En qué hemos fallado?

Image En el entorno VUCA en el que vivimos, sabemos que las organizaciones que quieran subsistir deben hacer cambios, es necesario aceptar y adaptarse a las nuevas exigencias cambiantes, a la incertidumbre, la ambigüedad de los mercados en los que actuamos, su cada vez mayor complejidad. Lo tenemos asumido y con ese objetivo, mucha ilusión y no menos esfuerzo, empezamos a diseñar y modificar una y otra vez organigramas, procedimientos, personal….. Sin embargo parece que los resultados que obtenemos en muchas ocasiones, distan de los necesarios y deseados.

Y….. no entendemos qué pasa, si lo estamos intentando todo, si estamos abiertos al cambio, si estamos siendo innovadores….

Se  me ocurre, que una de las causas pueda ser que en la mayoría de los casos centramos esos cambios en lo material, en lo palpable, lo que se ve, en la parte visible del iceberg. Obviando el aspecto emocional de la organización, ese sistema implícito, no visible, no regulado ni procedimentado que sin embargo es dominante y tiene el poder de darnos o negarnos el éxito en el desarrollo de nuestras metas empresariales.

Ese conjunto de valores, creencias, expectativas, experiencias, distinciones, estado de ánimo, habilidades, etc. que identifican al grupo, constituyen su cultura y tienen la propiedad de filtrar todo cuanto acontece en su ámbito. Es su mirada, su paradigma.

La cultura grupal ejerce de contenedor y de transformador de las organizaciones, recoge las emociones colectivas y marca sus pautas de actuación a través de las diferentes funciones y roles sobre los que formalmente se organiza. Da respuesta al para qué existimos (Misión), qué queremos ser (Visión) y cómo queremos conseguirlo (Valores). La cultura grupal es el alma de la organización.

Fernandez Aguado (El alma de las Organizaciones) dice que las organizaciones que logran disponer de ese alma y la mantienen viva, son duraderas y eficaces.

Por tanto, parece que si queremos tener una posibilidad de éxito, debemos considerar también, el aspecto emocional, la parte escondida del iceberg, debemos favorecer sistemas emocionalmente sanos y maduros.

Los sistemas emocionalmente maduros son adaptativos, se revisan y reordenan continuamente, proporcionan un equilibrio a sus miembros entre el orgullo de pertenencia al sistema y la cohesión al mismo y las posibilidades de desarrollo y autonomía personal; promueven valores como la confianza, la autenticidad, la expresividad, el respeto, el crecimiento, la curiosidad, la sensibilidad y el amor, generando así un espacio emocional claramente expansivo y de confiabilidad.

No hay fórmulas mágicas para llegar a estos niveles de madurez emocional, lo fundamental será tener la visión de llegar a serlo, definir la visión, los valores, la misión de la organización, las políticas internas que apoyen su desarrollo en coherencia y no permitir sabotajes.

una visión positiva de nuestro futuro precede al éxito. “….no existe más que una pulsión fundamental que es la pulsión de vida…..cambiamos el mundo cuando somos capaces de imaginarlo de otra manera….” (Dr. Ayerra)

Puedes sentir tus alas?

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Al igual que experimentan las crisálidas, en nuestro camino de desarrollo sentimos momentos de aletargamiento, donde parece que las cosas se han tornado inmóviles, no evolucionamos, está oscuro y quizás nos sintamos solos, algo confusos incluso enfadados con nosotros y con el mundo. Momentos en los que destrozamos nuestras decisiones y actuaciones pasadas y ponemos en duda nuestras capacidades para el presente y el futuro.

Y no nos damos cuenta del gran valor que tienen esos momentos. Forman parte del curso de nuestra metamorfosis que, al igual que a las mariposas, nos lleva al estado de imago, de adulto.

Esos momentos pueden durar a penas minutos, horas o pocos días o servir adicionalmente como fase de reposo esperando a que las condiciones ambientales se tornen más favorables. Son momentos de sabiduría donde lo importante es no dejar de sentir nuestras alas, la pasión de lo que nos mueve, siendo ambiciosos con lo que queremos, respetando nuestras etapas de metamorfosis porque cuanto más oscurece, más cerca estamos del amanecer.

Maturana, conversaciones colaborativas para un mundo cambiante

Image “En un mundo cambiante habrá errores y habrá conocimientos que queden obsoletos. Pero la conducta inteligente y la continua apertura a la reflexión que corrige los errores y expande la conducta creativa, nunca quedarán obsoletos…..cuando en un mundo que vive un presente en permanente cambio, convivimos sin miedo al error, en un espacio abierto a las conversaciones colaborativas y a la reflexión, vivimos a pesar del cambio en un espacio emocional de armonía que llamamos bienestar”.

Antonia Arévalo, Life&Executive coach