De qué hablamos cuando no hablamos de lo que deberíamos hablar?

image Cuantas cosas no dichas, cuantas cosas escondidas, cuantas cosas ahogadas, cuantas cosas sobre entendidas, cuantas cosas negadas, cuantas conversaciones calladas, cuantas palabras mudas……De qué hablamos cuando no hablamos de lo que deberíamos hablar? Os lo habéis preguntado alguna vez? Conversaciones pendientes, temas sin cerrar que nos encierran, que nos dificultan el avance porque ocupan nuestra mente, nuestras emociones, nuestro cuerpo, nuestro yo entero. Conversaciones que nos sabemos de memoria, que hemos repetido y repetido y repetido tantas y tantas veces…..conversaciones en cautiverio, conversaciones encerradas. Para qué no las dejamos salir? Qué podemos perder que no hayamos perdido ya? Y qué conservamos que no necesitamos? Qué las retiene? De qué hablan? Me dijo, le dije, le tenía que haber dicho, la próxima vez le diré …. A veces no afrontamos esas conversaciones por temor a enfadarnos, discutirnos, a romper el vínculo a que no nos consideren, a perder una relación o un supuesto estatus o posición.  A veces se nos quedan atascadas a medio camino…… Cuando precisamente la solidez de las relaciones se basa en la confianza, una buena relación exige de mejores conversaciones. Nuestras relaciones personales se configuran a partir de las conversaciones que mantenemos con los otros, conversaciones y relaciones son una misma cosa. Mantenemos una relación con alguien mientras estemos en una conversación abierta y continua, si por cualquier razón la conversación se interrumpe o termina, la relación también se interrumpe o termina….. Y si de organizaciones empresariales hablamos, no son otra cosa que unidades, sistemas, construidos a partir de conversaciones específicas basadas en la capacidad de los seres humanos para efectuar compromisos mutuos (Rafael Echevarría) Como escribió A. Machado “Sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da.” Entonces…….Cómo abordar esas conversaciones pendientes, esas tan difíciles, intelectual y emocionalmente? Esas qué tanto tememos que nos salgan mal? Lo primero que debes plantearte es qué es lo que pretendes con esa conversación? ¿Restaurar una relación deteriorada o deteriorarla aún más? Si la respuesta es restaurarla, te sugiero:

  • Prepara bien el mensaje que quieres transmitir, considera tanto lo que quieres como lo que no quieres decir.
  • Cárgate de fundamentos.
  • Descárgate de prejuicios y suposiciones.
  • Muestra apertura para escuchar y para modificar tu punto de vista.
  • Busca un escenario distinto, cómodo, neutro, confiable.
  • Pon corazón, tu destinatario debe sentir que para ti es importante lo que surja de esa conversación.
  • Respira hondo, habla con la mirada, ” la mirada suele ser cómplice de nuestro corazón y en ocasiones hasta amiga de la razón” (W.Shakespeare)

Si lo que quieres es deteriorarla más, no cambies nada, ya vas por el buen camino. Pensar que saldrá bien quizás sea un acto de fe por tu parte, pero pensar que saldrá mal también lo es. Entonces….. Mejor creer en aquello que nos ayudará a avanzar, no te parece? Y si no…. De qué hablarás cuando no hables de lo que quieres hablar?

Tomando el pulso al sistema, conociendo su latido y sintiendo su ritmo

 

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Por más que las noticias empiecen a ser algo más optimistas, lo cierto es que seguimos viviendo tiempos revueltos, tiempos de incertidumbre, de cambio continuo. No sé si podemos seguir llamando a esto crisis o si esto es lo que ha quedado. Sea como sea, desde mi humilde opinión, necesitamos volver a creer, creer en la oportunidad de un futuro, dejar de pensar que esto va a pasar, porque pasará en la medida en que seamos capaces de aceptar y a través de la aceptación transformar, influir, mejorar, crecer y salir.

Pienso que sólo cuando volvamos a estar atentos, conectados, integrados, tendremos la energía para esta travesía. Para ello en las organizaciones tenemos que  construir entornos emocionales sanos, teniendo en cuenta que siempre triunfa el entusiasmo y que  es la fuerza del carácter la que consigue el triunfo.

Seguro que coincidimos en que los líderes de las organizaciones son una pieza fundamental para generar espacios emocionales expansivos y construir sistemas emocionalmente sostenibles.

Es una condición necesaria si, aunque no suficiente, la actitud y el compromiso del resto de miembros de la organización también son determinantes en la consecución de ese estado y no podemos olvidar tampoco que el entorno también va a ser determinante por cuanto condiciona al sistema organizacional.

Parece complicado, pero la teoría de los sistemas dice que cambiando un elemento del sistema, se producen modificaciones en el resto, entonces… ¿Qué pueden hacer los líderes para cambiar el sistema? ¿Qué pueden hacer el resto de miembros? ¿Qué está de nuestra mano hacer como integrantes de ese sistema? ¿Cómo podemos convertirnos en actores protagonistas?

Los líderes como gestores deberán optimizar los recursos de que disponen, consiguiendo resultados, como líderes deberán formular visiones y retos ilusionantes para sus equipos, generar espacios que les motiven y velar por el desarrollo profesional y personal de sus colaboradores. Teniendo siempre presente que los resultados los generan las personas y que es, por tanto, en las personas donde debe estar el foco. Deberán ser líderes resonantes que provocan consonancia entre sus colaboradores y colegas. Líderes emocionales, conscientes de que las emociones son la moneda de cambio de toda relación, de todo sistema. Capaces de despertar en sus seguidores entusiasmo y movilizarlos, encausando las emociones de cada uno de los individuos de tal forma que todo marche como es debido, tomando el pulso al sistema, conociendo su latido y sintiendo su ritmo. Provocando que la energía positiva circule por el sistema, logrando un alto nivel de funcionamiento y, por tanto, el desarrollo de la organización y de sus miembros, es decir, el desarrollo de la organización como sistema.

Por su parte el resto de miembros de las organizaciones deberán tomar las riendas de su destino, asumir su parte de responsabilidad, tomar el reto y reconocerse como miembros activos del sistema con capacidad de influir y transformar, deberán salir de la queja, la crítica o el conformismo, ser ambiciosos con lo que se espera del sistema y contribuir desde una perspectiva positiva a su consecución.

Yo sé que desde la realidad del día a día lo expuesto suena a ciencia ficción, pero si levantamos un momento la cabeza, nos daremos cuenta de que tenemos a nuestro alcance todos los requisitos. A nuestro alrededor tenemos personas expertas en sus funciones, tenemos personas creativas, tenemos personas completas y con capacidad de desarrollo. Tenemos herramientas de gestión que aplicadas con sentido nos ayudan a identificar el talento, el potencial y a despertarlo. Evidentemente tendremos que invertir en desarrollar aquellas capacidades necesarias para el cumplimiento de nuestra misión empresarial y de las que carecemos. Invertir en la adquisición de experiencia, de habilidades, de conocimientos nuevos. Invertir tiempo y confianza, seguramente la inversión menor sea dineraria.  Porque… el desarrollo de las personas es una inversión, no? Con que habilidades si no vamos a conseguir resultados? Cómo nos vamos a distinguir de una commodity? Cómo si no, nos adaptamos y vamos a influir? No es fácil, pero no me digáis que es imposible, como todo lo que merece la pena, merece el esfuerzo. No os parece?

Antonia Arévalo, Life&Executive coach