Te deseo Todo lo mejor

estrella

Como cada año por estas fiestas, me asomo a tu ventana, quiero desearte lo mejor.

A estas alturas de nuestras vidas, ya sabemos que lo mejor no es siempre lo que mas nos gusta o lo que en este momento quisiéramos…lo mejor es aquello que necesitamos para seguir evolucionando en nuestra mejor versión. A veces placentero, a veces no tanto, siempre un regalo!

Por eso quiero desearte todo lo mejor. Y todo es todo.

A veces nos empeñamos y nos convencemos de que no podemos tenerlo todo, cuando a través de esa expresión lo que pretendemos es excluir. Excluir todo aquello que entendemos nos hace sufrir, nos genera dolor, tristeza, angustia, miedo. En la, yo creo, inconsciencia de que con ese deseo, en realidad, estamos deseando quedarnos a medias, sólo con aquello que hemos entendido como bueno, placentero, con aquello que hemos entendido como felicidad, plenitud. En aquello que nos hemos inventado para evitar la parte “tortuosa” del camino.

Deseo que te atrevas, que te retes, que camines y mejor si es descalzo, sintiendo el camino.

Sé que puede considerarse un tópico de las lecturas de autoayuda, con conocimiento de causa, experiencia y plena consciencia, te digo que sólo cuando pasamos esa parte del camino, nos sentimos completos, libres, serenos, eternos. Te digo que no va a pasar nada, que no temas, que tienes recursos, que te lo creas. Te aseguro que te espera una inmensa belleza, que la Vida te acompaña si tú avanzas, que en los momentos de desesperación, sólo hay que confiar y ella te recoge en un abrazo cálido como no puede dártelo nadie más.

Por eso, deseo que sigas pidiendo a la vida aprendizajes, que nunca ceses en tu curiosidad por saber más, por avanzar. Que tengas paciencia y mucho amor por ti mismo. Que celebres tus dificultades igual que tus éxitos, tus tristezas igual que tus alegrías. Porque eso es el verdadero todo, eso es vivir la Vida.

Como cada año, quiero asomarme a tu ventana para darte las gracias, para recordarte que sigo aquí y que me alegra que tú estés cerca.

Como cada año, te envío un inmenso abrazo y te deseo Todo lo mejor.

Photo credit: Google

Del Fuego y de la Vida (II)

fuego cafe

Hacía más de dos años que no visitaba la casa, aunque el contacto había sido continuo. Me temblaban las manos, no atinaba a encajar la llave en la cerradura, temía encontrar la casa fría, desamparada…ella ya no estaba, imaginaba un lugar sin alma, en penumbras…sin el ronroneo de Lola, sin su olor a lavanda, sin rosquillas, sin llamas…Sin Fuego…sin Vida

Ella me había pedido que pasara por última vez por allí y eso era lo único que me mantenía en pie frente a la puerta, esperando a que las manos dejaran de temblar para poder entrar.

Por fin logré abrir y un chorro de luz del sol me deslumbró, entraba por todas las ventanas que, para mi sorpresa, se habían dejado entreabiertas. Seguía oliendo a brasas de olivo, a los ramilletes de lavanda y romero fresco que estaban por toda la sala, incluso más intenso, más adentro. Tal y como me dijo, al fondo, junto a la chimenea casi humeante, los dos sillones, en medio la mesa con un servicio de café y dos rosquillas, al lado un sobre “Para mi niña”. Esa era yo.

Mi querida niña, aunque ya no debería llamarte así porque ya eres una diosa, he visto tu evolución en todos estos años y como te has transformado en lo que hoy eres, como las diosas disfrutan en tu presencia…pero seguirás siendo mi niña porque nunca perderás ese brillo y esa curiosidad, esa inocencia que te permiten seguir mirando con ojos nuevos, que te permiten seguir avanzando y descubriendo nuevos sitios, nuevas sensaciones, experiencias, registros.

Ha llegado la hora mi niña de la despedida y, aunque tú y yo sabemos que no es tal y que sin duda nos volveremos a encontrar, te conozco y sé que no te es suficiente con un nos vemos, que necesitas mis últimas palabras en este momento. Después de tanto compartido, me es difícil encontrarlas, así es que he recurrido a mis cartas y contigo en el corazón, contigo en mi mirada, las he barajado y elegido algunas para ti. Como siempre, no fallan! mira que ha salido: Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad. Ni yo misma las hubiera elegido mejor.

Libertad: Recuerda que eres libre para hacer, estar y ser, nunca perdemos nuestra libertad de decisión, de hacer, de ser, de evolucionar, siempre hay una opción para ello. Recuerda que estás donde quieres estar porque nada ni nadie te obliga a ello, no busques excusas, no busques culpables, no existen circunstancias insalvables. estás donde quieres y has decidido estar.

Serenidad: Para poder ver con claridad. En el sentido de alineación, aceptación, sin dramas, sin agresión. Las cosas vienen como vienen y son por algo, serenidad para entender el porqué, para poder aceptar, para poder entender, para que la lucha no sea tal, para aprender, para evolucionar. Serenidad para saborear lo que la vida traiga, Serenidad para poder sentir el placer, el desgarro, para que puedas fluir y así seguir avanzando.

Humildad: Para entender que solo tienes poder sobre ti y que es desde ti que quizás puedas influir, porque aunque seas una diosa, recuerda que no tienes poderes para hacer que otros cambien, actúen, se transformen. Humildad para no juzgar, para aparcar tu ego, para entender que el otro está donde puede estar, donde ha decidido estar, respetarlo y aceptar e incluso amarlo allí donde está. Humildad para seguir sabiendo que no sabemos y seguir manteniendo esos ojos bien abiertos.

Amistad: Confieso mi niña que esta carta me ha sorprendido, pensé que antes te saldría amor que es lo que tú eres, pero realmente tiene sentido porque tu siempre estás dispuesta a acompañar, a dar la mano, a sostener…hasta que te agotas! y entonces pides ya no solo das y ahí está el sentido de esta carta en que sigas rodeándote de amistad, en que te dejes abrazar, en pedir cuando necesites, en dejar expandirse la generosidad de los demás, en dejarte en sus brazos. Recuerda, a todos nos gusta dar.

Eternidad: Esta me hizo sonreír, es como un último guiño! Eternidad, nada acaba, a lo sumo se transforma, todo es sólo un ínfimo momento de la eternidad y la eternidad da para tanto…siempre tendremos más oportunidades, más circunstancias, en un baile perfecto de idas y venidas, nos encontraremos, nuestras almas volverán a acariciarse, aquello que no pudimos escribir, tendremos la oportunidad de hacerlo, de mejorar sobre lo mejorado, de subir y bajar y volver a empezar. Nada es eterno, más que la eternidad.

Mi querida niña, eres luz, amor, sonrisa, brillo.

Qué te parece si ahora enciendes de nuevo ese fuego y te tomas tus rosquillas y tu café? Por cierto dejé la receta de las rosquillas bajo uno de los ramilletes de lavanda y romero fresco…ahora te toca a ti.

Nos vemos mi niña, de hecho yo te sigo viendo”

Y yo la seguía sintiendo allí, muy, muy dentro de mí. Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad, ese fue su legado, su memoria para mí y, encendiendo el fuego, saboreando el café y las rosquillas con consejo… me sentí libre, serena y eterna, sintiendo como mis mil cachitos dejaban de volar al viento y se iban recomponiendo cada uno en nuevo lugar, alguno nuevo, alguno dejó de estar, alguno olía a lavanda, quizá…. fuera un pedacito de ella que quedó en mi hogar.

Nos vemos mi vieja, te quiero.

Y si me duele?

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“El hombre capaz de gozar agudamente es capaz de sufrir en el mismo grado. El que sólo es capaz de escaso dolor, tampoco puede gozar más que de escaso placer” (Kybalion)

La mayoría de los mortales tenemos pánico al dolor, al dolor físico, al dolor emocional, a cualquier tipo de dolor. Doctor me dolerá? Antonia me hará daño? Nos paraliza la mera idea de llegar a sentir su aguda punzada, imaginamos como nos desintegramos antes incluso de diagnosticar y gritamos que nos pongan anestesia, la epidural, mejor, anestesia general. Pedimos pasar dormidos, desapercibidos, que yo no me entere…ojos que no ven, corazón que no siente. Ante la intuición de que dolerá, no entramos, no lo intentamos, con sucedáneos nos conformamos, nos engañamos, nos autoconvencemos de que quizás ese proyecto, esa relación, esa apuesta…no era tan importante.

Hoy puedo afirmar que cuanto mayor sea la pasión, el amor, la ilusión, la entrega que pongamos en ello, mayor será el dolor y que si, que claro que dolerá y que si no duele, me atrevo a decir que no era verdad, era más de lo mismo, un poquito más de solo soñar, quizás un avanzar lento pero no seguro. Un solo asomar la nariz a ver a qué huele aquí. La apuesta de verdad exige aceptar la posibilidad de sufrir y sufrir no es malo, “sufriendo” se crece, los huesos duelen, los músculos se estiran y nos dan calambres, los estirones dan fiebre. En la edad madura el crecimiento también duele, incluso mucho más. Duele porque supone enfrentarnos a lo desconocido, supone la incertidumbre de entregarse desconociendo el resultado. Son pocos los que inician el viaje porque es muy inquietante, supone romper viejos esquemas, entrar en el caos y no retroceder, avanzar en el experimento de la vida, avanzar por uno mismo, por el propio proceso, confiando en que el resultado será excepcional.

El dolor nos transforma, cuando la vida nos pone delante circunstancias adversas, nos da la oportunidad de hacernos más fuertes, fuertes de verdad, más sólidos en aquello que de verdad somos. Nos da la oportunidad de desprendernos de absurdos esquemas, creencias heredadas, tan apegadas que nos las creemos nuestras, tan apegadas que a veces es necesario romper los huesos, hacerlos polvo fino, mezclarlos de nuevo y crear nuevas estructuras más acordes para sostener lo que auténticamente somos.

La vida nos ayuda a definir lo que de verdad es adversidad, la vida nos ayuda a sentir lo que de verdad nos importa, aquello por lo que estamos dispuestos a cuestionar cualquier adversidad, aquello que se mueve en un nivel de energía tal que nos activa. Ningún proceso es negativo, es sólo energía transformándose (Sergi Torres)

Hasta hace poco creí que el cambio se producía cuando el dolor supera al miedo, y es en parte cierto. Hoy siento que no es sólo eso, no es sólo que el dolor supere al miedo. El cambio profundo se produce cuando el amor supera al dolor y al miedo. Cuando conscientemente elegimos ese camino, aceptamos el dolor, aceptamos el miedo, miramos a la vida y le decimos, vale juego, juego porque siento tu brisa, siento tu calor, siento tu guiño, tus brazos rodeándome y, aunque tengo miedo, aunque el dolor es insoportable, a pesar de todo eso, acepto tu reto. aunque me deje molida, aunque me deje temporalmente desorientada…juego porque me amo, porque veo tu intención, porque ya no desconfío, ya no me enfado contigo, ya no me siento sola, porque sé que ahora toca.

Y si un proceso de transformación siempre es precioso, siempre conmueve, el que resulta del amor a uno mismo, de la aceptación, del entrar consciente en el proceso, del reconocerse los recursos para hacerlo…es exponencialmente más hermoso!

Hace poco alguien me dijo que nada es tan malo o tan grave como parece, yo creo que las cosas son tan malas o tan graves como las siente cada uno, sólo hay que darse la oportunidad de sentirlo de verdad, de entrar en la emoción, fluir a través de ella, de dejar que sea el amor quien guíe, quien venza al dolor, quien acabe con el miedo y es entonces, sólo entonces que sentiremos la gravedad de las cosas en nuestra justa medida.

Te dolerá y recuerda que lo hará de manera proporcional a la intensidad de tu amor, de tu ilusión, de tu pasión… en una proporción de dos a uno, ganando el amor por su masa de mayor intensidad!

“Sentí como retorcían mis huesos cual prenda empapada. Como una vez rotos en miles de pedazos, los machacaban y obtenían un polvo puro, blanco. Sentí como a ese polvo le añadían sal de mar, sustancia solar, unas gotas de lluvia, una pizca de hilo de luna y cristales de azahar. Unas manos finas, casi transparentes, removían la mezcla, moldeaban nuevas estructuras, un aliento cálido las unió. Sentí los músculos agarrándose, la sangre, la linfa, haciéndolas suyas. Sentí el bombeo, sentí el movimiento, sentí la fuerza, sentí el nuevo Ser en el que me había convertido con esa intensa fuerza que da el amor” (alquimia-anónimo)

Os dejo Co la Divina Providencia de Alquimia, Alberto Rionda en su versión acústica

“No te puedo ver, te puedo sentir…
que el destino incierto me acompaña….
forjaré mis pasos cada día..
….El camino sólo se hace al caminar
Hasta el cauce del rio más grande, tu voluntad puede cambiar
Una gota de agua no siempre va a la mar
Una estrella no siempre brillará
Que te lleve el viento a donde quiera
Que tu alma nunca más se pierda
….Cuando las penas no se van,
vive y lucha con firmeza hasta el final”

Se os quiere!

Photo credit: Pixabay el arte

Soy amada!

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De nuevo el olor a azufre ahoga la brisa
Flatulento, podrido
De nuevo la habitación parece más chica
De nuevo se mueve el suelo
De nuevo me estremezco
De nuevo el frío helado
El corazón parado
De nuevo con toda tu fuerza
Poniéndome a prueba
De nuevo no, mucho más intensa

De nuevo me encojo
De nuevo me acongojo
De nuevo me protejo
De nuevo…cierro los ojos
De nuevo las lágrimas surcan mi cara
De nuevo el alma…helada

La luna me llama
El mar me canta
El sol me susurra que soy amada
El aire lleva hacia adentro la mirada
Abrazos cálidos
Voces acariciando
Miradas besando

Una fuerza nueva
Un huracán de emociones
Ojo no sólo hay tristeza!
Ojo! No está solo el miedo
La ira, la ira me da la fuerza
El amor el impulso, la potencia
Mi eje…la vivencia

Y siento que la vida no condena
La vida reta
Y siento su fuerza
Acepto el reto
Esta vez no me quedo lamiendo la piel
Esta vez me entrego
Esta vez me enfrento
Esta vez de lleno
Esta vez sin miedo
Esta vez poderosa

Y aunque sigue oliendo a azufre
Aunque las lágrimas siguen surcando mi cara
No  me encojo
No me acongojo
No me protejo
No cierro los ojos
Mi corazón palpita
Mi alma grita:
Soy  amada!!

Photo credit: Astarté google

La verdadera conversación prende fuego

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Hace ya un par de años escribía, en este nuestro espacio, sobre nuestra naturaleza relacional y la necesidad de mantener aquellas conversaciones  que consideramos “importantes”  y que, sin embargo rehuimos  generalmente porque los miedos se apoderan de nuestra voluntad, miedos de muy diversa naturaleza y un solo objetivo, que es bloquear nuestra necesidad más auténtica de relacionarnos de una manera sincera, a corazón abierto.

Nuestras relaciones personales se configuran a partir de las conversaciones que mantenemos con los otros, conversaciones y relaciones son una misma cosa. Mantenemos una relación con alguien mientras estemos en una conversación abierta y continua, si por cualquier razón la conversación se interrumpe o termina, la relación también se interrumpe o termina… Por más que aparente lo contrario.

Hace unos días, llegó a mí la siguiente cita de Theodore Zeldin:

La verdadera conversación prende fuego. Se trata de algo más que emitir y recibir información. (…) En la conversación no se trata sólo de conseguir información o compartir emociones, ni es únicamente una manera de meter ideas en la cabeza de los demás. (…) La conversación es un encuentro de mentes con recuerdos y costumbres diferentes. Cuando las mentes se encuentran, no sólo intercambian hechos: se transforman, se remodelan, extraen de ellas implicaciones diferentes y emprenden nuevas sendas del pensamiento. La conversación no sólo vuelve a mezclar las cartas, sino que crea cartas nuevas”.

Dicho esto, entenderéis que no sepa  qué más añadir, me parece precioso!! Cómo a través de la verdadera conversación somos capaces de desarrollarnos, de estar más cerca de la verdad, de gestionar los conflictos, de aclararnos a nosotros mismos, de acompañar al otro, de intercambiar, de crecer, de aprender, desaprender, ajustar, reajustar, descubrir, reprogramar, crear…

Quizás, caer de nuevo en la queja de  qué pocas conversaciones reales mantenemos. Quizás hacer la autocrítica, quizás poner en estas líneas una reflexión compartida que nos permita seguir avanzando.

A mi sentir, es curioso que no acabemos de sacar todo el jugo al lenguaje, a nuestra capacidad de relación, de interacción. Creo que escribimos mucho sobre relaciones tóxicas y cómo afrontarlas o eliminarlas de nuestra vida. A veces siento que acumulamos herramientas como el que acumula armas, para ir a la guerra, a la conquista, en defensa. Como para sobrevivir en un entorno poco favorable. En pocas ocasiones leemos artículos que nos animen a ser curiosos con los demás y con nosotros mismos. Que nos animen a descubrir qué hay detrás de esas relaciones tóxicas o de esos entornos poco favorables, que nos animen a descubrir por qué nos resultan de ese modo, a descubrir dónde está la toxicidad, a enriquecer nuestra verdad, a mantener conversaciones en las que podamos expresar y escuchar desde la intención de crear algo nuevo, no desde el querer ganar, brillar, conquistar. O si, pero querer ganar, brillar, conquistar una verdad más enriquecida, una relación más respetuosa para con todos.

En demasiadas ocasiones soy testigo de conversaciones planteadas en términos de ganar/perder, con objetivos preestablecidos que no somos capaces de remodelar en base a nuevas informaciones, enredándose en una especie de espiral hacia quién tiene la razón, en la que se difumina el contexto, en la que se pierde el verdadero objetivo de. En ocasiones a grito pelado, en ocasiones bajo exquisita forma y escaso fondo.

En demasiadas ocasiones escucho eso de ya he hablado con, ya se lo he dicho, cosa que ya me satisface porque supone que se ha tenido la valentía de afrontar esas conversaciones. El siguiente nivel o el único, en realidad, es el modo en el que las afrontamos. Estamos dispuestos a prender ese fuego del que nos habla Zeldin? A crear nuevas cartas?  O seguiremos enredados en nuestras metas y nuestros miedos?

Creo que fue  Anne Dickson quien afirmó que  “En una conversación, lo que recibimos suele ser reflejo de lo que damos”  Estamos dispuestos a investigar, a experimentar sobre esta afirmación? Estamos dispuestos a “arriesgar”? A aceptar que no estamos en posesión de toda, ni gran parte de la verdad? Para que no? Cuál es nuestro beneficio real al no prestarnos al experimento? Yo misma me regaño por no hacerlo más a menudo, por perderme en mis propios registros. Realmente, el resultado más bonito, lo he podido sentir cuando me he dejado en el fluir de una conversación, cuando me he dejado ser curiosa, cuando he prestado interés sincero en lo que allí ocurría, cuando he dejado un espacio de crecimiento a mis palabras, a mis pensamientos, cuando huyendo de batallas, hemos sido capaces de entrelazar pensamientos y palabras.

“La conversación no sólo vuelve a mezclar las cartas, sino que crea cartas nuevas”.

Barajas?

Se os quiere!

Os dejo con Yuna y Deeper Conversation

“And if you don’t mind
Can you tell me
All your hopes and fears
And Everything that you believe in
Would you make a difference in the world
I’d love for you to take me to a deeper conversation
Only you can make me
I let my guard down for you
And in time you will too”

 

 

Photo credit: Pixabay Póquer

Antonia Arévalo, Life&Executive coach