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Te cuento

bedroom-floating-jumping-1313376-oDicen que la vida a veces tiene momentos de locura…

Yo no creo que sea locura, creo que esos momentos son de absoluta cordura, que lo que pasa es que la vida grita, grita para que rompamos la caja, para que nos salgamos de ella, para que nos liberemos de los corsés falsos que nos hemos inventado con la intención de protegernos de sus vaivenes, como si con ello se pudiera y, en realidad…lo único que conseguimos es incapacitarnos para la vida misma. Como el que anda siempre con muletas, como el que no se desprende de su cedula protectora tras una rotura ósea, como respirar con bombona a mil metros sobre el mar…como anestesiarnos para que no duela el respirar, el palpitar, el ser. Esa es la locura. La vida sólo nos grita como opción para reconducir nuestro error, para volver a la cordura del vivir plenamente.

Y ya podemos explicarnos mil cuentos y justificaciones, basados en razonamientos absurdos por inventados, por ajustados a la realidad que queramos evitar, por esquivar las aguas bravas, en un intento más absurdo, si cabe, de eludir el trasiego de vivir. En la fantasía de burlar esa realidad, ideando una realidad paralela a la que hemos llamado sistema, en el que todo está normalizado, regulado, razonado…justificado…todo maquillado porque lo cierto es que si no…quizás duela demasiado.

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Tercera derivada

everystockphoto-nasa-space-52948-oSi la función f ‘ es derivable, podemos calcular la derivada de esta función y obtenemos una nueva función que llamamos derivada segunda de f y representamos por f ”. Si razonamos de forma análoga con f ”, podemos obtener la derivada tercera de f que llamamos f ”’ y así sucesivamente: f iv, f v,…
No me he vuelto loca, ni he reconvertido Mayeútika en un blog de exactas… Es sólo que me tiene impresionada nuestra complejidad y eso me ha llevado a los tiempos (hace ya…) en los que descubrí el maravilloso e infinito mundo de las derivadas, en el que suposición tras suposición, tras suposición, debíamos encontrar un resultado, a veces un punto de inflexión, aquel en el que la función cambia de sentido (o algo así creo que era).
Y vuelvo a ese mundo cuando me pierdo en la complejidad de nuestros comportamientos, cuando me pierdo en la complejidad de las interpretaciones, de las suposiciones, cuando me faltan datos, cuando las lagunas me impiden entender qué está pasando. Cuando la necesidad de entendimiento, de comprender, hace que rellene esos espacios en blanco. Es entonces que empiezo con las derivadas y para cuando me doy cuenta aparezco en un lugar desierto, un lugar árido, un lugar inventado, un punto de inflexión. Que poco o nada tiene que ver con lo que quizás sea porque una de las derivadas que introduje fue el miedo, otra fue la protección, otra la rabia, otra los celos, quizás venganza, quizás resentimiento, inmovilismo, instinto de conservación, cualquier cosa menos esencia, menos intuición auténtica, menos amor.
Y ya te puedes reír, pero sé que a ti también te pasa.

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Hay días…

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Hay días en los que da igual lo que la vida nos traiga… que no nos va a gustar, hay días en los que no somos capaces de descifrar su lenguaje, en los que no podemos escuchar su mensaje, no entendemos sus driblajes. Días en los que renunciaríamos a todo porque no entendemos ningún porqué, días en los que han desaparecido los paraqués, días en los que el vino sabe a amargo café, en los que no nos encontramos y sentimos que todo está al revés. Hay días…

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Cómo?

rose_petal_path_724316_oMe escuchas atento, sin perderte detalle, curioso, expectante. Me miras a los ojos, me miras con esos ojos tuyos de ese azul profundo, me miras con una mezcla de cariño, admiración, asombro, añoranza. Tu mirada se pierde en tu pensamiento, por unos instantes tus ojos ensombrecen, te marchas, no sé a dónde. Cuando vuelves me preguntas Cómo. Cómo se hace eso de atreverse, de dar el paso adelante. Con la mirada crispada y el aliento cortado, casi no te salen las palabras, me preguntas Cómo se enfrenta uno a los miedos, Cómo atreverse a romper esquemas, Cómo se sale del camino de lo preestablecido, Cómo decepcionar expectativas. Con la mirada perdida me preguntas Cómo se cura el dolor del alma.

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Es en los momentos difíciles…

imageLo dice el saber popular, el de verdad, no el refranero tradicional del que se puede dudar, lo dice el saber popular, la experiencia vital. En los momentos difíciles es cuando nos descubrimos, en los momentos difíciles es cuando les descubrimos.
Esta reflexión requiere una aclaración previa de qué es un momento difícil. Para  mi es simple, un momento es difícil si lo es para quien lo esté viviendo. No hay mediciones externas para los momentos difíciles. Es difícil o no, sólo para el que lo vive y no para el que lo presencia. La vara de medir del que presencia no aplica, sólo la de quien lo vive. Así, vaya por delante que carece de todo valor, sentido, oportunidad o criterio el que desde fuera se valore la situación de otro como de tontería, estupidez, menudencia o minucia. Que carece de todo valor, sentido, oportunidad o criterio el que desde fuera se valore la reacción de otro como dramática, catastrofista, histérica o exagerada. Sólo el que lo vive puede definir un momento como difícil o no, porque lo es en función de lo que sentimos.
Precisamente por esa definición, es en los momentos difíciles en los que nos descubrimos y en los que les descubrimos.
Nos descubrimos porque es en esos momentos en los que nos apercibimos de nuestra valentía o cobardía. Es en esos momentos en los que no nos podemos engañar, en los que sabemos si actuamos por el impulso de vivir o por el impulso de sobrevivir. Nosotros lo sabemos, independientemente de las historias que nos expliquemos, de las historias que expliquemos, nosotros sabemos si el impulso es para vivir o para sobrevivir. Sabemos si estamos mirando de frente o de reojo a lo que viene; sabemos si le echamos pecho o espalda; sabemos si corremos a su encuentro o en dirección contraria. Y como me decía mi amigo Mariano el otro día “…hay que echarle muchos huevos para asumir según qué momentos” y me lo decía Mariano a quien le pilló de lleno el corralito y, con su familia y nada más que lo puesto, se vino para España, es cierto, “lo puesto de Mariano” era muy grande, el valor que da la confianza en uno mismo, la confianza en la vida, la confianza en quien te acompaña. Es cierto, pero quien decidió salir corriendo a su encuentro fue él, seguramente había otras opciones… Hay que tener muchos h… para darle un giro a tu vida y encontrarse con la Vida, el giro es tan cerrado que de entrada no tiene perspectiva, es como entrar con los ojos cerrados. Hay que tener muchos h… para afrontar los momentos difíciles mirándolos de cara, de frente, a corazón abierto. Por eso, es en esos momentos que descubrimos para nosotros nuestra propia calidad humana. Y si no nos engañamos, si con nosotros somos sinceros, entraremos en ese giro a la Vida aunque sea con los ojos cerrados.
Es en los momentos difíciles que les descubrimos. Igual que descubrimos nuestra propia calidad humana, descubrimos la de quienes están a nuestro alrededor. Es en nuestros momentos difíciles que podemos ver su verdadera alma. Y así aparecen ángeles a los que ni siquiera les habíamos puesto nombre, ni cara, mucho menos alma y nos acompañan. Aparecen los que ya estaban y nos envían rosas, besos, abrazos, saludos virtuales. Nos regalan abrazos de oso y algún que otro chiste para arrancarnos una sonrisa. Nos acarician con su silencio o con su mirada. Nos inyectan energía con su admiración incondicional, su comprensión infinita. Nos recogen en sus brazos, nos regalan sus oídos, nos envuelven en palabras de confort para que podamos seguir nuestro camino. Son quienes ya se quedarán para siempre en nuestro corazón, porque estuvieron en nuestro momento difícil.
Y ya lo sabéis, también en esos momentos difíciles descubrimos a quienes estaban no sabemos ya muy bien por qué o para qué porque se esfumaron antes del primer alba, dejaron un vacio, una herida o un rasguño, nunca llamaron, ni escribieron, ni se asomaron, ni nos arroparon en sus brazos, ni nos acariciaron con sus palabras o reconfortaron con su mirada… ni un mensaje de whatsapp… A estos también los llevo en mi corazón, he aprendido a hacerlo, aunque sea en un lugar pequeño, a entender que para ellos lo difícil fue mi momento difícil, no puedo entrar a valorar, intento no juzgar, por supuesto no guardar rencor, no exigir… Todavía no he aprendido a no esperar porque la esperanza es lo último que queda… Carecería de todo valor, sentido, oportunidad o criterio por mi parte entrar a valorar su momento difícil. A ellos también los descubrí.
Y también están los que “estaban” y se “quedaron” pero sólo para señalar, juzgar, opinar, criticar, manifestar lo que hicimos mal, augurar malos días, castigos divinos, plagas y mil años de mala suerte. Los que nos hablan sin mirar, los que abrazan sin apretar, los que hablan sin escuchar, los de piel fría y besos de mantequilla. A ellos también los descubrí y carecería de todo valor, sentido, oportunidad o criterio por mi parte entrar a valorar su momento difícil, pero no los puedo llevar en mi corazón, pesan demasiado para mi camino, para mis fuerzas, para mi destino, no permitirían mi giro a la Vida, y ese es un lujo que no me quiero permitir.
Es en los momentos difíciles que nos descubrimos, que les descubrimos.
Un abrazo intenso!