Sana, sana colita de rana

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Sana, sana colita de rana que si no sana hoy, sanará mañana.

Sabemos que va a doler y nos resistimos a afrontarlo como si eso fuera posible, escondemos la cabeza debajo de la almohada, intentamos dormirlo, eludirlo, ignorarlo. Fantaseamos con que se esfumará con la luz de la mañana como si de una pesadilla se tratara. A veces conseguimos esquivarlo durante unas horas, unos días y cuando pensamos que por fin se fue, que ganamos la batalla, zasca! de nuevo sentimos su presencia intensa. De nuevo intentamos pasar desapercibidos, a ver si pasa de largo, a ver si lo consigo.

Sabemos que va a doler y no nos damos cuenta de que ya duele, nos centramos tanto en no conocerle, que no nos damos cuenta de que es un viejo conocido, aunque en esta ocasión sea más intenso, más afilado, más impositivo… Porque intuyes que esta vez acabará contigo.

Sabemos que va a doler, pero se nos olvida que eludiendo duele más porque más grande se va haciendo la herida, más profunda, más oscura, hasta que su vacio no tiene tamaño para habitar en nuestro corazón.

Dicen que se puede morir de dolor del alma, no estoy segura. El dolor sana, el dolor sólo es el indicador, no viene a rematar, viene a señalar la herida, claro que duele en proporción a la misma y quizás se necesite de mucho dolor para sanar, más cuanto menos entremos a afrontar. Sea como sea, ahí está indicándonos la herida, señalando dónde debemos acariciar con amor…quizás puedas hacer oídos sordos, quizás puedas adormecerte, pero el no va a cesar, encontrando millones de maneras de hacerse presente para que puedas sanar esa herida que crece y crece, ansiosa del amor que le ayude a cicatrizar.

El dolor no es lo que hiere, la herida está, el dolor sana, si nos atrevemos a entrar; si somos curiosos con lo que nos trae. El dolor es una señal, nos advierte de la necesidad de sanar. No siempre sabemos qué se ha roto, a veces sólo sentimos que duele, a veces el desenlace es tan duro que apenas queda energía para entablar conversación. No hay prisa, basta con la intención de conocerse, con tomar conciencia de que sí, dolerá, pero es la única manera de sanar.

Sabemos que va a doler, lo importante es recordar que no es un dolor infructuoso, no es estéril, es hermoso. Nos ofrece la oportunidad de superar, de avanzar, de amarnos a través del cuidarnos, de que no se infecte nuestra herida, de poder continuar con nuestra vida, sin trampillas, ni muletillas.

Sabemos que va a doler y, es verdad, pero… quizás no tanto si cada día te acercas un pasito más, si cada día le miras durante unos segundos, unos minutos, un ratito; si te quedas a sentirlo un poquito. A poquito que sea, verás, sentirás una especie de alivio. Es la brisa del amor que acaricia tu herida, como nos hacía mamá en nuestra infancia: “Sana, sana, colita de rana”, escocía y aliviaba.

“Si no sana hoy, sanará mañana”, no hay prisa, llegará el mañana en el que ya no habrá dolor, quedará la cicatriz de la herida, quedará el recuerdo de la pérdida, pero no dolor sino el amor con la que la has sanado, el amor con el que te habrás honrado.

“Sana, sana colita de rana que si no sana hoy, sanará mañana”

Se os quiere.

Photo credit: pixabay- lágrimas

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