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Armonía, Misericordia y Perdón

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Le costó llegar, el lugar estaba entre los callejones de Harlem, en un pasaje de la 118, al norte de Manhattan. Salió del metro, llovía a cantaros, a punto de nieve, el frio cortaba la cara. Atrás dejó el Emy Ruth, el aroma de asado sureño la hizo detenerse brevemente ante su puerta, dentro el bullicio, Ray Charles de fondo, sonrió por primera vez en esos días…

Sentía que su alma moría y alguien le recomendó ese lugar, su decisión a acudir era a la desesperada, una vez allí, a las seis de la tarde de un invierno…pensó en dar la vuelta en varias ocasiones, una inercia, un algo le hacía seguir caminando en aquella dirección. Al llegar al pasaje, le tembló algo más su decisión, aquello no tenía ninguna buena pinta en los grises oscuros de ese día, ya noche…un silencio extraño reinaba allí, lejos el bullicio, los gospel, incluso los olores, ahora más a lavanda? era lavanda? Dio un respingo!! una especie de escalofrió dinamizante… por qué siempre era lavanda? hasta ese lugar recóndito, allí estaba la lavanda, recordándole el aroma de su hogar en Irlanda. Era una bienvenida al lugar?

La llevó allí una encrucijada de la vida, cuando los recursos propios le escaseaban y necesitaba guía, cuando sentía que no podía compartir, que nadie la entendería, que le sobraba el consejo ajeno, que lo que necesitaba era un mensaje celestial, como menos. Ante esas palabras, le dieron esta dirección y … allí estaba.

Abrió la puerta y entró en aquella sala, una mujer de color, de edad indeterminada, sin intercambiar palabra, le hizo un gesto para que se sentara. Extendió unas cartas y le señaló que eligiera tres. Así lo hizo, sin entender, dejándose hacer, rodeada de un sentimiento de inmensa confianza, ¿Cuándo le había cambiado el ánimo? ¿De dónde aquella paz?.

La mujer giró las cartas, pudo ver que eran ángeles, pero no entendía nada, por orden las puso: Past, present, future y entonces pudo ver lo que ponía en cada carta: Armonía, Misericordia y Perdón. Se desbordaron sus lágrimas en el mismo momento que entendió que esa era la ruta. Vivir en armonía, expulsando la negatividad del pasado, fluyendo con la vida. Misericordia para darle la vuelta a los pensamientos y actitudes que nos perjudican en el presente, desde la generosidad del amor. Perdón liberándonos de la ira y el resentimiento que nos impiden seguir. Aquella mujer inclinó la cabeza y la despidió con la mirada, nada más, no era necesario, todo estaba dicho, todo estaba sentido…

Y la noche ya había caído y levantando la cabeza por encima del frio, las estrellas fugaces le daban la bienvenida a esa nueva etapa de la vida.

Photo credit: ángel de la guarda Pixabay