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Como el algodón de azucar

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Como el algodón de azúcar, delicado, aromático, frágil, intenso, dulce, volátil, deseado, pegajoso, suave…esponjoso…

A veces con la sensación de quedarme atrapada entre sus hilos, pegada cual tela de araña, inmovilizada; a veces con la sensación de volar, fluir, a veces con la de esfumarme lentamente en los labios de alguien; a veces con la de desintegrarme con un simple soplido, o la de quedarme pegada, enredada, olvidada,  a veces sintiendo su deseo de devorarme. A veces poderosa bajo su color rosa. A veces…ligera como el aire, porosa, permeable, voluminosa. Sin forma determinada, líquida, gaseosa…

El algodón de azúcar no nació así, el azúcar requiere de un proceso de transformación a base de  fuego y aire, a base de dar muchas vueltas hasta casi volverse loca, hasta que la centrífuga consigue su efecto y surgen los hilos de azúcar y, de repente, crece, crece y crece y  en torno a su eje, toma su forma. Transformándose de sólido a líquido para poder volver a ser. El azúcar pierde su estructura rígida, perfecta, cristalina resultando unas hebras suaves, flexibles, amorfas. Resultando un dulce irresistible.

Como el algodón de azúcar, vulnerable.

Como el algodón de azúcar, amorfa.

Y ya no busco, ya sólo giro, sabiendo que el girar es mi motivo, es mi sitio. Ya sólo vivo, sabiendo que el vivir es mi lugar, mi proceso de mejorar, evolucionar. Consciente del fuego, del aire, de los giros, de la transformación. Consciente de mi eje, consciente de mis hebras, de la forma que voy tomando. Y ya no busco, ya soy, ya ando, caigo, acepto, me levanto, sano.

Como el algodón de azúcar, irresistible.

Se os quiere.

Photo credit: Pinterest

Todo llega

img_1493Dicen por ahí que todo llega…yo creo que llega lo que tiene que llegar, básicamente llega lo que estemos preparados para ver, quizás no llegue, quizás siempre esté y es nuestro sentir torpe o adormecido quien no lo puede ver.
Dicen por ahí que las cosas son cuando pueden ser… Quizás las cosas siempre son y están ahí para cuando las podamos ver, para cuando estemos preparados para recibirlas, siéndonos invisibles, incoloras, insonoras, sinsaboras … en nuestro caótico recorrer.
Quizás a veces vamos tan obsesionados buscando… que no encontramos. Tan obsesionados con la búsqueda… que se nos olvida lo que estábamos buscando.
Quizás ya las tenemos y nuestra mirada elevada al horizonte de lo que queda por llegar, no nos las deja apreciar.
Quizás sin perder la curiosidad, lo que hay que hacer es dejar de buscar, para empezar a saborear.
Quizás las cosas son mucho más simples, seguro que las enredamos.
Con estas reflexiones inicio mis vacaciones que, como todo lo que esta por llegar, ha llegado.
El año pasado ya renuncié a viajar con una maleta llena de por si acasos y preparé una maleta muy especial, ligera de equipaje para “andar liviana, andar descalza, andar sin peso, empaparme de lo que haya, llevarme casi nada y traer de todo puesto” Este año, una mochila me basta, voy a casa, voy al ahora, a impregnarme, a enamorarme del lugar donde estoy, a estar con lo que me importa, con eso que no necesita espacio, porque no ocupa lugar, a percibir lo que hay, su color, su sonido, su sabor, su olor. A pisar tu arena, a respirar tu sal, a que tus caricias me acaben de sanar, a escuchar como el sol rompe en la madrugada, como el aire susurra en tu noche, como las cocinas inundan de aromas caseros tus callejones, como el duende tomas esos mismos callejones en la noche, a despertar despacito…a no dormirme más, para no necesitar buscar lo que no se ve pero está.
Nos leemos a la vuelta.
Se os quiere!