Pero… existen? Sí, existen!

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Por quinto año consecutivo estoy dando clases  en la asignatura de gestión del talento.  Siempre les confieso a mis alumnos que lo que más me gusta de la asignatura es que nos permite hablar de todo, la gestión del talento incluye todo aquello relacionado con el mismo, es decir TODO. Es cierto que intento no entrometerme en las asignaturas de mis compañeros docentes, pero esa visión holística lo que nos permite es acometer reflexiones más allá de lo que son las propias herramientas de gestión que no son más que eso, herramientas de gestión.

En todas las clases me gusta dejar un espacio amplio para el debate y la reflexión, en esta ocasión, en relación a la seducción del talento, que no retención (robo la expresión a mi querida Isabel Iglesias) concluíamos la necesidad, cada vez más evidente, de que los entornos de trabajo sean emocionalmente saludables y de crear una Cultura que permita que así sea, que dé Sentido a lo que se hace. Hablamos del modelo de liderazgo necesario para ello, de la necesidad de coherencia del sistema, de que las herramientas de gestión de RRHH estén alineadas con todo ello y para su consecución, etc… Compartimos, a través de las lecturas, las diferentes acciones concretas que algunas empresas pioneras están realizando y, no pioneras por su tamaño, dimensión o por formar parte de listas de éxitos, sino pioneras por su determinación, por su paso firme en esta dirección; por haber comprendido que, en el entorno actual, la única manera de ser competitivos es poniendo el foco en las personas que son quienes consiguen los resultados. En fin, un acalorado debate en el que alguno de ellos manifestaba la dificultad de gestión por lo intangible del tema, por la falta de argumentos para convencer a la dirección de su necesidad. Alguno de ellos catalogaba de ciencia ficción lo que allí estábamos hablando. Pero existen esas organizaciones?  Existen de verdad o es sólo marketing? Preguntaban otros.

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Pasajes de una vida

red-2097518_960_720Lo reconozco, hubo un momento en que dudé de tus fuerzas, en que no encontraba las mías, en el que, dudando, mataba mis posibilidades, aniquilaba las tuyas. En el que enterraba un futuro bajo los escombros del que no ve o ve sólo lo que los ojos le alcanzan a ver o… lo que un día le enseñaron que debía ser…En el que congelé el presente con el hielo de la duda.

Lo reconozco, hubo un momento en  el que las ganas se desvanecían, el brillo se apagaba, la vibración era tan densa que apenas resonaba. Me costaba volar

Fue  esa fe ciega en el amor, la confianza en la vida y la ayuda de las manos amigas, lo  que me permitieron sentir ese fino hilo que todavía nos unía, ese fino hilo que me retenía, que me impedía salir corriendo, ni a paso ligero, ni a paso lento… Si podía sentir su vibración aunque sutil… algo quedaba para mí. Fuera amor, aprendizaje, experiencia o bagaje…algo quedaba para mí, no iba a dejarlo sin descubrir.

Gracias a esa necesidad mía de entender y saber, de resistirme a lo obvio, a lo aparente, a lo que parece ser.  

Gracias a esa rebeldía mía frente a lo vacio,  a lo que se espera o debería ser

Gracias a sentir que fuera lo que fuese me traía una lección de vida y que esa era mía

Gracias a esa fe ciega en el amor, la confianza en la vida y la ayuda de las manos amigas

Gracias a que tu mirada jamás fue helada, por más que a veces era una mirada perdida, desorientada, asustada.

Gracias a que tus abrazos siempre fueron cálidos

Gracias a que amar estuvo por encima de ganar

Gracias a todo eso, esos momentos pasaron y dejaron a su paso la sabiduría de quienes  han realizado la travesía. Desvaneciendo las dudas, reuniendo las piezas perdidas, puliendo las viejas, añadiendo nuevas, desestimando las que nunca fueron, esperando las que estaban todavía por llegar, por recuperar, por encontrar. Pegándolas con agua de lágrima,  al son de las sonrisas francas. Con ganas, muchas ganas. Aunque quedaran trazas, aunque quedara camino y se atisbaran nuevos vientos con viejas intenciones porque íbamos armados de viejos amores con nuevas versiones.

Hoy recuerdo esos momentos y me conmueven el alma, me sonrío, pocos a mí alrededor saben el por qué de mi sonrisa que, irónica, parece seguir el ritmo del gotero que me alimenta en estas últimas horas de mis días.

Y a lo lejos, muy a lo lejos, me parece escuchar tu música que de nuevo me llama

James Arthur – Say You Won’t Let Go

 

A quien a pesar del viento, jamás soltó mi mano

Photo credit:Pixabay rojo-ave

Agradecida

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No, no es que de repente quiera recuperar el tiempo de silencio en este blog, es que hoy me siento muy agradecida, agradecida a vosotros, a las redes, a las personas que cada día con sus contribuciones nos ayudan a ser más evolucionados, a personas que han sido y son referentes en mi trabajo diario, en mis clases, en mis conversaciones. Agradecida por el reconocimiento que, a mi propia contribución, ha realizado el equipo de Talentier a través del post  24 influencers de RRHH que deberías seguir en linkedin de Anna Sagristà.

Simple y llanamente quería escribir estas líneas de agradecimiento para todos vosotros, para todos ellos.

Photo credit: Robada a Victor Candel….;-)

 

 

Cabezas de Turco

eye-1710285_960_720“Me han despedido. Después de más de veinte años de carrera profesional, compromiso, creencia, apuesta, entrega, continuo aprendizaje…He sido la puñetera cabeza de turco. Antonia, esa tan temida, esa cuya llegada anuncia porque huele muy mal y, sin embargo, tan imposible de esquivar, porque cuando eres la cabeza de turco…tu cabeza ya está cortada y es solo cuestión de tiempo…huele mal.”

Atónita te escucho, cómo vas a ser tú cabeza de turco? Vamos ni tu ni nadie ya, pero… tu? Cómo a estas alturas de la película siguen existiendo cabezas de turco? O…es sólo que es más fácil ser cabeza de turco que autocrítico? No tu no, a ti no te falta autocrítica, más bien siempre te ha sobrado, entonces… qué es lo que ha pasado?

“Antonia, creí en todo lo que representa nuestra función de RRHH, creí, practiqué, empujé, enseñé…me volqué en ayudar en la transformación de la compañía, en conseguir aquella cultura necesaria para llegar a ser. Sentí el vértigo que provoca salirse de la caja, fui el primero en hacerlo, en abanderar el cambio necesario…hoy siento que fui un suicida profesional…me entusiasmé tanto que no me di cuenta de que seguían existiendo callos, callos que nada tenían que ver con las consecuencias del cambio, con su curva, callos con objetivos muy distintos a los del bien común, callos con agenda propia y suficientemente duros como para haber tropezado…callos camuflados, sutiles, callos de guante blanco…”

Escuchaba a Javier y seguía sin dar crédito, es cierto que mi vinculo con él dificultaba ser imparcial, pero aún así, era como transportarse al inicio de mi carrera, a aquellos tiempos en los que existían los “terratenientes”, los “cabezas pensante”, los “ordeno y mando” que además no necesitaban esconderse porque era el estilo del tirano donde se habían criado y donde seguían ejercitando. Pero… de eso hace ya tanto…son tantos los libros escritos sobre el new management, tanta tinta, tantos cursos, tantos cambios, que pensé que ya no eran ni una especie en extinción sino que se habían extinguido sin más. Y, es cierto, que a veces te encuentras dejes de aquellos tiempos…pero plena presencia? Cómo para hacer fracasar un proyecto de compañía? Como para hacer que parezca un accidente?

“Créeme Antonia, por un lado clamaban el cambio en la organización, por otro producían parálisis, miedo, vacío de contenido. Nadie hablaba allí, todo parecía en orden, solo que las cosas no pasaban…hasta que olían mal, hasta que algo estallaba y entonces se buscaba la culpa de quien no lo había gestionado, siendo su responsabilidad… Cuando en realidad, hacía tiempo que la habían capado… Todo bajo una suave capa de maquillaje…que no supe ver… porque a mis ojos ya les faltaba esa mirada…”

Cabizbajo añades: “Una lástima, allí hay muy buena gente”

Me atrevo a compartir hoy con vosotros la experiencia de Javier de hace ya unos meses (hoy Javier está felizmente casado con otro proyecto, en el que estoy segura le irá bien) porque estos días leía un artículo en el que por enésima vez  se hablaba de “El futuro de los RRHH” y si es una función a extinguir y de todos los cambios que debemos emprender en nuestra función. Los que me habéis leído con anterioridad o me conocéis de clase o de un café, sabéis lo crítica que soy con nuestra función, con los procesos absurdos, con el coleccionar políticas, etc… y lo apasionada que soy, uno no puede estar aquí 25 años si no siente pasión o quizás sí, pero entonces para mí ya no son profesionales de RRHH, así lo digo, alto y claro.

Pero ojo! Hoy levanto la voz porque ese artículo parecía que nos hacía responsables de todo lo que pasa, nos hacía poco menos que Dioses de la era moderna  o eso me ha parecido que pretendía. A mi modesto entender, eso es jugar al despiste, es elegir públicamente una cabeza de turco y no es un intento por mi parte de eludir responsabilidades, sino de que cada uno contribuya con su parte, desde la autenticidad, desde la colaboración, desde la comunidad, desde la humildad, desde el brillar sin maquillajes, sin callos, sin falsas voluntades. Y no pido que se allane el camino, pido coherencia, nada más y nada menos.

Pido coherencia con la visión de empresa, pido análisis, profundidad, pido no quedarse en lo que parece, pido buscar las raíces, pido evolución en todas las partes integrantes, pido una apuesta seria, pido transparencia, pido espacio para el desarrollo. Asumo y acepto la responsabilidad de RRHH en ser garante de la Cultura que se defina, en ser responsable de su desarrollo, en  nuestra propia evolución. Pero no acepto los falsos testimonios, no acepto las responsabilidades únicas, me resisto a que a estas alturas siga habiendo cabezas de turco.

Hoy leía a Ricard Lloria “CULTURA ÁGIL, EL CUARTO HÁBITO Y LAS 6 C´S”  y sus palabras sobre el Ego y la competitividad interna, también me han hecho reaccionar, me han animado a escribir estas cuatro líneas a favor de nuevo, de la cultura colaborativa, de la transversalidad, del bien común, del crecimiento conjunto.

Este es el reto que tenemos delante todos los integrantes, cada uno desde su función, desde su experiencia, desde su voluntad y contribución. Y cualquier otra cosa no es más que un canto falso al sol y a mí… de pequeñita no me quisieron en la coral…por más que me gustara y me guste cantar.

Os dejo con Lagarto amarillo y “Dejarse la piel”

“Tuve que ir y volver a la luna
Perderme y jugarme la vida
Tuve que andar al revés
y volver a aprender lo que ya conocía
Tuve que huir al volver de la luna
después de jugarme la vida
Supe que a veces tal vez, hay que dejarse la piel” (la mayoría de las veces!)

 

Se os quiere!!

 

 

Photo credit: eye pixabay

Desenredando

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No me gustan los cierres en falso, no me gustan los cajones abiertos, ni las puertas de los armarios. Sin embargo, siempre necesito saber que puedo abrir una puerta, una ventana al aire fresco. Sentir que por más asfixiante que sea el continente, nunca lo será como para ahogarme porque yo dispongo de la llave. Yo decido si me quedo o me marcho. No como escape, no como una huida hacia adelante, ni tan siquiera hacia atrás. Es una decisión, una opción.

A veces las cosas se nos enredan tanto, que da miedo adentrarse y, sin embargo es sólo adentrando que quizás veamos algo. Es sólo yendo que podemos disponer de todos los datos, sentir las emociones, verdaderas, falsas,  adoptadas, adaptadas. Es sólo estando que desenredamos sin seguir enredando o sin quedarnos con un cómo hubiera sido.

En esas situaciones, a mi me ayuda saber que al igual que en el inicio puedo decidir si entrar o no, puedo decidirlo durante, puedo decidirlo hasta el final.

De jovencita era muy miedosa, me daban terror los túneles del terror (que por algo se llaman así) porque además suelo meterme bastante en el papel, vamos, rozando la más absoluta de las realidades. Sólo podía entrar recordándome que siempre hay vías intermedias de salida, hay una puerta… que jamás tuve que usar. Porque nada estaba pasando en realidad. Eso mismo suele ocurrir muchas veces cuando el enredo es tan grande, conforme vamos entrando, vamos asignando su verdadera dimensión, vamos dándonos cuenta de que muchas partes del enredo no son reales, solo enredos mentales, llegando a la esencia del mismo, pudiéndonos ocupar de esa esencia, centrarnos en ello y decidir si era tal o no el enredo.

Siempre podemos decidir cuándo nos quedamos y cuándo nos marchamos. Hasta donde y cuánto apostamos y hasta dónde y cuánto no. Siempre podemos decidir cuándo abrimos y cuándo cerramos, qué dejamos adentro y qué dejamos afuera. Siempre podemos abrir una puerta.

A veces habrá quien pretenda encallar nuestra puerta,  para que no se abra, para dejarla cerrada. A veces habrá quien ponga un tope para que no se cierre, para colarse, para quedarse.

A veces habrá que hacer algo de limpieza o ponerle algo de grasa. A veces darle un empujón para abrirla o cerrarla, incluso una patada.

A veces sentiremos que hay muchos obstáculos y que ya no quedan fuerzas. A veces nos tentará quedarnos, sin darnos cuenta de que nos estamos asfixiando, enredados  en promesas pasadas, en fantasías, cuentos mal contados, espejismos o historias que siendo para no dormir nos sumergen en su letargo. Ni dentro, ni fuera, ni todo lo contario. Convirtiéndonos en una sombra invisible, en una luz apagada, en un espejo sin reflejo, en una maza sin cantera.

Otras veces iremos a abrir o cerrar con todas nuestras fuerzas y sentiremos, por un momento, la impotencia de su insuficiencia.

Todo ello forma parte de la aventura del desenredo, aunque a veces nos parezca que estamos enredando. Entrando, conservando nuestra llave, aprendiendo, decidiendo, confiando, respirando, sintiendo… iremos desenredando, desenmascarando, quedándonos con la esencia sencilla de las cosas que nos importan.

Y, a veces, siento que así es la vida, un gran enredo imaginario que al final no lo es tanto.

Os dejo con Dani Martin y mira la vida

Mira la vida. Mira la vida, mira. Mira la vida como vuelve y te sorprende. Mira la vida que fondo tiene el cajon. Mira la vida que regala todas las flores que tiene, aunque algunas las arranque con dolor


Se os sigue queriendo.

Photo credit: Pixabay- network

Antonia Arévalo, Life&Executive coach