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NO!!!!

nooMe gustaría a través de este post, dar una visión diferente del “no”, a ver si, entre todos, le damos su lugar en nuestro camino de crecimiento. Es una palabra clave para ello, una palabra mágica, de esas que construyen realidades y sin embargo la tenemos normalmente capada, castrada, apartada, prohibida, maldecida.
Normalmente no nos gusta decir que no.
A veces no nos gusta decir que no, por no perdernos oportunidades. Eso les pasa a los curiosos, a los exploradores, viven en el mundo del sí o del por qué no? Porque les gusta abarcar cuanto más mejor y luego pasa que el que mucho abarca poco aprieta.
A veces no nos gusta decir que no, por no molestar al otro, por si no me querrán, por agradar. Eso les pasa a los serviciales que son felices con la felicidad de los demás o eso dicen.
A veces no nos gusta decir que no, por ayudar, contribuir, porque nos hace sentir indispensables. Eso les pasa a los salvadores del mundo que o son ellos o no hay nadie.
A veces no nos gusta decir que no, por no enfadar, por no levantar vientos, por evitar un conflicto. Eso les pasa a los temerosos que lo hacen escudándose en honor a reine la paz.
A veces no nos gusta decir que no, por no destacar, por seguir la línea, ser uno más. Eso les pasa a los escurridizos, a los que no quieren brillar amparados en que brillen los demás.
A veces no nos gusta decir que no porque alguien nos explicó que no es de buen samaritano, que es de egoístas, como si ser egoísta fuera algo malo.
A veces no nos gusta decir que no por mera vergüenza a mostrar lo que necesitamos.
A veces…
A veces me he encontrado sin poder decir que no por no perderme la oportunidad, por no molestar, por salvar, por no enfadar, por no destacar, por…. A veces somos curiosos, a veces serviciales, a veces salvadores, a veces temerosos, a veces escurridizos, a veces samaritanos, a veces vergonzosos…
Sea como sea, somos capaces de encontrar mil motivos, mil razones para no pronunciar el adverbio.
Y ya la tenemos liada, ya sabemos entonces lo que nos pasa, nos saturamos, no llegamos, nos frustramos, nos ahogamos, nos agotamos, nos enfadamos, no saboreamos, ni disfrutamos. En algunas ocasiones explotamos. Donde no queríamos decir que no…acabamos gritando; donde queríamos disfrutar al máximo…nos acabamos amargando.
Y esto es tan común, que si escribes en el buscador “decir no” saldrán millones de artículos, libros, recomendaciones en torno al tema. De hecho, yo me resistía a escribir sobre ello…uno más!! Pero es que parece que no nos damos cuenta.
Como en todo lo dual, el sí, no existiría sin el no. Si no incluimos el no, estamos excluyendo el sí con todo su significado, con toda su entrega…emitimos un sí capado, falso, opaco, condicionado, sometido, subyugado. Nosotros mismos nos presentamos de esa manera, capados, falsos, opacos, condicionados, sometidos, subyugados. Al evitar el no, nos evitamos, evitamos nuestras necesidades, evitamos nuestros límites, nuestros valores. Al privarnos del no, nos privamos y privamos a los otros de nuestra contribución de valor, de nuestra perspectiva, de nuestra realidad, de nuestro saber hacer, decir, ser y sentir. Al limitar al no, nos limitamos y sin embargo no respetamos nuestros límites y, en el fondo, tampoco los límites de los demás pues los pasamos cual meras señales de tráfico, sin mostrar el respeto que unos y otros se merecen, nuestros límites marcan nuestra legitimidad.
Evidentemente que no digo que el no reine nuestras vidas, abogo por darle su lugar, el lugar que necesitamos que tenga para seguir creciendo, para seguir evolucionando.
Cuando decimos no honramos tanto como cuando decimos sí, siempre y cuando uno y otro sean sinceros, auténticos, respondan a nuestras necesidades, a lo que queremos, a nuestros límites, al disfrute. Un no, no significa romper nada, siempre puede ir acompañado de una opción que encaje en nuestras necesidades. Y no pasa nada si se dice sí en consideración del otro cuando es auténtico, cuando borró nuestro no. El matiz viene cuando decimos sí por razones que nada tienen que ver con el amor a uno mismo, al otro. Cuando responde a razones enclavadas en el miedo. Es entonces cuando nos perdemos.
Qué hubiera pasado si siempre nos hubieran dicho si?
Ahí dejo esa reflexión, quizás sea un buen ejercicio, recuerda los no que has recibido, sé consciente de a dónde te han llevado, si te han ayudado, qué puertas te abrieron si es que lo hicieron, o que puertas cerraron para que se abrieran otras…

Os dejo con el poema de Hugo Finkelstein “NO”:
“Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo”

Mil besos!

Photo credit: Pixabay YES/NO

 

Seducción

seducc feather-1063583_960_720Esta semana he tenido el privilegio de compartir mesa con un compañero de viaje, de esos que van por el carril de al lado, de esos que te acompañan en paralelo y en un momento dado te encuentras compartiendo vehículo, en una conversación que nunca hubieras esperado porque de no haber convergido no se hubiera dado. En principio se trataba de una reunión “profesional”, hasta que surge una especie de magia, una complicidad en la mirada y se abre el libro por cualquier página, se toma el hilo y se acaban compartiendo experiencias de vida que se complementan una a la otra, se enriquecen, se dan luz, energía, sabiduría. Esto es muy típico de los buscadores porque somos curiosos, somos y estamos y a la que nos apercibimos de ese brillo especial, se nos olvida cual era el motivo original para tomar el auténtico, el que sabemos que nos va alimentar, nos va a hacer evolucionar, mejorar. No dudamos ni un momento y entramos de lleno en aquello que nos llamó la atención, la atención del alma.
Y así, en ese devenir, se centró la conversación en el tema de las relaciones, en el tema del amor.
Sin saber cómo ni por qué Victor me explicaba la diferencia entre seducir y amar, me decía Antonia, la seducción viene del latín seductio que significa acción de apartar; seducere significa conducir, guiar a otro hacia el camino que a uno le interesa, desviándolo del suyo propio, atraerlo fuera del camino que llevaba. En el diccionario de la lengua española se define en primera acepción como “engañar con arte y maña” Y eso… eso no ocurre en el amor, en el amor se desea la felicidad del otro, sin apartarlo de su camino, el camino común fluye solo, en un danzar armónico de las almas.

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Tercera derivada

everystockphoto-nasa-space-52948-oSi la función f ‘ es derivable, podemos calcular la derivada de esta función y obtenemos una nueva función que llamamos derivada segunda de f y representamos por f ”. Si razonamos de forma análoga con f ”, podemos obtener la derivada tercera de f que llamamos f ”’ y así sucesivamente: f iv, f v,…
No me he vuelto loca, ni he reconvertido Mayeútika en un blog de exactas… Es sólo que me tiene impresionada nuestra complejidad y eso me ha llevado a los tiempos (hace ya…) en los que descubrí el maravilloso e infinito mundo de las derivadas, en el que suposición tras suposición, tras suposición, debíamos encontrar un resultado, a veces un punto de inflexión, aquel en el que la función cambia de sentido (o algo así creo que era).
Y vuelvo a ese mundo cuando me pierdo en la complejidad de nuestros comportamientos, cuando me pierdo en la complejidad de las interpretaciones, de las suposiciones, cuando me faltan datos, cuando las lagunas me impiden entender qué está pasando. Cuando la necesidad de entendimiento, de comprender, hace que rellene esos espacios en blanco. Es entonces que empiezo con las derivadas y para cuando me doy cuenta aparezco en un lugar desierto, un lugar árido, un lugar inventado, un punto de inflexión. Que poco o nada tiene que ver con lo que quizás sea porque una de las derivadas que introduje fue el miedo, otra fue la protección, otra la rabia, otra los celos, quizás venganza, quizás resentimiento, inmovilismo, instinto de conservación, cualquier cosa menos esencia, menos intuición auténtica, menos amor.
Y ya te puedes reír, pero sé que a ti también te pasa.

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Para qué tantas vueltas?

roundabout-429453_1280Ya sabéis, a estas alturas, que me encantan las conversaciones, en general casi todas, en especial las buenas. Con un buen café, una infusión, alrededor de la mesa, con una copa de vino o un gin tonic de esos que ahora están tan de moda (definitivamente tendré que aprender a prepararlos), paseando por la playa, al arropo de las estrellas.

A veces las buenas conversaciones se dan en los lugares más sorprendentes. En el tocador del baño, esperando el turno en la frutería, en la cola de embarque, entre dos paradas de metro o mientras te cosen un bajo del pantalón.

Son esas microconversaciones, micro por cortas que no por intensas. Esas entre desconocidos o casi, ésas que duran nada pero penetran. A veces pienso que es la Vida que se las apaña para hacernos llegar sus mensajes.

En una de ésas me vi yo la semana pasada, no me preguntéis en qué circunstancias porque hay cosas que sí o sí hay que guardar en la intimidad. Sólo os diré que la “conversante” llevaba una bata blanca. Y no me preguntéis cómo pero surgió el tema de los procesos de coaching. Bata blanca me explicaba que hacía ya unos años hizo un proceso, que realmente en aquel momento de su vida le fue fenomenal, pero que, como todo, llegó a su fin y el coach “le dio el alta” (argot del mundo de la medicina, nada que ver con el coaching). El coach le dijo que realmente él ya no podía hacer nada más por ella y que además estaba pasando por un mal momento. Bata blanca estaba impresionada y he aquí la mejor parte de la conversación: “Antonia, me quedé perpleja, realmente yo estaba fenomenal, lo que me impresionó es cómo alguien a quien yo consideraba de vuelta, un referente, experimentado, sereno…también tuviera sus momentos. Cómo es posible? Para qué entonces tantas vueltas? Si al final se vuelve a caer?”

Allí siguió ella con su reconocimiento y yo con su pregunta Para qué? Para qué si volvemos a tropezar?

Ya en la puerta de la consulta, le dije: “Bata blanca, no volvemos a tropezar, sí tropezamos de nuevo pero ya no más en el mismo lugar y sí caemos, claro que caemos, pero  de más alto y ya no tan hondo y, sin duda nos levantamos más rápido o seguimos el camino como podemos, porque sobre todo en él confiamos, de él nos hemos enamorado. En el recorrido de ser nuestra mejor versión, nos sentimos felices, nos sentimos plenos” Y sin más, nos despedimos hasta el siguiente año.

Mientras iba hacia casa recordé una reflexión de Mihaly Csikszentmihalyi (reconocido investigador de la psicología positiva, si no habéis leído su libro Flow, os lo recomiendo!) “La felicidad no es algo que sucede. No es el resultado de la buena suerte o el azar…No parece depender de acontecimientos externos, sino de cómo los interpretamos…Las personas que saben controlar su experiencia interna, son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices”

Recuerdo que Mihaly desarrollaba el concepto de experiencia óptima definiéndola como algo que hacemos que suceda.

Desde mi experiencia ese es el secreto, cuando tomamos las riendas, cuando somos los guionistas de la historia, cuando nos reservamos el papel de protagonistas. Cuando nos adelantamos, cuando no esperamos aletargados a ver que nos trae la vida, a ver si se pasa, a ver qué hacen ellos, a ver si lo dice, a ver si lo siente, a ver si lo entiende, a ver si lo entiendo, a ver si viene, a ver si se va.

Pero ay queridos! ser protagonistas no es gratuito. Ser protagonista implica primero conocerse, conocerse adentro, desprenderse de lo aparente, ser valiente, mirar de cara a los miedos, agarrarse a lo nuestro más auténtico, ser egoísta, ir contracorriente, no conformarse con lo establecido, escuchar al corazón, alinear con la razón, bajar las aguas bravas. Implica amarse incondicionalmente. Y como leía esta mañana en un precioso post de @merceroura (Vivir dos veces), aguantar las miradas de quienes no se atreven. Ser protagonista requiere de una pizca de locura, locura por la Vida.

Y es entonces que no nos importa caer, porque no es caída, no nos importa el mal karma, porque no es mal karma, es camino. No nos importa despeinarnos, porque nuestro pelo siempre hondea al viento, ni las magulladuras porque cicatrizan a besos. Abrazamos los desaires y los miedos propios y ajenos.

Para qué Bata blanca? Para dibujar el contenido de nuestra propia vida.

Os dejo con Green day y su Good Riddance  “it’s something unpredictable but in the end is right, I hope you had the time of your life !” (Es algo impredecible, pero que al final está bien. espero que hayas tenido el momento de tu vida) Gracias Marc por descubrirme esta canción!

Abrazos!

Photo credit: peonza pixabay