Archivo de la categoría: Cuentos para pensar

Del Fuego y de la Vida (II)

fuego cafe

Hacía más de dos años que no visitaba la casa, aunque el contacto había sido continuo. Me temblaban las manos, no atinaba a encajar la llave en la cerradura, temía encontrar la casa fría, desamparada…ella ya no estaba, imaginaba un lugar sin alma, en penumbras…sin el ronroneo de Lola, sin su olor a lavanda, sin rosquillas, sin llamas…Sin Fuego…sin Vida

Ella me había pedido que pasara por última vez por allí y eso era lo único que me mantenía en pie frente a la puerta, esperando a que las manos dejaran de temblar para poder entrar.

Por fin logré abrir y un chorro de luz del sol me deslumbró, entraba por todas las ventanas que, para mi sorpresa, se habían dejado entreabiertas. Seguía oliendo a brasas de olivo, a los ramilletes de lavanda y romero fresco que estaban por toda la sala, incluso más intenso, más adentro. Tal y como me dijo, al fondo, junto a la chimenea casi humeante, los dos sillones, en medio la mesa con un servicio de café y dos rosquillas, al lado un sobre “Para mi niña”. Esa era yo.

Mi querida niña, aunque ya no debería llamarte así porque ya eres una diosa, he visto tu evolución en todos estos años y como te has transformado en lo que hoy eres, como las diosas disfrutan en tu presencia…pero seguirás siendo mi niña porque nunca perderás ese brillo y esa curiosidad, esa inocencia que te permiten seguir mirando con ojos nuevos, que te permiten seguir avanzando y descubriendo nuevos sitios, nuevas sensaciones, experiencias, registros.

Ha llegado la hora mi niña de la despedida y, aunque tú y yo sabemos que no es tal y que sin duda nos volveremos a encontrar, te conozco y sé que no te es suficiente con un nos vemos, que necesitas mis últimas palabras en este momento. Después de tanto compartido, me es difícil encontrarlas, así es que he recurrido a mis cartas y contigo en el corazón, contigo en mi mirada, las he barajado y elegido algunas para ti. Como siempre, no fallan! mira que ha salido: Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad. Ni yo misma las hubiera elegido mejor.

Libertad: Recuerda que eres libre para hacer, estar y ser, nunca perdemos nuestra libertad de decisión, de hacer, de ser, de evolucionar, siempre hay una opción para ello. Recuerda que estás donde quieres estar porque nada ni nadie te obliga a ello, no busques excusas, no busques culpables, no existen circunstancias insalvables. estás donde quieres y has decidido estar.

Serenidad: Para poder ver con claridad. En el sentido de alineación, aceptación, sin dramas, sin agresión. Las cosas vienen como vienen y son por algo, serenidad para entender el porqué, para poder aceptar, para poder entender, para que la lucha no sea tal, para aprender, para evolucionar. Serenidad para saborear lo que la vida traiga, Serenidad para poder sentir el placer, el desgarro, para que puedas fluir y así seguir avanzando.

Humildad: Para entender que solo tienes poder sobre ti y que es desde ti que quizás puedas influir, porque aunque seas una diosa, recuerda que no tienes poderes para hacer que otros cambien, actúen, se transformen. Humildad para no juzgar, para aparcar tu ego, para entender que el otro está donde puede estar, donde ha decidido estar, respetarlo y aceptar e incluso amarlo allí donde está. Humildad para seguir sabiendo que no sabemos y seguir manteniendo esos ojos bien abiertos.

Amistad: Confieso mi niña que esta carta me ha sorprendido, pensé que antes te saldría amor que es lo que tú eres, pero realmente tiene sentido porque tu siempre estás dispuesta a acompañar, a dar la mano, a sostener…hasta que te agotas! y entonces pides ya no solo das y ahí está el sentido de esta carta en que sigas rodeándote de amistad, en que te dejes abrazar, en pedir cuando necesites, en dejar expandirse la generosidad de los demás, en dejarte en sus brazos. Recuerda, a todos nos gusta dar.

Eternidad: Esta me hizo sonreír, es como un último guiño! Eternidad, nada acaba, a lo sumo se transforma, todo es sólo un ínfimo momento de la eternidad y la eternidad da para tanto…siempre tendremos más oportunidades, más circunstancias, en un baile perfecto de idas y venidas, nos encontraremos, nuestras almas volverán a acariciarse, aquello que no pudimos escribir, tendremos la oportunidad de hacerlo, de mejorar sobre lo mejorado, de subir y bajar y volver a empezar. Nada es eterno, más que la eternidad.

Mi querida niña, eres luz, amor, sonrisa, brillo.

Qué te parece si ahora enciendes de nuevo ese fuego y te tomas tus rosquillas y tu café? Por cierto dejé la receta de las rosquillas bajo uno de los ramilletes de lavanda y romero fresco…ahora te toca a ti.

Nos vemos mi niña, de hecho yo te sigo viendo”

Y yo la seguía sintiendo allí, muy, muy dentro de mí. Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad, ese fue su legado, su memoria para mí y, encendiendo el fuego, saboreando el café y las rosquillas con consejo… me sentí libre, serena y eterna, sintiendo como mis mil cachitos dejaban de volar al viento y se iban recomponiendo cada uno en nuevo lugar, alguno nuevo, alguno dejó de estar, alguno olía a lavanda, quizá…. fuera un pedacito de ella que quedó en mi hogar.

Nos vemos mi vieja, te quiero.

El experimento de los monos y los plátanos

En cierta ocasión se llevó a cabo el siguiente experimento de comportamiento. Se colocaron 6 monos en una jaula, en el centro de la cual se encontraba una escalera que permitía alcanzar un racimo de plátanos que colgaba del techo. En cuanto uno de los monos intentaba alcanzar los plátanos, se les rociaba a todos con agua helada lo cual hacía que desistiera de su intento. Este proceso se repitió tantas veces cómo intentos por alcanzar los plátanos realizaron los monos. Finalmente, cuando alguno de los monos intentaba alcanzar los plátanos, eran sus propios compañeros los que le impedían acercarse a la escalera a base de golpes hasta que el mono desistía de su intento.

Llegados a este punto, se saca uno de los monos de la jaula y se introduce otro que evidentemente no había participado previamente en el experimento. Al poco de entrar en la jaula, el mono intenta encaramarse a la escalera para tomar los plátanos, pero en cuanto se acerca a la escalera, sus compañeros le agreden a golpes ante la posibilidad de una ducha helada. El nuevo mono no entiende nada, pero tras varios intentos se da cuenta de que no se puede acercar a los plátanos a menos que desee ser vapuleado.

En este momento, se saca de la jaula otro de los monos que empezaron el experimento y se introduce uno que tampoco tiene ningún conocimiento del funcionamiento del mismo. Igual que en el caso anterior, el mono intenta agarrar los plátanos y cada vez que lo intenta, todos sus compañeros de jaula se abalanzan sobre él para impedírselo. La nota curiosa es que el mono que introdujimos a mitad del experimento y que no tiene la experiencia de haber sido rociado con agua helada también participa en la agresión aunque sin saber porqué. Para él, simplemente, no está permitido acercarse a la escalera.

Poco a poco se van sustituyendo todos los monos que comenzaron el experimento por otros que no han experimentado en ningún momento el hecho de haber sido rociados con agua helada.

Cuando se sustituye el último mono de la jaula, el comportamiento de los simios continúa igual, a poco que el nuevo mono intenta acercarse a la escalera es vapuleado por sus compañeros, aunque llegados a este momento, nadie sabe porqué ya que ninguno de ellos ha sido rociado con agua helada. Se ha establecido una regla: “Está prohibido subir por la escalera y quien lo intente se expone a una represión por parte del resto del grupo”.

Quizás sea verdad que en ocasiones los monos reflejan un comportamiento casi humano, o quizás seamos los humanos los que en ocasiones nos comportamos como monos.

Leído en: Psicoactiva

La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra

REFUGIADOS1El día ya se iba apagando, los últimos retazos de sol desaparecían por detrás de los edificios y la humedad de la noche se notaba ya en el ambiente. Me dirigía a paso rápido hacia el boulevard, con un poco de suerte el “paki” todavía estaría abierto y podría comprar algo para cenar, a malas, fideos chinos instantáneos. El sentimiento de descontrol se estaba apoderando de mi, realmente, no podía seguir así, empezaba a ser prioritario poner orden en mi vida, corriendo a todas partes, sin llegar a ninguna. No era la única en esta ciudad de locura, eso lejos de reconfortarme,  me generaba un punto de amargura, me daba la impresión de que pocos eran los que se planteaban si esto realmente es vida.
Al fondo las luces del “paki”, un aroma a cena caliente invadía mi paladar y mi estómago…
Qué es ese bulto que se mueve en la esquina? Nunca me habían asaltado todavía, pensé que eran leyendas de la ciudad, pero en ese momento la alarma de peligro asaltó todos mis sentidos. Algo se movía allí en la oscuridad, algo grande, no parecía un animal. Me debatía entre salir corriendo por donde había venido o continuar hasta el “paki”, mi estomago no entendía de esos peligros. Decidí avanzar un poco más, no se porqué, mi instinto contenía la alerta de peligro.
Conforme me acercaba, pude oír un respirar profundo, casi un ronquido. Debía ser un vagabundo de los muchos que “habitaban” aquella ciudad, la crisis se había resarcido especialmente allí. Pero… qué personaje más extraño… Tenía todo el torso, brazos y piernas cubiertos de un pelo grueso, barba larguísima, lo mismo el cabello y parecía arroparse con una piel de tigre? Una lanza en un costado, bien agarrada por su inmensa mano, a pesar de que parecía dormir. Iba descalzo, los pies se me antojaron enormes. Había restos de hoguera, olía a…carne a la leña? Sin duda mi apetito se estaba desbocando… Un olor familiar que no podía identificar me invadía, un olor de la infancia que resaltaba por encima de aquel otro olor rancio… Altamira! Olía como cuando nos colábamos en las cuevas de Altamira!!
Las luces del “paki” se apagaron… otra noche mal cenando…
Divisé más bultos al fondo del callejón, no podía ser… debían ser una veintena, parecía haber mujeres y niños también. No tenía miedo, era como un estar en casa extraño, como un estar en lo que un día fue mi hogar.
Buenas noches, no te conozco, no eres de por aquí, vistes extraño, dónde está tu manada? Andas sola? No sobrevivirás. De dónde vienes? A dónde te diriges? Nosotros somos nómadas nativos de las tierras del fuego del sur, nos dirigimos hacia el norte de estas tierras, parte se han quedado en los oasis de oriente, pero nosotros queremos seguir al norte, allí hacía demasiado calor, presiento que en el norte encontraremos abundancia de recursos para vivir un tiempo.
No daba crédito a lo que estaba escuchando, definitivamente me había vuelto loca.
Tienes mala cara, acércate al fuego, hace fresco y pareces hambrienta. Queda un poco de venado si te apetece, todavía no se ha enfriado.
Aquellos ojos oscuros me miraban con curiosidad y asombro o era el reflejo de mi mirada? Me señaló unas pieles en el suelo para que me sentara, mis ganas de saber me podían y esa sensación de no ser extraña…El resto dormía. No tuve que preguntar nada, él me leía.
Somos el origen del hombre moderno, nuestra misión es la diseminación, la Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra. Así desde el fuego del sur, nos dirigimos al hielo del norte de esta tierra que vosotros llamáis Europa. Sabemos que desde la lógica de la naturaleza los recursos son ilimitados y nos dirigimos allí donde sabemos que los encontramos. Vamos dejando nuestras semillas, nuestros rastros de historia como en Altamira, para que las generaciones futuras no olviden que La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra. Tierra y Hombre son una misma cosa, vivimos en conexión íntima con este planeta, su latir guía nuestro caminar. Nosotros no entendemos de fronteras, límites, gobiernos ni políticas, esas son cosas que en el desevolucionar y complicar del hombre, habéis inventado. Son términos de protección de un sistema artificial que alguien se inventará en un momento dado, cuando las fiebres del poder os invadan, cuando os olvidéis de la abundancia de la Tierra. Esto para ti ya es pasado, un pasado que te marca, que limita tus pasos. A nosotros no hay nada que nos limite más que la voluntad de seguir avanzando en esta nuestra Tierra. Sabemos que es grande, generosa y que nos acoge y provee. Ya algunos de los nuestros se han establecido en ellas, pero sin cercas, la Tierra no se limita, limitar la Tierra es limitar al Hombre. Cercar la Tierra es atar al Hombre. Tierra y Hombre alcanzan su máximo esplendor cuando están en comunión.
Yo no podía articular palabra, realmente esperaba que el despertador sonara en cualquier momento. El tomó de su cuello un colgante con un colmillo no sabría decir de qué y lo colgó del mío. Desde la profundidad de sus ojos miró a los míos en un gesto agradecido, en un gesto de amor que nunca antes había sentido. Era el momento de la despedida, sin palabras, sólo miradas cruzadas, no hacía falta nada más.
Mientras caminaba hacia “mi casa”, recorriendo una ciudad dormida, no dejaba de repetirme sus palabras, “La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra”. A la vez, las imágenes de los refugiados sirios se grababan en mis ojos, almas que huyen de la violencia de una guerra sangrienta, larga y cruel. Almas que huyen de una muerte segura a una posibilidad de Vida, por rutas cada vez más peligrosas porque se levantan muros, vallas, verjas que limitan su paso. Hombres expulsados de una Tierra, Hombres impedidos de una Tierra. Hombres abocados a una muerte, Tierra de muros, Tierra de sistemas. Hombres que sienten amenazado su sustento, levantan muros y olvidan que en la Tierra, desde la lógica de la naturaleza, los recursos son ilimitados.
Cojo el colmillo entre mis manos y me siento triste, me siento impotente, vacía. Me pregunto cómo hemos podido separarnos tanto y no encuentro respuesta, más que estas cuatro letras por si nos ayudan a tomar conciencia.
La Tierra es del Hombre y el Hombre es de la Tierra. Y no podemos Ser el uno sin el otro. Y no deberíamos olvidarlo.
Un abrazo!

Photo credit: Refugiados- Hoyvenezuela

Alas quebradas

FullSizeRender-1El sol apenas despuntaba por detrás de las montañas, el aire fresco del amanecer entraba por mi ventana, despertándome suavemente, trayéndome de nuevo a este mundo, a través del sabor de los sueños. Me encanta adivinar el canto de los pájaros cuando estoy en ese despertar, oyéndolos cada vez con mayor claridad, ellos también despiertan.
Olor a café.
Estaba tan bonita la mañana que decidí romper mis compromisos con las tareas cotidianas y salir a pasear por el bosque cercano, buena música, buen paso. Seguro que las tareas me iban a esperar!
Un movimiento extraño entre las ramas de un árbol, llamó mi atención, no cesaba el tembleque como si alguien lo estuviera vareando…pero haber, no había nadie. No miento si digo que me asusté, osos no hay por la comarca, jabalíes tampoco…pero cómo narices se estaban moviendo de esa manera las ramas??
“Hola”
El saludo me sacó de mis pensamientos. Era fruto de mi imaginación? Seguía sin ver a nadie alrededor.
“Hola! Aquí arriba”
Con el corazón disparado alcé rápidamente la vista, antes no distinguí a nadie allí arriba… ahora tampoco, me estaba volviendo loca?
El movimiento de las ramas cesó en seco.
“Hola! Has madrugado! Estoy aquí volando, arriba!!”
Era ese pájaro el que me estaba hablando? Ese pardal tostado? Un gorrión ordinarius? Estoy despierta o soñando? Aquel pájaro me miró, alzó su cabeza hacia el cielo, el pico alineado con el infinito del universo, con un porte de nobleza, en pose de sapiencia y empezó a aletear con fuerza, sin perder la postura, mucho menos la compostura. Sin embargo…no alzaba el vuelo, las patas agarradas a aquella rama… Ahora entiendo el vareo!
Qué estás haciendo? Le pregunté
Volando, es que no lo ves?
No, no lo veo porque no lo estás haciendo
Cómo que no! No ves mis alas como se extienden, suben y baja? No ves cómo estoy dibujando en el cielo?
Es que ese bicho, no se daba cuenta de que no volaba? De que estaba siempre en la misma rama? Empezó a cantar, yo…yo no sé cómo cantan los ángeles del cielo, pero debe ser algo parecido a aquello. Era una melodía envolvente, rítmica, viva, vibrante y a la vez serena. Y allí estaba cantando, moviendo las alas, la cabeza seguía levantada…las patas en la rama.
Y… qué estas dibujando en el cielo?
Quiero dibujar un nido enorme, para encontrarnos todos los nuestros, pero no llego y empiezo a estar cansado.
Has probado a soltarte de la rama?
No puedo!!
Por qué no puedes? No lo entiendo. Eres un pájaro, no un gusano y hasta los gusanos se bajan de los árboles!
Es mi rama! Donde nací y donde me he criado. Esta rama me ha acogido en los días de lluvia, me ha resguardado del sol, me ha protegido de las rapaces y los rapaces. Ha saciado mi hambre, incluso su savia ha calmado mi sed. Es mi hogar y donde mis crías nacerán y se criarán.
Pero…entonces… Cómo vas a dibujar tu nido en el cielo?
Con mucha voluntad y esfuerzo!!
Pero si no puedes llegar!! Ya puedes esforzarte que si no sueltas la rama no vas a llegar. Y en qué nido acogerás a tus crías? Tendrás que ir a buscar ramas, ya casi nada queda del que fue tu casa.
Es suficiente, calla y sigue tu camino ya!!
Se puso a cantar de nuevo y… seguí mi camino, mientras me alejaba, su canto invadió todos mis sentidos. Era una melodía tal… que no encuentro las palabras que la describan, si las emociones que me provocaba, era un mix entre felicidad y tristeza, pasión y resignación, energía y agotamiento. Paró en seco! Casi le podía oír jadear, volví mis pasos atrás, Cómo lo iba a dejar? Parecía descansar por unos momentos, dormido? Extenuado? Me senté en una roca cerca del árbol. A los pocos minutos empezó de nuevo. Pasaron las horas y allí seguía con el mismo tesón, la misma ilusión de volar y dibujar un nido en el cielo donde encontrarse con todos los suyos. Las patas aferradas a la rama, me parecía dulce y cruel a la vez. En silencio le observaba, más horas que pasaban, caía la tarde, sus alas cada vez en un movimiento más lento, la cabeza baja, el pico mirando al suelo…ya no cantaba.
Por qué no descansas? Quizás mañana puedas verlo de otra manera.
No puedo, debo aprovechar la luz del día, de noche no veo el dibujo, me lo tapan las estrellas.
Desde aquí no creo que puedas verlas. Oye, no te gustaría llevar ese hermoso canto a otros lugares del mundo? Donde puedas alegrar y apaciguar otras almas?
Si, pero ya sabes que no puedo soltar la rama
Una lástima, harías mucho bien! Oye…no te duelen las alas? Parece que de tanto esfuerzo se vayan a quebrar y … no sé…ya no podrías volver a dibujar nunca más, sería difícil que con los tuyos te pudieras encontrar, no te parece? Oye… tu crees que esa rama que tanto te quiere, que tanto te ha dado…se molestaría porque la dejaras un rato? Tu crees que se molestaría si la dejas un ratito por tan noble acción? Tu crees que estará feliz de que renuncies a tu naturaleza de volar? Tu crees que no le gustaría presumir de que ese canto es del pájaro que crió? De que ese mismo pájaro dibujó un nido gigante en el cielo? No te parece que ser tu mejor versión fuera, quizás,  el mejor homenaje?
La noche nos arropó a los dos, cubriéndonos con el manto de estrellas más tupido que jamás habían visto mis ojos. Primero él, después yo, ambos caímos en un profundo sueño.
El aire fresco del amanecer acariciaba de nuevo mi cara, la luz tenue del sol…pájaros que cantan… Esa melodía que jamás olvidaré… Abrí los ojos y allí estaba, aquel pájaro, con ese porte de nobleza, esa pose de sapiencia, moviendo sus alas… En mi ventana!! Dí un salto de la cama, me asomé y, antes de que el sol lo rompiera, pude ver un enorme nido dibujado entre las nubes, con una gran manada de pájaros, todos con el mismo canto.
Y ante tal espectáculo… me pregunté…de qué rama me desprenderé hoy?
Olor a café.

Del fuego y de la vida

fuego cafeLa habitación estaba en penumbra, sólo un halo de luz en la esquina del fondo, una luz rojiza, restos de lo que parecía haber sido un buen fuego. Olía a brasas de olivo, cenizas voladas. Se distinguían en la sombra los perfiles de dos sillones, en uno estaba ella. Parecía dormida, la respiración relajada, lola en su falda. Sólo su ronroneo rompía el silencio. La mesa puesta, siempre preparada para el café, rosquillas con consejo. Ramilletes de lavanda y romero fresco.

Hacía ya un tiempo que la visitaba, aquel día la necesitaba especialmente, ya no podía más la vida me superaba. Las cosas por casa no iban bien, desencuentros, nada especial, me sentía sola, el síndrome del nido vacío me estaba consumiendo, demasiado espacio, sin saberlo llenar y esos cambios hormonales, me iban a matar. No me encontraba, y lo encontraba todo mal, perdida y sin querer molestar. Vacío. Y en la oficina…mejor no hablar. Sea como fuere había perdido la sonrisa, esa sonrisa que me caracterizaba, a todos encandilaba, si claro que sonreía pero era una sonrisa falsa, protocolaria, sin vida, difuminada. El alma triste, el corazón roto, el andar arrastrado, la mirada oscura, las manos frías… Sin razón aparente, sin motivo, nada de lo que la vida no te prevenga…nada que una ya no sepa…ningún drama al que culpar, eso me enloquecía, no sabía contra qué estrellar mi rabia a quien culpar de mi tristeza. Por primera vez en mi vida no sabía qué era lo siguiente, ahora qué toca? De Juana de Arco a salvar al mundo!, a Cenicienta despojada, sola, triste…

  • Coge una rosquilla y siéntate a mi lado. Tu llamada me dejó preocupada.
  • Pensé que dormías…
  • Sólo estaba allí donde nada pasa. Te parece si espabilamos un poco ese fuego? Parece que se está apagando, no?
  • (Ese fuego, de qué hablamos? De la chimenea, de mi?)
  • Cielo a ese fuego lo alimentaron ramas de olivo milenario, ramas que en su día estuvieron vivas, daban sus frutos, frutos que daban muy buen aceite y finalmente están calentando mi hogar. Sus cenizas serán abono para la lavanda y el romero. Para espabilar el fuego y que no se apague, primero tendremos que separar las brasas que todavía calientan, limpiar las cenizas viejas, poner de base unas buenas piñas secas, después las ramas finas y finalmente uno de los troncos gordos y verás como arde.
  • (Pero qué me está contando!…Y de lo mío cuando hablamos? Quizás ya está muy mayor, quizás ya no atiende, quizás ya no entiende…mmm cómo me gustan estas rosquillas! algún día le tengo que sonsacar la receta…)
  • Qué curioso es el ciclo de la vida, no crees?
  • Curioso? Yo diría cruel.
  • Cuando parece que ya no queda nada, que ya no hay nada más, resulta que nunca se llega hasta que se llega al Final. Y entre tanto van cambiando nuestros propósitos, el orden de nuestros valores, los valores en sí, nuestra mirada. Lo de menos en ese camino, son los cambios físicos, créeme, aunque es a lo que prestamos mayor atención, lo que más nos preocupa cuando en realidad, lo que duele es la estructura del alma. En ese viaje, en esa danza, se acaban unos roles, se presentan otros queriendo ocupar su lugar y a veces, las más, no estamos preparados, no reconocemos a esos nuevos personajes, no los queremos y no los dejamos salir, nos aferramos a las antiguas estructuras, aquellas que conocemos con las que en un momento nos identificamos, sin darnos cuenta de que ya no son suficiente. Sientes crujir tu interior? Es todo eso, se está cocinando. Es una nueva etapa que empieza que, como las anteriores, está llena de cosas por descubrir, por vivir, por disfrutar, una etapa de mayor libertad, madurez, generosidad. Pero primero hay que limpiar las cenizas viejas, despedirse, hacer su duelo, agradecer, dejarlas marchar en paz. A qué te estás aferrando? Qué es lo que no dejas marchar? Qué es eso que no te deja avanzar?
  • Ya no soy madre, ya no soy mujer, ya no tengo una carrera profesional, te parece poco??
  • Y entonces… qué es lo que eres? Acaso perdiste a tus hijos? Perdiste tu sexo? Tu trabajo? Ya no tienes un hogar? O me habla tu ego viejo? Ya no tienes nada que aportar a tus hijos, a tu pareja, a tus compañeros, a la sociedad, a la vida? Te has parado a escuchar que es lo que piden de ti en esta nueva etapa? Ya nada necesitas tú de ellos? Y qué vas a hacer con lo que aprendiste durante todo este tiempo? Y qué vas a dejar de aprender? Qué es lo que no estás aprendiendo?
  • Pero ya no es lo mismo…
  • Claro que no lo es, en realidad, nunca lo es, no te habías fijado? Mira un poco para atrás y dime, cuando fue lo mismo? Y mira para adelante y dime, a qué no le das la bienvenida? Qué es lo que no dejas entrar? Qué te estás negando? Para qué no te das la oportunidad? Qué necesitas para abrir esa puerta? Qué necesita tu fuego? O Te vas a dejar apagar?
  • (Me voy a dejar apagar? Las lágrimas no me dejan hablar… ciertamente…nunca fue igual…)
  • Cielo, añade un tronco más a ese fuego.

Y volvió a ese lugar donde nada pasa y volvió a reinar el ronroneo de lola y eché ese tronco al fuego porque de ninguna manera lo iba a dejar apagar.