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Levantar la mano

five-hands-finger-648806-oHace unos días entraron a robar en mi casa…

Cada uno vive su hogar como lo vive. Para mí, mi casa, no son solo cuatro paredes, es donde vivo, despierta o dormida depende del día y de la hora del día. Donde convivo con los míos, donde recibo a mi gente, donde comparto momentos inolvidables por alegres, tristes, densos e intensos. Donde huele a bizcocho recién hecho, a chimenea, a café, a infusión de hierbabuena o a lavanda fresca. Donde corre el aire mañanero, donde el sol vuelca su calor, azota el viento y la lluvia pica en las ventanas. Donde la intimidad da lugar a las caricias y al acto de amar. Mi casa es mi continente, continente de emociones y vivencias. Es mi templo, donde me siento segura, donde me siento yo, donde soy, donde camino descalza y muchas veces desnuda, dejando que su armonía acaricie mi alma.

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NO!!!!

nooMe gustaría a través de este post, dar una visión diferente del “no”, a ver si, entre todos, le damos su lugar en nuestro camino de crecimiento. Es una palabra clave para ello, una palabra mágica, de esas que construyen realidades y sin embargo la tenemos normalmente capada, castrada, apartada, prohibida, maldecida.
Normalmente no nos gusta decir que no.
A veces no nos gusta decir que no, por no perdernos oportunidades. Eso les pasa a los curiosos, a los exploradores, viven en el mundo del sí o del por qué no? Porque les gusta abarcar cuanto más mejor y luego pasa que el que mucho abarca poco aprieta.
A veces no nos gusta decir que no, por no molestar al otro, por si no me querrán, por agradar. Eso les pasa a los serviciales que son felices con la felicidad de los demás o eso dicen.
A veces no nos gusta decir que no, por ayudar, contribuir, porque nos hace sentir indispensables. Eso les pasa a los salvadores del mundo que o son ellos o no hay nadie.
A veces no nos gusta decir que no, por no enfadar, por no levantar vientos, por evitar un conflicto. Eso les pasa a los temerosos que lo hacen escudándose en honor a reine la paz.
A veces no nos gusta decir que no, por no destacar, por seguir la línea, ser uno más. Eso les pasa a los escurridizos, a los que no quieren brillar amparados en que brillen los demás.
A veces no nos gusta decir que no porque alguien nos explicó que no es de buen samaritano, que es de egoístas, como si ser egoísta fuera algo malo.
A veces no nos gusta decir que no por mera vergüenza a mostrar lo que necesitamos.
A veces…
A veces me he encontrado sin poder decir que no por no perderme la oportunidad, por no molestar, por salvar, por no enfadar, por no destacar, por…. A veces somos curiosos, a veces serviciales, a veces salvadores, a veces temerosos, a veces escurridizos, a veces samaritanos, a veces vergonzosos…
Sea como sea, somos capaces de encontrar mil motivos, mil razones para no pronunciar el adverbio.
Y ya la tenemos liada, ya sabemos entonces lo que nos pasa, nos saturamos, no llegamos, nos frustramos, nos ahogamos, nos agotamos, nos enfadamos, no saboreamos, ni disfrutamos. En algunas ocasiones explotamos. Donde no queríamos decir que no…acabamos gritando; donde queríamos disfrutar al máximo…nos acabamos amargando.
Y esto es tan común, que si escribes en el buscador “decir no” saldrán millones de artículos, libros, recomendaciones en torno al tema. De hecho, yo me resistía a escribir sobre ello…uno más!! Pero es que parece que no nos damos cuenta.
Como en todo lo dual, el sí, no existiría sin el no. Si no incluimos el no, estamos excluyendo el sí con todo su significado, con toda su entrega…emitimos un sí capado, falso, opaco, condicionado, sometido, subyugado. Nosotros mismos nos presentamos de esa manera, capados, falsos, opacos, condicionados, sometidos, subyugados. Al evitar el no, nos evitamos, evitamos nuestras necesidades, evitamos nuestros límites, nuestros valores. Al privarnos del no, nos privamos y privamos a los otros de nuestra contribución de valor, de nuestra perspectiva, de nuestra realidad, de nuestro saber hacer, decir, ser y sentir. Al limitar al no, nos limitamos y sin embargo no respetamos nuestros límites y, en el fondo, tampoco los límites de los demás pues los pasamos cual meras señales de tráfico, sin mostrar el respeto que unos y otros se merecen, nuestros límites marcan nuestra legitimidad.
Evidentemente que no digo que el no reine nuestras vidas, abogo por darle su lugar, el lugar que necesitamos que tenga para seguir creciendo, para seguir evolucionando.
Cuando decimos no honramos tanto como cuando decimos sí, siempre y cuando uno y otro sean sinceros, auténticos, respondan a nuestras necesidades, a lo que queremos, a nuestros límites, al disfrute. Un no, no significa romper nada, siempre puede ir acompañado de una opción que encaje en nuestras necesidades. Y no pasa nada si se dice sí en consideración del otro cuando es auténtico, cuando borró nuestro no. El matiz viene cuando decimos sí por razones que nada tienen que ver con el amor a uno mismo, al otro. Cuando responde a razones enclavadas en el miedo. Es entonces cuando nos perdemos.
Qué hubiera pasado si siempre nos hubieran dicho si?
Ahí dejo esa reflexión, quizás sea un buen ejercicio, recuerda los no que has recibido, sé consciente de a dónde te han llevado, si te han ayudado, qué puertas te abrieron si es que lo hicieron, o que puertas cerraron para que se abrieran otras…

Os dejo con el poema de Hugo Finkelstein “NO”:
“Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo”

Mil besos!

Photo credit: Pixabay YES/NO

 

Al otro lado de la Libertad

swing-in-winter-1389402“Antonia, sentía que debía hacerlo, lo sentía en lo más profundo de mi ser, era como una fuerza que me atraía, como si algo me impulsara desde lo más adentro de mi ser. A ver si me explico, no me sentía arrastrado, más bien impulsado, podía sentir como las palabras se asomaban a mi boca, las podía oír. No estaba en absoluto de acuerdo con lo que mi jefe y mis compañeros estaban diciendo, sentía que estaban dejando de lado importantes detalles y perspectivas para tomar la decisión, sentía su miedo ante lo desconocido, sentía mi impulso.. Y a pesar de todo ello, no pude porque mi miedo también se apoderó de mí y empecé a convencerme de que no era mi guerra y de que si todos lo veían así, para que iba a mojarme yo, encima jugándome una posible promoción…Lo cierto es que sentí un gran vacío, sensación de fraude, quizás es lo que soy”

“…Antonia, me estaba jugando el bonus del año, sabes como ando económicamente desde que despidieron a mi pareja. Sé que no he sido honesta, no he contribuido con mi mejor saber, me hace sentir mal pero de verdad, tuve miedo.. vaya mier..”

“ Al final no fui al evento, sabía que estaría allí, que sería una oportunidad para provocar un encuentro, al menos saludarnos, poder mirar a sus ojos, ver qué asomaba en su mirada. Pero el miedo al rechazo, fue más fuerte que las ganas, el miedo a mostrarme interesada…Soy idiota…”

“…no puedo estar escondida toda la vida, angustiada, evitándolo, cuando además sé que lo que necesito es una conversación, cerrar el tema si hay que cerrarlo, pero cerrarlo bien..mientras siga abierto, siento que no puedo seguir con mi vida..me siento paralizada por el miedo a su indiferencia…”

“Me lo sabia, había estudiado fuerte, desde mayo preparándolo bien, quería lucirme, sacar buena nota, me jugaba el acceso. Pero oye eso del oral me mata y encima en sala abierta, Tu sabes la de gente que estaba? Todo el mundo pasaba por allí a ver qué se cocía… Cuando fue mi turno, me dio vergüenza ser el empollón…”

Y así podría seguir escribiendo hasta agotar la capacidad del blog. Deje de leer quien no ha sentido miedo, quien no lo siente en este momento. Deje de leer quien no ha sentido y siente el conflicto entre lo que quisiera decir o hacer y lo que dice o hace. Pero sé sincero contigo porque si vives en este mundo, sientes miedo. El miedo es inherente a nuestra naturaleza, el miedo nos muestra un déficit de capacidades para afrontar una situación concreta, el miedo nos muestra un área de aprendizaje. Pero las situaciones descritas van más allá de eso, son situaciones en las que nos vemos por los condicionamientos, no es que no tengamos las capacidades, es que nos sentimos condicionados. Condicionados por las otras obligaciones, condicionados por los criterios de actuación establecidos. Sabemos lo que queremos decir o hacer, sabemos lo que sentimos. Disponemos de argumentos racionales y emocionales y, sin embargo, no nos atrevemos, nos secuestramos en una red imposible de argumentos externos, argumentos y razones que limitan nuestra libertad interior. Alguno estaréis pensando que los argumentos de los ejemplos son de peso, claro que lo son!! La pregunta a hacerse es Cómo me siento después de tomar la decisión de? Me siento bien? Satisfecho, asertivo, coherente? Sereno? o Me siento mal? Cobarde, vacío, incoherente? Inquieto? Esa es la medición de nuestra libertad interior, a lo que hay que estar atento. Todos los días nos encontramos en situaciones de más o menos conflicto entre el entorno y nosotros mismos. Todos los días tenemos la oportunidad de ir ganando la batalla para nuestra libertad interior, de practicar, de atrevernos, de darnos cuenta que conforme más coherentes somos, más sólidos nos volvemos y de mayor libertad disponemos. De darnos cuenta de que nuestro verdadero valor, nuestra mayor contribución viene del ejercicio de esa, nuestra libertad interior, que cuanto más la alimentamos, más grandes nos hacemos para con nosotros, para con todos, mayor es nuestro valor, mayor nuestra capacidad de empatía, de amor, de creatividad, de aprendizaje, de integrar a los demás y a uno mismo.

No es fácil, lo sé, en esos momentos de conflicto, el suelo tiembla, lo sé, uno puede sentir hasta una especie de huracán, se siente en medio de una especie de torbellino, a veces dan hasta vahídos. Ese es el justo momento para tomarse unos segundos y conectar con uno mismo, centrar la atención en aquella parte de nuestro cuerpo donde sabemos que sentimos nuestra libertad interior, sumergirse allí adentro, testear cómo me estoy sintiendo, qué es lo que está pasando allí, integrar eso también en la toma de nuestra decisión, confiar en ello porque es nuestro criterio más sincero, nuestra fuente básica, libre de todo condicionamiento cultural, político, religioso, económico o del ego. Libre de todo lo que nos reprime, constriñe o diluye.

La decisión de emprender o no este viaje, es sólo nuestra, qué vas a decidir? Nos vemos al otro lado de la libertad?

Os dejo con Sara Bareilles y Brave! (No os perdais la letra, es preciosa!!)

Un abrazo!

Photo credit:Swing in winter

Una ventana al mundo

2thrumywindowJamás había entrado en esta habitación, jamás, siempre pasando de largo, a veces de puntillas, casi siempre sin hacer ruido, sólo una vez rocé el pomo de la puerta y me dio un escalofrío. Las cosas que uno obtiene siempre las paga con las que pierde, siempre pensé que tenía más a perder que a ganar abriendo esa puerta y… me estaba perdiendo yo.

Hoy abro la puerta y asomo la cabeza. Está oscuro, la persiana cerrada, no entran los rayos de luz, no siento el calor del sol, hace frío o yo estoy helada de pavor, el aire rancio, cuesta respirar. Nunca me había acercado tanto, no veo nada, el suelo me parece inclinado o me tiemblan las piernas, no sé muy bien. Y sin embargo, el instinto hace que avance, que me adentre, como si supiera que todo eso es sólo superficial, como si adivinara que tras toda esta apariencia hubiera algo mágico, como en los bosques encantados de los cuentos de princesas y príncipes enamorados.

El corazón acelerado, no veo nada, no oigo nada, no toco nada más que mis pies al suelo porque ni la camisa me llega al cuerpo. Tampoco huelo, como si el aire se hubiera parado, no estoy segura de estar respirando.

Momentos de pánico, de desorientación, quién me mandaría entrar en esa habitación! Quiero correr hacia la puerta, salir volando de allí, echarle mil candados, tirar las llaves, que quede bien cerrada, que no pueda volverse a abrir jamás.

Mis piernas me mantienen allí, firmes, ancladas, seguras, como marcando la dirección de mi siguiente paso.

Y me repito: confía, confía, confía. Confía en aquello que te impulsó a entrar, confía en aquella tu pulsión de vida, confía en que esto también pasará, confía en la vida, en tus recursos, en quienes te acompañan.

En realidad ya habías estado aquí, en realidad ya sabes por qué estás aquí, en realidad sabes lo que estás buscando, sabes lo que quieres, ya no estás soñando, ya no estás divagando, ya has empezado…sigue y simplemente hazlo. No te dejes impresionar por la apariencia de dificultad. En realidad todo se mueve hacia arriba y adelante a pesar de las aparentes contradicciones. Las aguas bravas no lo son tanto si vas en la dirección de la corriente, la corriente de tu corazón.

Y entonces recuerdo que estoy buscando abrir una ventana, la ventana al mundo, la ventana a la vida.

Una ventana por la que entre la luz, el aire fresco, el calor del sol, el agua de la lluvia. Una ventana por la que se puedan ver las estrellas, la luna llena, el hilo de luna. Una ventana que deje entrar el aroma de la madrugada, el olor de la menta, el sabor de la tierra mojada. Una ventana vestida con cortinas blancas que bailen al son del aire de la mañana, al son del viento de la tarde, que arropen la intimidad en la noche. Una ventana que alargue mi mirada, con vistas panorámicas al horizonte. Una ventana baja que se pueda saltar afuera, que se pueda entrar adentro, que las puertas envidien su trasiego.

Noto una llave pequeña en mi mano, no recordaba haberla tomado, tengo la llave, la llave la tengo yo.

Los pies deciden seguir avanzando por la habitación, a veces me parece notar finas telas de araña que rozan mi cara. A veces me parece que los pies se hunden en una especie de fango. A veces me parece que una fuerza tira de mí, en otra dirección. A veces me parece que algo helado se pega a mi espalda. A veces… Siempre atenta al latido de mi corazón que marca el ritmo, marca el paso. La llave apretada en mi mano.

Y así caminando, hasta que diviso un pequeño, pequeñísimo punto de luz, imperceptible si no estuviera concentrada, si no estuviera conectada, presente y dispuesta a encontrarlo. Un pequeño punto de luz, una pequeña cerradura para mi llave. Una llave que abre una ventana. Una ventana que es una ventana al mundo, una ventana a la vida. Una ventana que allí está, esperando a que yo la abra, sin más, para que empiece a entrar el aire y las cortinas empiecen a bailar.

Has mirado en tu mano? Quizás tú también tengas una de esas pequeñas llaves. Ya me contarás si decides entrar, te espero sentada en el dosel de mi ventana.

Un abrazo!

Photo credit: Morguefile window

Buscadores de Vida

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Los buscadores somos todos aquellos, cualquiera, que siempre, constantemente, tenga a mano una pregunta sin respuesta. No lo podemos resistir y ahí se inicia la búsqueda, la búsqueda de la respuesta y siempre tenemos alguna que buscar, claro. Es cansado, a veces agotador, a veces pienso que ya está bien por hoy, a veces me digo “Estate ya quieta!” pero no es posible, los buscadores siempre tenemos la siguiente en la recamara.

Los buscadores somos curiosos, curiosos de la Vida que es a donde queremos llegar, a entender el sentido de la Vida de verdad, a entender nuestro sentido en esta Vida, a no irnos sin haber hecho nuestra contribución, a no irnos sin haber mirado a la Vida a los ojos, a no irnos sin haberle podido decir a la Vida tómame, en una entrega absoluta de amor libre de miedos, rencores,  peros y condiciones.

Los buscadores tenemos una red infinita de recursos, cuando parece que se nos terminan aparecen otros y así mientras sigamos buscando. Los buscadores nos reconocemos, nos encontramos, nos acompañamos, nos confesamos sin pudor nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros planes, metas, atinos y desatinos. No es necesario que nos conozcamos de hace años, aunque sabemos que es así, nuestros corazones se reconocen, se hablan e inician el baile y así vamos avanzando. Nos despojamos de roles, de personajes, de género, raza, religión, de cualquier cosa que nos impida la conexión, de cualquier cosa que nos impida la búsqueda, entre nosotros nos sentimos uno. Es impresionante, los buscadores somos capaces de compartir pensamientos que no nos habíamos atrevido a pronunciar ni en voz alta, ni en voz baja, ni sin voz. Siempre hay uno más avanzado que es capaz de ponerle palabras a lo que tu ni habías pensado. Y lo mejor…no nos da vergüenza porque sabemos que entre nosotros no hay juicio, solo voluntad de acompañar y aprender.

Siempre hay alguien, siempre hay pistas, aparece un mensaje,  el mensaje necesario.

Esta semana, Eli me trajo a Arantxa para enseñarnos sobre la aceptación de lo que la vida traiga, sobre sentir el dolor pero no pararse en el sufrimiento. Verónica me hablaba de la necesidad de estar conmigo sin más. Marc del amor entre almas gemelas. Javi de la dificultad de ese amor. Mariano de la falsa seguridad, Yolanda de la compasión con uno mismo y Jesús me hizo llegar el link de la película Yo, libre. Un viaje al instante presente de Sergi Torres. Ignacio nos puso este nombre y me dijo que los buscadores, nos reconocemos y nos encontramos. Y es verdad, menuda red!

La vida nos susurra y no me cansaré de decirlo, cuando buscamos respuestas, si las buscamos de verdad las encontramos. Otra cosa es que nos guste o no lo hallado, pero encontrar, encontramos. Solo tenemos que reconocer nuestra curiosidad, nuestra humildad, nuestra necesidad de avanzar, nuestra vulnerabilidad, poner el radar en modo buscador y compartir, abrirnos confiar, sin juicio, conversar, conversar, conversar, preguntar y ofrecer las respuestas que ya encontramos y otros están buscando.

Esta semana mis buscadores le dieron formato y fondo al texto:

“La felicidad es la Vida, es dejarse tomar por la Vida, es plantarse desnudo ante la Vida, traspasar los miedos originales y declararte en manos de la Vida, traiga lo que traiga al momento presente, enfrentarse a ese momento abierto a sus infinitas posibilidades, sin apegos, ni remedios caseros, sin normas ni reglas establecidas, sin miedo a caer ni que me vean caer, sin miedo a perder porque en realidad no tenemos nada o al menos nada importante. La felicidad es dejarse transformar por lo desconocido, dejar que el sufrimiento se disuelva en el presente, sin pasado ni proyecciones de futuro. El secreto está en cruzar los miedos más profundos, atreverse a pasar esas aguas, asumir cualquier riesgo que la mente rumiante plantee. La felicidad es dejarse sentir, ver al miedo de cara, ver que ya no tiene nada que enseñarnos, dejarle marchar y entonces… entonces  es cuando el Amor hace acto de presencia.” (Buscadores)

Hoy inicio esta etapa del viaje dejándome tomar por la Vida, muchos son los aprendizajes que me esperan aguas arriba y no quiero tener miedo, no quiero volver a tener miedo.

Un abrazo y mil gracias a los buscadores que, somos todos. Nos seguiremos encontrando en este viaje apasionante hacia la Vida.

Photo credit: Mª Angeles , gracias preciosa!