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Tomando el pulso al sistema, conociendo su latido y sintiendo su ritmo

 

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Por más que las noticias empiecen a ser algo más optimistas, lo cierto es que seguimos viviendo tiempos revueltos, tiempos de incertidumbre, de cambio continuo. No sé si podemos seguir llamando a esto crisis o si esto es lo que ha quedado. Sea como sea, desde mi humilde opinión, necesitamos volver a creer, creer en la oportunidad de un futuro, dejar de pensar que esto va a pasar, porque pasará en la medida en que seamos capaces de aceptar y a través de la aceptación transformar, influir, mejorar, crecer y salir.

Pienso que sólo cuando volvamos a estar atentos, conectados, integrados, tendremos la energía para esta travesía. Para ello en las organizaciones tenemos que  construir entornos emocionales sanos, teniendo en cuenta que siempre triunfa el entusiasmo y que  es la fuerza del carácter la que consigue el triunfo.

Seguro que coincidimos en que los líderes de las organizaciones son una pieza fundamental para generar espacios emocionales expansivos y construir sistemas emocionalmente sostenibles.

Es una condición necesaria si, aunque no suficiente, la actitud y el compromiso del resto de miembros de la organización también son determinantes en la consecución de ese estado y no podemos olvidar tampoco que el entorno también va a ser determinante por cuanto condiciona al sistema organizacional.

Parece complicado, pero la teoría de los sistemas dice que cambiando un elemento del sistema, se producen modificaciones en el resto, entonces… ¿Qué pueden hacer los líderes para cambiar el sistema? ¿Qué pueden hacer el resto de miembros? ¿Qué está de nuestra mano hacer como integrantes de ese sistema? ¿Cómo podemos convertirnos en actores protagonistas?

Los líderes como gestores deberán optimizar los recursos de que disponen, consiguiendo resultados, como líderes deberán formular visiones y retos ilusionantes para sus equipos, generar espacios que les motiven y velar por el desarrollo profesional y personal de sus colaboradores. Teniendo siempre presente que los resultados los generan las personas y que es, por tanto, en las personas donde debe estar el foco. Deberán ser líderes resonantes que provocan consonancia entre sus colaboradores y colegas. Líderes emocionales, conscientes de que las emociones son la moneda de cambio de toda relación, de todo sistema. Capaces de despertar en sus seguidores entusiasmo y movilizarlos, encausando las emociones de cada uno de los individuos de tal forma que todo marche como es debido, tomando el pulso al sistema, conociendo su latido y sintiendo su ritmo. Provocando que la energía positiva circule por el sistema, logrando un alto nivel de funcionamiento y, por tanto, el desarrollo de la organización y de sus miembros, es decir, el desarrollo de la organización como sistema.

Por su parte el resto de miembros de las organizaciones deberán tomar las riendas de su destino, asumir su parte de responsabilidad, tomar el reto y reconocerse como miembros activos del sistema con capacidad de influir y transformar, deberán salir de la queja, la crítica o el conformismo, ser ambiciosos con lo que se espera del sistema y contribuir desde una perspectiva positiva a su consecución.

Yo sé que desde la realidad del día a día lo expuesto suena a ciencia ficción, pero si levantamos un momento la cabeza, nos daremos cuenta de que tenemos a nuestro alcance todos los requisitos. A nuestro alrededor tenemos personas expertas en sus funciones, tenemos personas creativas, tenemos personas completas y con capacidad de desarrollo. Tenemos herramientas de gestión que aplicadas con sentido nos ayudan a identificar el talento, el potencial y a despertarlo. Evidentemente tendremos que invertir en desarrollar aquellas capacidades necesarias para el cumplimiento de nuestra misión empresarial y de las que carecemos. Invertir en la adquisición de experiencia, de habilidades, de conocimientos nuevos. Invertir tiempo y confianza, seguramente la inversión menor sea dineraria.  Porque… el desarrollo de las personas es una inversión, no? Con que habilidades si no vamos a conseguir resultados? Cómo nos vamos a distinguir de una commodity? Cómo si no, nos adaptamos y vamos a influir? No es fácil, pero no me digáis que es imposible, como todo lo que merece la pena, merece el esfuerzo. No os parece?

En qué hemos fallado?

Image En el entorno VUCA en el que vivimos, sabemos que las organizaciones que quieran subsistir deben hacer cambios, es necesario aceptar y adaptarse a las nuevas exigencias cambiantes, a la incertidumbre, la ambigüedad de los mercados en los que actuamos, su cada vez mayor complejidad. Lo tenemos asumido y con ese objetivo, mucha ilusión y no menos esfuerzo, empezamos a diseñar y modificar una y otra vez organigramas, procedimientos, personal….. Sin embargo parece que los resultados que obtenemos en muchas ocasiones, distan de los necesarios y deseados.

Y….. no entendemos qué pasa, si lo estamos intentando todo, si estamos abiertos al cambio, si estamos siendo innovadores….

Se  me ocurre, que una de las causas pueda ser que en la mayoría de los casos centramos esos cambios en lo material, en lo palpable, lo que se ve, en la parte visible del iceberg. Obviando el aspecto emocional de la organización, ese sistema implícito, no visible, no regulado ni procedimentado que sin embargo es dominante y tiene el poder de darnos o negarnos el éxito en el desarrollo de nuestras metas empresariales.

Ese conjunto de valores, creencias, expectativas, experiencias, distinciones, estado de ánimo, habilidades, etc. que identifican al grupo, constituyen su cultura y tienen la propiedad de filtrar todo cuanto acontece en su ámbito. Es su mirada, su paradigma.

La cultura grupal ejerce de contenedor y de transformador de las organizaciones, recoge las emociones colectivas y marca sus pautas de actuación a través de las diferentes funciones y roles sobre los que formalmente se organiza. Da respuesta al para qué existimos (Misión), qué queremos ser (Visión) y cómo queremos conseguirlo (Valores). La cultura grupal es el alma de la organización.

Fernandez Aguado (El alma de las Organizaciones) dice que las organizaciones que logran disponer de ese alma y la mantienen viva, son duraderas y eficaces.

Por tanto, parece que si queremos tener una posibilidad de éxito, debemos considerar también, el aspecto emocional, la parte escondida del iceberg, debemos favorecer sistemas emocionalmente sanos y maduros.

Los sistemas emocionalmente maduros son adaptativos, se revisan y reordenan continuamente, proporcionan un equilibrio a sus miembros entre el orgullo de pertenencia al sistema y la cohesión al mismo y las posibilidades de desarrollo y autonomía personal; promueven valores como la confianza, la autenticidad, la expresividad, el respeto, el crecimiento, la curiosidad, la sensibilidad y el amor, generando así un espacio emocional claramente expansivo y de confiabilidad.

No hay fórmulas mágicas para llegar a estos niveles de madurez emocional, lo fundamental será tener la visión de llegar a serlo, definir la visión, los valores, la misión de la organización, las políticas internas que apoyen su desarrollo en coherencia y no permitir sabotajes.

una visión positiva de nuestro futuro precede al éxito. “….no existe más que una pulsión fundamental que es la pulsión de vida…..cambiamos el mundo cuando somos capaces de imaginarlo de otra manera….” (Dr. Ayerra)