposar la cabeza, acompañarnos, conversar, escuchar, sentirnos parte, ser parte, integrar. Y no somos adivinos y muchas veces andamos despistados y no nos damos cuenta de lo que necesita el otro, la mayoría de veces nos cuesta identificar que necesitamos nosotros… y digo yo, no sería más fácil expresarlo? No sería más fácil detenernos a entender qué necesitamos y pedirlo cuando nosotros mismos no llegamos, cuando no es cosa de uno?

Nos cuesta pedir, nos cuesta desnudarnos y acabamos demandando, exigiendo, reclamando en sus acepciones más agrias, prepotentes, altivas. O rogando, suplicando, limosneando en sus acepciones más deplorables lúgubres, afligidas.

Cuando tomamos conciencia de necesitar algo, de que nos apetece, deseamos, queremos, en la profundidad de esos términos, no nos queda otro que honrarlo y lucharlo, pedirlo en la conciencia de su necesidad para llegar a mi lugar, a la aspiración de Ser. En ese punto es cuando competimos, competimos con nosotros mismos, con nadie más, competimos por reconocernos nuestro derecho natural a llegar a Ser, a satisfacer nuestra necesidad. Competimos con nuestra vergüenza, con nuestro pudor al dejarnos desnudos ante quien planteamos nuestra petición. Competimos con reconocernos seres en evolución, con necesidades, completos pero inacabados. Competimos contra el miedo del no del otro y anticipamos nuestro propio no, que, de entrada, parece que duele menos, pero es más mortífero, te lo digo yo. Es en ese punto concreto en el que pedir se transforma en perdí.

Si nos aceptamos como seres en evolución con necesidades, si reconocemos esas necesidades legítimas de satisfacción, nada debiera impedirnos su petición, menos nosotros mismos, al margen de la respuesta del otro, si nosotros nos legitimamos y reconocemos dignos, ya vendrá quien tenga la capacidad, sensibilidad, amor suficientes para ayudarnos en nuestro evolucionar, pero los primeros en tener esas capacidades somos nosotros con nosotros mismos, al expresar, al PEDIR. Y si lo hacemos desde ese reconocimiento hacia el lugar al que voy, encontraremos la manera de Pedir sin demandar, exigir, reclamar, rogar, suplicar o limosnear. Encontraremos la manera de pedir desde el querer, el amor, la apetencia, el deseo.

Y tú? Vas a ser de los de Pedir ó de los de Perdí?

“…………………………………
Que nadie quiere estar solo…
Que para no estar solo hay que dar…
Que para dar, debemos recibir antes…
Que para que nos den también hay que saber pedir…
Que saber pedir no es regalarse…
Que regalarse en definitiva no es quererse…
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos…
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo…
Que ayudar es poder alentar y apoyar…
…………………………………”
(Desde los afectos- anónimo (a veces atribuido a Benedetti))

Os dejo con Sara Bareilles y “Hold my Heart”
Quiero decirte antes de que oscurezca
cómo sujetar mi corazón,
porque no quiero alejarme, alejarme, alejarme de ti.

mil besos!!
Photo credit: Hands affection

2 comentarios en “Pedir”

  1. Cuántas cadenas y prejuicicios arrastramos! Y qué difícil es liberarse de ellos! Menos mal que contamos con ayudas, duendecillos que nos van removiendo, nos hacen reflexionar y nos van reeducando.

    Yo quiero ser de los de Pedir y también de los de DAR, que me hace muy feliz.

    Gracias “duendecilla”

    Carmen

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