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Sin juicio??

file0002141718171No enjuiciar no significa no tener juicio ni criterio o posicionamiento, preferencias o tus propias tendencias.

No enjuiciar no tienen nada que ver con la carencia de valores. Tiene que ver con la eliminación de creencias, etiquetas o verdades absolutas. Tiene que ver con el Respeto, con la Integración, la Aceptación de verdades distintas a las nuestras.

No enjuiciar es la clave para poder escuchar, para poder aprender, para tener la opción de evolucionar, completándonos con las verdades de los demás.

No enjuiciar es aceptar al otro como es con su verdad, tan digna de respeto como la nuestra.

Estamos acostumbrados a emitir juicios, etiquetas; a posicionarnos según esas, a defender nuestras posiciones, a iniciar las cruzadas que hagan falta. A incluir o excluir según ellas.

Desde ese enjuiciar, desde nuestros posicionamientos, siempre estaremos a medias, por no decir a cuartos o a ciegas.

Es como describir una botella de agua que está en el centro de una mesa desde la única perspectiva de uno de los infinitos puntos del perímetro de la mesa. Jamás sabríamos que es una botella si no es sumando las perspectivas de cada uno de esos infinitos puntos, integrándolas y sólo entonces tendremos una idea de algo que se acerca a una botella de agua en el centro de una mesa.

Es desde esa integración del todo que nos acercamos a lo más parecido de su realidad.

Es desde la integración de todos los matices de cada Ser Humano que nos acercaremos a lo más parecido de nuestra autenticidad, de la verdad porque hay tantas verdades como seres humanos en este mundo u en otro que de momento no conozcamos.

Difícil tarea, a veces confieso, la siento imposible. Para que esa integración se diera debiéramos desterrar a los egos, los protagonismos, las creencias, las etiquetas, los miedos. Para desterrarlos debiéramos transformarnos por dentro, hacer el viaje a nuestro ser auténtico, desnudarnos hasta que no quede ni la última traza de todo ello. Y ese desnudo requiere de valentía, de confianza, de fe en la vida; de humildad, de confiabilidad.

Y si, es como la pescadilla que se muerde la cola… si tengo miedo cómo voy a tener confianza o valentía, si mi ego es grande y mi protagonismo me alimenta, cómo voy a ser humilde..

Y sin embargo, nos vamos paseando anunciándonos como poseedores de verdades absolutas.

Un buen paso de inicio es reconocer que esas verdades son solo las mías compartirlas como dignas que son y querer ver cómo son las verdades de los demás, tener interés, curiosidad, aprender, entender, cambiar de geografía, cambiar de lugar, entrar en su piel, sentir su verdad. Y desde ahí ir completando la mia. Dejar entrar a los demás a entender, sentir y experimentar nuestra verdad, dejarles curiosear, que se impregnen y también puedan avanzar. Hacer este ejercicio nos ayuda a desprendernos de juicios, de etiquetas, de creencias, de miedos. Y a veces nos dolerá por lo que vemos en ellos, y a veces nos dolerá por lo que descubrimos en nosotros y siempre nos enriquecerá por lo que logramos avanzar.

Y habrá un día en que nos levantaremos y descubriremos que podemos escuchar mejor, que no enjuiciamos o al menos no tanto y, al principio sentiremos como que de repente no tenemos juicio, no tenemos criterio, ni posicionamiento. Y al principio nos sentiremos extraños como si hubiéramos perdido los parámetros, la sangre, el nervio…como si nada importara, como si todo estuviera bien, como si me diera igual.. Y, si somos capaces de aguantar en esa sensación unos segundos y no nos vence el pánico, es entonces que somos capaces de ver, de sentir, que en realidad lo que nos pasa es que hemos aprendido a escuchar sin emitir juicios sobre el otro, respetando su verdad. Nos daremos cuenta de que nuestro propio criterio permanece, aunque mucho más rico ahora, mucho más integrador. Nos daremos cuenta de que no hemos perdido el juicio, lejos de ello, parece que por fin lo hemos encontrado, parece que estamos más centrados, que nuestras decisiones son más rápidas e incluso acertadas, que las cosas empiezan a fluir a un cierto ritmo, que mi pasos son más rápidos y sólidos, que voy adquiriendo confianza, valentía, que no necesito ir imponiendo mi verdad porque ya sé que sólo es mía y, como más, lo que hago es ponerla a disposición de los demás para que sus pasos también sean más ligeros, más seguros, más rápidos.

Y esta es una de mis verdades que pongo a vuestra disposición.

Os dejo con una versión muy especial de True Colors

“yo veo tus verdaderos colores 
Brillando a través de ti
Veo tus verdaderos colores
Y es por eso que te amo
Así que no temas mostrar
Tus verdaderos colores
Tus verdaderos colores son hermosos
Como un arcoíris”
Mil besos!!

Photo credit: Botella morguefile

NO!!!!

nooMe gustaría a través de este post, dar una visión diferente del “no”, a ver si, entre todos, le damos su lugar en nuestro camino de crecimiento. Es una palabra clave para ello, una palabra mágica, de esas que construyen realidades y sin embargo la tenemos normalmente capada, castrada, apartada, prohibida, maldecida.
Normalmente no nos gusta decir que no.
A veces no nos gusta decir que no, por no perdernos oportunidades. Eso les pasa a los curiosos, a los exploradores, viven en el mundo del sí o del por qué no? Porque les gusta abarcar cuanto más mejor y luego pasa que el que mucho abarca poco aprieta.
A veces no nos gusta decir que no, por no molestar al otro, por si no me querrán, por agradar. Eso les pasa a los serviciales que son felices con la felicidad de los demás o eso dicen.
A veces no nos gusta decir que no, por ayudar, contribuir, porque nos hace sentir indispensables. Eso les pasa a los salvadores del mundo que o son ellos o no hay nadie.
A veces no nos gusta decir que no, por no enfadar, por no levantar vientos, por evitar un conflicto. Eso les pasa a los temerosos que lo hacen escudándose en honor a reine la paz.
A veces no nos gusta decir que no, por no destacar, por seguir la línea, ser uno más. Eso les pasa a los escurridizos, a los que no quieren brillar amparados en que brillen los demás.
A veces no nos gusta decir que no porque alguien nos explicó que no es de buen samaritano, que es de egoístas, como si ser egoísta fuera algo malo.
A veces no nos gusta decir que no por mera vergüenza a mostrar lo que necesitamos.
A veces…
A veces me he encontrado sin poder decir que no por no perderme la oportunidad, por no molestar, por salvar, por no enfadar, por no destacar, por…. A veces somos curiosos, a veces serviciales, a veces salvadores, a veces temerosos, a veces escurridizos, a veces samaritanos, a veces vergonzosos…
Sea como sea, somos capaces de encontrar mil motivos, mil razones para no pronunciar el adverbio.
Y ya la tenemos liada, ya sabemos entonces lo que nos pasa, nos saturamos, no llegamos, nos frustramos, nos ahogamos, nos agotamos, nos enfadamos, no saboreamos, ni disfrutamos. En algunas ocasiones explotamos. Donde no queríamos decir que no…acabamos gritando; donde queríamos disfrutar al máximo…nos acabamos amargando.
Y esto es tan común, que si escribes en el buscador “decir no” saldrán millones de artículos, libros, recomendaciones en torno al tema. De hecho, yo me resistía a escribir sobre ello…uno más!! Pero es que parece que no nos damos cuenta.
Como en todo lo dual, el sí, no existiría sin el no. Si no incluimos el no, estamos excluyendo el sí con todo su significado, con toda su entrega…emitimos un sí capado, falso, opaco, condicionado, sometido, subyugado. Nosotros mismos nos presentamos de esa manera, capados, falsos, opacos, condicionados, sometidos, subyugados. Al evitar el no, nos evitamos, evitamos nuestras necesidades, evitamos nuestros límites, nuestros valores. Al privarnos del no, nos privamos y privamos a los otros de nuestra contribución de valor, de nuestra perspectiva, de nuestra realidad, de nuestro saber hacer, decir, ser y sentir. Al limitar al no, nos limitamos y sin embargo no respetamos nuestros límites y, en el fondo, tampoco los límites de los demás pues los pasamos cual meras señales de tráfico, sin mostrar el respeto que unos y otros se merecen, nuestros límites marcan nuestra legitimidad.
Evidentemente que no digo que el no reine nuestras vidas, abogo por darle su lugar, el lugar que necesitamos que tenga para seguir creciendo, para seguir evolucionando.
Cuando decimos no honramos tanto como cuando decimos sí, siempre y cuando uno y otro sean sinceros, auténticos, respondan a nuestras necesidades, a lo que queremos, a nuestros límites, al disfrute. Un no, no significa romper nada, siempre puede ir acompañado de una opción que encaje en nuestras necesidades. Y no pasa nada si se dice sí en consideración del otro cuando es auténtico, cuando borró nuestro no. El matiz viene cuando decimos sí por razones que nada tienen que ver con el amor a uno mismo, al otro. Cuando responde a razones enclavadas en el miedo. Es entonces cuando nos perdemos.
Qué hubiera pasado si siempre nos hubieran dicho si?
Ahí dejo esa reflexión, quizás sea un buen ejercicio, recuerda los no que has recibido, sé consciente de a dónde te han llevado, si te han ayudado, qué puertas te abrieron si es que lo hicieron, o que puertas cerraron para que se abrieran otras…

Os dejo con el poema de Hugo Finkelstein “NO”:
“Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo”

Mil besos!

Photo credit: Pixabay YES/NO

 

Primeras impresiones, segundas miradas

woman-510480_1920La primera impresión es lo que cuenta, lo dicen las buenas normas de comportamiento, lo dicen los expertos, disponemos exactamente de entre diez y treinta segundos para que quien tengamos en frente nos clasifique, nos ponga su etiqueta: apto, no apto, interesa, no interesa, me gusta, no me gusta. Diez segundos para que nosotros hagamos lo mismo, consideremos o descartemos en función de esas primeras sensaciones. Basado en nuestro instinto de defensa y supervivencia, necesitamos hacer evaluaciones al momento, decidir si quien tenemos delante es de confianza o supone una amenaza. Ese, que era un instinto de supervivencia, se ha convertido en una forma cotidiana de relacionarse, expandiéndose a multitud de ámbitos que no debieran entenderse como de amenaza, así las entrevistas de trabajo colectivas o las speed dating, ocho minutos para decidir si es el amor de tu vida.

Nos hemos instaurado en una velocidad de crucero tal que aquello de que la primera impresión es lo que cuenta, se ha instaurado como norma universal y así encontraremos multitud de artículos en los que se nos explica cómo gestionar esos segundos para causar una buena impresión, artículos en los que se nos recomienda ser puntuales, empáticos, amables, sonreír, mostrar una actitud positiva, transmitir confianza, cuidar la vestimenta, la higiene, el maquillaje, el perfume, preparar el slogan que define nuestra personalidad y mil otras cosas más…

Nos la jugamos a una, se la jugamos a una… porque no hay segunda oportunidad para una primera impresión.

Es inevitable el dejarnos llevar por esa primera impresión, pero…seguro que no vale la pena volver a mirar? Iniciar la aventura de descubrir quien hay detrás? Las primeras impresiones no son inocentes, ni neutras o asépticas, no están embasadas al vacío, ni carentes de nuestra propia carga emocional, prejuicios, miedos, creencias, enseñanzas, necesidades. Se rigen por lo que en psicología se llama saliencia, que no es otra cosa que el resorte que salta a nuestro entendimiento cuando conocemos a alguien, aquello que llama nuestra atención, obviando al resto. Se tiñen con el efecto halo que nos hace generalizar en base a una característica concreta.

Lennox_Globe,_by_B.F._Da_CostaQué nos estamos perdiendo detrás de todo eso? Podemos confiar en nuestros propios filtros? De dónde salieron? Y lo que más susto me da… si todas mis relaciones las corto por el mismo patrón… Cómo me estoy enriqueciendo? Cómo puedo incorporar nuevas perspectivas? Cómo abro mis horizontes? No hay mejor medicina para los propios miedos que juntarse con quien no tiene esos, porque será capaz de acompañarnos hasta nuestros límites, de invitarnos a mirar más allá, de ayudarnos a descubrir que no eran tal, que no es verdad que aquí hay dragones, que lo que hay es territorio sin explorar, zonas desconocidas. Que mejor que acompañarnos por quienes ya han estado en ese lugar?

Hace ya tiempo que escucho a mis primeras impresiones, pero para el efecto contrario, cuando alguien me provoca esa especie de rechazo automático, cuando alguien levanta mis alarmas, lejos de salir corriendo… me quedo, me quedo y espero, me quedo y buceo, compruebo, miro más adentro, curioseo, pongo a prueba mis pensamientos, mis sensaciones, mis miedos, mis prejuicios, busco sus orígenes, sus raíces, a veces las arranco, a veces las dejo. Y si la primera impresión me arrasa…con más razón me quedo a bucear, quiero saber más, quiero saber si es real, quiero saber cómo de eso me puedo impregnar más, entender qué es lo que me atrae, con qué me identifico, dónde está, de dónde viene, a donde va…

Y así con esas segundas miradas, voy construyendo algo nuevo, más rico, más completo, más flexible, más permisivo, más humano. Descubro nuevos horizontes para mi, descubro grandes personas detrás de primeras impresiones “pobres” y “pobres” personas detrás de primeras grandes impresiones.

Así me permito explorar, descubrir, entablar conversaciones profundas con personas conocidas, desconocidas, a veces anónimas, a veces ya están, a veces están de paso, a veces se quedan, a veces se van, y siempre, siempre dejan algo.

“La curiosidad no mató al gato, le hizo descubrir que tenía siete vidas” (MT Saenz)

Un abrazo!

Photo credit: Pixabay descubrir mujerwikipedia Lennox

Mil gracias, con todo y sin más

1000_watchers__mil_gracias__by_tamalesyatole-d5ju416Llevo ya dándole vueltas, me es difícil encontrar las palabras exactas que describan mis sentimientos, las emociones que me rondan cuando me hacéis partícipe de vuestros progresos… Vivo las emociones muy intensamente y me da la impresión de que cualquier cosa que escriba se queda corta a la hora de expresar lo que siento, tengo la sensación de que me falta añadir mi mirada, mis silencios, mi presencia, mi sonrisa, mis abrazos. Me resulta más difícil cuanto más intensa es mi emoción. O sea que de inicio os hago una petición y es que multipliquéis por tres, no cuatro, cuatrocientos, un millón! lo que hoy aquí, siento la necesidad de escribiros.

Y me vais a permitir que me pase al tu porque quiero que este mensaje sea directo para ti que ahora me estás leyendo, para ti que me estás permitiendo acompañarte en esta etapa del camino, para ti que me acompañas.

GRACIAS A TI!!!

Gracias por creer en ti, gracias por dejar que te acompañe y sobre todo gracias porque haciéndome partícipe me permites estar más cerca de quien soy.

Te cuento, mi concepto de “gracias” ha evolucionado en los últimos años. Ha pasado de ser una expresión de la categoría de lo educacionalmente correcto, de lo que se espera se diga ante la recepción de un servicio, un gesto, una información…sin más contenido, sin más sentido, sin más sentimiento. Como el que dice hola qué tal sin interrogación, sin esperar en realidad respuesta… A ser una expresión de profundo reconocimiento, de sincera gratitud. Fonéticamente sigue sonando igual, pero te aseguro que para nada tiene el mismo sentido.

Tiene que ver con el pedir y el dar, el dar y el pedir sin sentir deuda, sin sentir carga, sin sentirme deuda, sin sentirme carga. Tiene que ver con el reconocimiento de mi vulnerabilidad, de mis límites, de mi necesidad de ayuda y de mi necesidad de ayudar. Tiene que ver con el reconocimiento de lo que tu me das, de que “gracias” a tus gracias yo puedo continuar completando mi proyecto vital, permites que lo mío también sea posible…permites hacer de mi propósito de vida una realidad.

Hace un tiempo no me gustaba que me dieran las gracias, me incomodaba y seguramente era por no ser capaz de reconocer en los demás esa contribución necesaria para conmigo, yo podía sola, qué iba a necesitar? Para qué incordiar? Qué pedir? Y como yo no podía pedir, no podía recoger las gracias de los demás… gracias a qué? Siempre contestaba lo mismo: “No me des las gracias….” Era una manera de que el otro no sintiera la deuda, de que yo no sintiera la carga, de no sentir yo la deuda, de no sentirme yo la carga…

Hoy siento que “ GRACIAS” es de las palabras más bonitas que nos podemos decir, hoy he cambiado la mirada, hoy cuando te digo gracias es desde el más profundo reconocimiento a tu contribución para mi persona. Cuando recibo tus gracias lo hago desde el más profundo reconocimiento de mi contribución a tu persona. Sin deuda, sin carga, con libertad.

Y hoy necesito darte las gracias porque he recibido las tuyas. Las recibo cuando me lees, cuando me escribes en este espacio o en otro, cuando me dejas acompañarte, cuando me miras de esa manera, cuando te veo avanzar y celebras, cuando me cuentas, cuando no puedes y te acercas, cuando te cuidas, cuando te atreves, cuando en tu gesto puedo ver la revelación, la sorpresa, el cariño, cuando a tus ojos se asoma tu esencia. Siento tus gracias …con tanta intensidad… que a veces creo que mi corazón va a estallar.

Y las recojo, recojo tus gracias, las recojo desde ese nuevo lugar en el que sé que los dos nos acompañamos de igual a igual. Yo te acompaño en lo que tu hayas decidido, y como hayas decido, a través de los posts, a través de los procesos de coach, de nuestras conversaciones, de nuestras clases, de nuestros trabajos, da igual a través de qué. Te acompaño con lo que soy. Y quiero que sepas que tu también me acompañas, que cada vez que me lees, me llamas, me cuentas, te acercas… cada vez que a tus ojos se asoma tu esencia… cada vez que me reconoces, me permites estar más cerca, más cerca de mi propósito de vida, de mi esencia, de lo que soy, me permites estar más cerca de la tuya, de la autenticidad de lo que nos une.

Por eso, te pido que cada vez que sientas que necesitas darme las gracias, cada vez que sientas la necesidad de reconocerme en tu camino… me lo digas  por favor porque así yo también tendré la oportunidad de dártelas por esa mirada que nos acerca.

Hoy puedo dar y recibir un gracias exento de deuda, exento de carga, exento de ego. Repleto de reconocimiento, acompañamiento, posibilidad, generosidad, legitimidad, ternura, humildad.

GRACIAS!

Y si me permites, ahora ponte los cascos, sube el volúmen, cierra los ojos y siente esa libertad que nos une.

Y si me permites… no esperes mucho tiempo a dar las gracias a esas personas que, mientras me leías, mientras escuchabas la música, han venido a tu cabeza, han salido de  tu corazón. 

Un abrazo!

Yo etiqueto, tú etiquetas…

etiquetasEtiquetamos, necesitamos eticar todo, nuestro entorno sólo tiene sentido si logramos clasificar cada cosa , cada persona , cada elemento en una casilla. Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.

Etiquetamos porque nos da seguridad sobre el terreno. Si lo tenemos en una casilla, no es desconocido, si no es desconocido no me da miedo o al menos no tanto. Etiquetamos para identificar, definir, comparar, calificar, dominar, controlar. Y normalmente lo hacemos en un pis pas, es tan rápido que, si no nos observamos, no nos damos cuenta de que hemos etiquetado, somos verdaderos especialistas etiquetadores.

Yo me pregunto… y de dónde hemos sacado el conocimiento, sabiduría y osadía para hacerlo? Porque, además, nada nos frena a etiquetar,  junto al respirar es de las pocas cosas que nos atrevemos a hacer sin dudar. Todos nos sentimos con el conocimiento mas que suficiente para hacerlo…bien, mal, correcto, incorrecto, válido, inválido, Qué vértigo me da!!

Hay cosas que son de orden básico, una silla es una silla porque así hemos decidido llamarla (en castellano, claro) y todos estaremos de acuerdo en que entra en la categoría de mueble y que sirve para sentarse. Ya no estaremos tan de acuerdo en si es cómoda, bonita, útil, resistente, segura… Y llegará alguien a mi casa y le diré no te sientes ahí que es muy bonita pero muy incomoda y le privaré a mi silla de hacer su función…y no dejaré que mi invitado decida si para él es cómoda o no, la silla es incómoda, punto.

Allá cada uno lo que haga con los muebles de su casa,  pero …y con las personas? Somos conscientes de que hacemos exactamente lo mismo? Ponemos etiquetas como el que hace pompas de jabón, sin darnos cuenta de que muy probablemente le estemos privando de su función esencial como ser humano: desarrollar sus infintas posibilidades. Nosotros ya hemos decidido que la silla no es cómoda y será dificil hacernos cambiar de opinión. Fulanito es tonto, perengano es un gamberrete, menganito es serio, menganita es una snob. No esperes que zufanito acabe a tiempo, nunca lo hace. Zufana es fuerte, puede con todo no te preocupes. Los catalanes son…, los gallegos.., los vegetarianos…, los …. Todos toditos con su etiqueta.

Una vez colocamos una etiqueta ahí se queda y no nos damos cuenta del daño que hacemos, no nos damos cuenta del sufrimiento que generamos y no nos damos cuenta de que la mayoría de veces es infundado. La mayoría de veces adoptamos las etiquetas que han puesto otros en base a sus experiencias, expectativas, juicios y creencias, que lamento deciros…no son universales, son sólo las nuestras por muy extendidas que sean. Nos damos cuenta de que no nos permiten avanzar? No nos permiten avanzar a nosotros porque no nos permiten descubrir y disfrutar de otras facetas de esas personas. No permiten a esas personas evolucionar, no al menos a nuestros ojos, seguro que ellas avanzan, cambian, crecen, pero nos tienen que abandonar, tienen que alejarse de nosotros, desaparecer porque simplemente nuestros ojos no los ven, ven un algo de lo que quizas estuvieran siendo una vez, ven una etiqueta, pero no ven lo que hoy están siendo, no lo quieren ver, no está en su mirada. Yo tambien me alejo de quien no me deja crecer, de quien no me deja cambiar, de quien no me deja ir siendo, de quien no me ve…me llamaron mataperros.

Especial sensibilidad me genera cuando las etiquetas son tamaño infantil, tamaño adolescente, no sé vosotros, yo con eso no puedo. Quién es nadie para permitirse el lujo de ponerles etiquetas? Nos damos cuenta del “regalito” que les estamos haciendo? Niño eres tonto, niño eres torpe, niño no te enteras, niño eres lento, es que a ti te cuesta, tu eres de excelentes y no llegas, es la niña buena… Cuantos adultos me he encontrado que todavía arrastran “sus etiquetas” soy lento, soy torpe, a mi me cuesta, no necesito ayuda, no decepciono… Nos las hemos creido, algunas son inofensivas o menos dañinas, otras son mortales. Casos de fracaso escolar, de exclusión social, de adicciones graves, tienen su raiz en aquellas “inofensivas” etiquetas.

Y vamos a seguir etiquetando? Y vamos a seguir quedándonos con esas etiquetas? Y vamos a quedarnos tan anchos? Seguiremos jugando con nuestras pompas de jabon? Seguritos en nuestro sistema de casillas? Tu aquí, tu allí y yo tiro porque me toca. Yo aquí, yo aquí y no tiro porque me lleva la corriente…

Me llamo Antonia y etiqueto, me llamo Antonia y me dejo etiquetar y estoy aquí para superar esta tremenda adicción. Y quiero conservar mi etiqueta y quiero que escribas en mi etiqueta porque mi etiqueta es especial. En mi etiqueta está escrito lo que una vez estuve siendo y que me ha permitido hoy estar siendo, está escrito lo que hoy estoy siendo y que me permitirá seguir siendo otra cosa y hay espacio para seguir escribiendo y quiero que tú me ayudes a escribirlo, pero desde la posibilidad, la oportunidad y el respeto.

De oca a oca y tiro porque ya me toca. y tú?