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Del Fuego y de la Vida (II)

fuego cafe

Hacía más de dos años que no visitaba la casa, aunque el contacto había sido continuo. Me temblaban las manos, no atinaba a encajar la llave en la cerradura, temía encontrar la casa fría, desamparada…ella ya no estaba, imaginaba un lugar sin alma, en penumbras…sin el ronroneo de Lola, sin su olor a lavanda, sin rosquillas, sin llamas…Sin Fuego…sin Vida

Ella me había pedido que pasara por última vez por allí y eso era lo único que me mantenía en pie frente a la puerta, esperando a que las manos dejaran de temblar para poder entrar.

Por fin logré abrir y un chorro de luz del sol me deslumbró, entraba por todas las ventanas que, para mi sorpresa, se habían dejado entreabiertas. Seguía oliendo a brasas de olivo, a los ramilletes de lavanda y romero fresco que estaban por toda la sala, incluso más intenso, más adentro. Tal y como me dijo, al fondo, junto a la chimenea casi humeante, los dos sillones, en medio la mesa con un servicio de café y dos rosquillas, al lado un sobre “Para mi niña”. Esa era yo.

Mi querida niña, aunque ya no debería llamarte así porque ya eres una diosa, he visto tu evolución en todos estos años y como te has transformado en lo que hoy eres, como las diosas disfrutan en tu presencia…pero seguirás siendo mi niña porque nunca perderás ese brillo y esa curiosidad, esa inocencia que te permiten seguir mirando con ojos nuevos, que te permiten seguir avanzando y descubriendo nuevos sitios, nuevas sensaciones, experiencias, registros.

Ha llegado la hora mi niña de la despedida y, aunque tú y yo sabemos que no es tal y que sin duda nos volveremos a encontrar, te conozco y sé que no te es suficiente con un nos vemos, que necesitas mis últimas palabras en este momento. Después de tanto compartido, me es difícil encontrarlas, así es que he recurrido a mis cartas y contigo en el corazón, contigo en mi mirada, las he barajado y elegido algunas para ti. Como siempre, no fallan! mira que ha salido: Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad. Ni yo misma las hubiera elegido mejor.

Libertad: Recuerda que eres libre para hacer, estar y ser, nunca perdemos nuestra libertad de decisión, de hacer, de ser, de evolucionar, siempre hay una opción para ello. Recuerda que estás donde quieres estar porque nada ni nadie te obliga a ello, no busques excusas, no busques culpables, no existen circunstancias insalvables. estás donde quieres y has decidido estar.

Serenidad: Para poder ver con claridad. En el sentido de alineación, aceptación, sin dramas, sin agresión. Las cosas vienen como vienen y son por algo, serenidad para entender el porqué, para poder aceptar, para poder entender, para que la lucha no sea tal, para aprender, para evolucionar. Serenidad para saborear lo que la vida traiga, Serenidad para poder sentir el placer, el desgarro, para que puedas fluir y así seguir avanzando.

Humildad: Para entender que solo tienes poder sobre ti y que es desde ti que quizás puedas influir, porque aunque seas una diosa, recuerda que no tienes poderes para hacer que otros cambien, actúen, se transformen. Humildad para no juzgar, para aparcar tu ego, para entender que el otro está donde puede estar, donde ha decidido estar, respetarlo y aceptar e incluso amarlo allí donde está. Humildad para seguir sabiendo que no sabemos y seguir manteniendo esos ojos bien abiertos.

Amistad: Confieso mi niña que esta carta me ha sorprendido, pensé que antes te saldría amor que es lo que tú eres, pero realmente tiene sentido porque tu siempre estás dispuesta a acompañar, a dar la mano, a sostener…hasta que te agotas! y entonces pides ya no solo das y ahí está el sentido de esta carta en que sigas rodeándote de amistad, en que te dejes abrazar, en pedir cuando necesites, en dejar expandirse la generosidad de los demás, en dejarte en sus brazos. Recuerda, a todos nos gusta dar.

Eternidad: Esta me hizo sonreír, es como un último guiño! Eternidad, nada acaba, a lo sumo se transforma, todo es sólo un ínfimo momento de la eternidad y la eternidad da para tanto…siempre tendremos más oportunidades, más circunstancias, en un baile perfecto de idas y venidas, nos encontraremos, nuestras almas volverán a acariciarse, aquello que no pudimos escribir, tendremos la oportunidad de hacerlo, de mejorar sobre lo mejorado, de subir y bajar y volver a empezar. Nada es eterno, más que la eternidad.

Mi querida niña, eres luz, amor, sonrisa, brillo.

Qué te parece si ahora enciendes de nuevo ese fuego y te tomas tus rosquillas y tu café? Por cierto dejé la receta de las rosquillas bajo uno de los ramilletes de lavanda y romero fresco…ahora te toca a ti.

Nos vemos mi niña, de hecho yo te sigo viendo”

Y yo la seguía sintiendo allí, muy, muy dentro de mí. Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad, ese fue su legado, su memoria para mí y, encendiendo el fuego, saboreando el café y las rosquillas con consejo… me sentí libre, serena y eterna, sintiendo como mis mil cachitos dejaban de volar al viento y se iban recomponiendo cada uno en nuevo lugar, alguno nuevo, alguno dejó de estar, alguno olía a lavanda, quizá…. fuera un pedacito de ella que quedó en mi hogar.

Nos vemos mi vieja, te quiero.

En ocasiones, veo muertos

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Lo reconozco, soy algo miedosilla, según que temas me dan el suficiente respeto como para simplemente respetarlos. A la vez curiosa, no os descubro nada,  me encantan las películas de miedo, aunque me pase la mitad viéndolas por detrás de mis manos, de un cojín o de quien sea que me esté acompañando, porque eso sí, jamás las veo sola…

El Sexto sentido es una película que ya en su momento me impactó, cómo alguien puede andar muerto sin darse cuenta, lo cierto es que me encantó, incluso más en las posteriores ocasiones en las que la he visto, cuando la relajación te permite fijarte en los detalles.

En fin todo esto viene a colación de una frase que ha captado toda mi atención viendo de nuevo la película, cuando Cole le explica al doctor Malcom que en ocasiones ve muertos y le dice: ”…. Sólo ven lo que quieren ver, no saben que están muertos…”  he pegado un bote del sofá y de inmediato no sé por qué me ha venido otra frase a la mente: “Temes a la muerte y sin embargo mueres por no vivir” y aquella otra que dice “Empezamos a morir desde el momento de nacer” y mil mas relativas al morir y al vivir que ya me perdonareis si no indico a quienes pertenecen, son aprendizajes sin memoria.

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Cruda realidad


Una última fotografía en mi retina, con el sol cayendo en la playa de las mujeres. Una última sensación de mis pies en tu arena húmeda abandonada por la bajamar, al desnudo los secretos que cubren su inmensidad. El sol es tenue y no la llega a secar, expuesta, sabe que sus caricias volverán. Protegida del Levante por las escolleras, nos seduces, la noche cae y allí siguen tus gentes, unas palmas, unas risas, unas guitarras, unos cantes, alegrías.
Un último saborear este lugar, un hasta muy pronto.
Abrazos, besos, despedidas.
Vuelta a la realidad, a la cruda realidad, como muchos injustamente la califican.
Antes de dejarnos llevar por la marea de esa crudeza, quizás todavía estemos a tiempo de reflexionar sobre qué es lo que nos hace sentirlo así. No fue realidad lo vivido durante estos días? Qué es realidad y qué es fantasía? No será que fuera que todo son matices de nuestra vida? Diferentes momentos, diferentes vivencias, diferentes aspectos, diferentes perspectivas de nuestro estar siendo, por qué rechazar parte de ello, por qué no honrarlo, por qué no integrarlo con el respeto y la dignidad que nos merecemos?
Me encanta ir paseando hasta esta playa en las diferentes horas del día, cuando amanece, en el bullicio de la mañana, en el sueño del medio día, en su atardecer, en el tirititran de la noche. Cubierta su timidez por la pleamar, descubierta su altivez en la bajamar. En los días soleados, en los días de lluvia, en los días calmos, en los ventosos, en temporal. En su serenidad y cuando despliega toda su ira arrojando espumas con sabor a sal. Cuando el sol arde en su arena y cuando la luna se le refleja. Cuando en noche cerrada se hace imposible divisar su final. Cuando rodeada de mar bravío se mantiene cual espejo pulido. En las diversas tonalidades de sus aguas, azules, verdes, a veces pardas.
Ese es el encanto de Santa Maria, que siendo una es tantas.
Y ese es nuestro encanto que siendo uno somos tantos, tantos cuantos matices nos componen, tantos cuantas experiencias sumamos, tantos cuantos altibajos, cuantas realidades y aspectos diferentes nos van conformando. Unos buscados, deseados, otros sobrevenidos, sobresaltos, encontrados, perdidos, soñados, esperados, borrados, alterados…
Lo apasionante de la vida es como nos modela, como provoca que nos mostremos en esos múltiples matices que nos conforman a través de todas nuestras realidades. Cada una de ellas una oportunidad para que asome uno de nuestros matices, para vivir desde la plenitud de la emocionalidad, con todos sus registros.
No existe la realidad cruda, solo realidad, realidades que nos aportan las experiencias necesarias para nuestro desarrollo pleno, para nuestro mayor esplendor. Realidades que cambian según cambie nuestra vivencia de ello.
Por supuesto que prefiero estar paseando por su arena, pero como dice un amigo no existiría el calor sin el frío porque así es la naturaleza humana, para valorar el bienestar se debe haber experimentado la incomodidad. El sentido de nuestra existencia se da en su completa vivencia.
O sea que recojamos las lágrimas, sacudamos la pereza y abracemos esta realidad como la nuestra que es.
Personalmente me alegro de veros de nuevo.
Se os quiere.

Os dejo con un extracto del poema Celebración de Pablo Neruda:

“……
Hoy es hoy. Ha llegado este mañana
preparado por mucha oscuridad:
no sabemos si es claro todavía
este mundo recién inaugurado:
lo aclararemos, lo oscureceremos
hasta que sea dorado y quemado
……”

Para nada…como siempre

old-door-handle-1232158Para nada como siempre, como siempre para nada… me dices y te repites como queriendo convencerte a ti misma de ello, como queriendo grabarlo a fuego intenso, como queriendo registrar el escarmiento, a fuego lento. Deseando no olvidar el dolor que sientes en estos momentos, esa sensación de menosprecio que te invade hasta el punto de provocarte nauseas desde muy adentro.

Yo creo que no hay nada que sea para nada, todo es para algo y, aunque nos parezca que repetimos y repetimos comportamientos, que tropezamos con la misma piedra…pienso que no es así. O al menos si es la misma piedra, está distinta. Si has tropezado con ella, estará en otro lugar o más hundida, o más afuera, o desplazada o desgastada por tu patada…no puede ser la misma piedra, será algo distinto al igual que tu, no puedes ser la misma que antes del primer tropiezo o del vigesimoquinto intento. Me niego a que sea así, algún aprendizaje hay seguro, quizás muy sutil, quizás no lo ves, quizás necesitas del efecto lento de la erosión para que haga efecto, pero no es para nada mi amiga, no hay para nadas.

A veces necesitamos ir a picar a la misma puerta una y mil veces, aún sabiendo desde la segunda vez, que no se abrirá o no la abrirá quien ansiamos que lo haga, o la abrirá con una intención muy distinta a la que buscábamos. Pero necesitamos ir una y otra vez, las que sean necesarias, hasta llegar a comprender que detrás de esa puerta, en realidad, no hay nada ni nadie que nos corresponda. Necesitamos recibir tantas bofetadas como sean necesarias y no pasa nada porque has de saber que algún día será la última que ya podrás no volver a esa puerta, que incluso pasarás por ella sin darte cuenta, aún cuando estuviera abierta.

A veces nos empeñamos irracionalmente en algo, porque las emociones tienen su vida propia y tratamos racionalmente de vencerlo, lo luchamos, guerreamos, nos desgastamos en ello, nos agotamos y va y resulta que cuanto más nos empeñamos racionalmente, más nos emperramos emocionalmente porque las emociones hacen su efecto y ocupan su lugar y cuando les privamos de ese lugar, se expanden con mayor fuerza, a modo de los leucocitos que son capaces de multiplicarse ante un ataque, así son las emociones, más fuertes cuanto más intentes obviarlas. Y así nos hacen caer “en las mismas” una y mil veces, hasta que sea desde la propia emoción que se recorra el proceso que sea que se requiera, hasta que se borre la última traza que la genera.

No te enfades contigo por seguir acudiendo a esa puerta, al contrario ves cuantas veces sientas, ves con la fuerza de quien recorre su camino, ves con la conciencia de quien acude a lo que desea, ves hasta que obtengas tu respuesta. Escucha al camino, escucha que te dice, si lo escuchas con el alma, comprenderás el por qué de que se cierre o se abra. En un momento dado, serás capaz de ver otras entradas, de valorar otras opciones, de apreciar la magia de sentirte liviana, esponjada. Serás capaz de ver los cambios que has experimentado en ti mientras acudías a aquella puerta una y otra vez. Serás capaz de entender que de no haber sido así, hoy no serías tan bella. Que de no haber sido así, hoy no habrías alcanzado esta otra puerta.

A veces se me antoja que la vida es como un juego de “esos de las maquinitas” que vas subiendo de nivel según superas o no las pruebas. He conocido a personas que ante el mínimo tropiezo se quedaron en aquel nivel y he conocido a quien no cejó hasta que terminó. Todos empezamos desconociendo el juego, sus pruebas, todos tenemos las mismas posibilidades, aunque diferentes destrezas, cada uno aprendemos como lo hacemos.

No existen los para nada y menos los como siempre.

Te quiero!

os dejo con Paul McCartney-The Long And Winding Road

El largo y sinuoso camino que dirige a tu puerta
Nunca desaparecerá
He visto ese camino antes
Siempre me dirige aqui, me dirige a tu puerta 
La salvaje y ventosa noche que la lluvia arrazó
ha dejado una pileta de lágrimas lloradas por el dia
¿Por qué me dejas parado aquí?Dejame saber el camino
Muchas veces he estado solo
Y muchas veces he llorado
De todos modos tu nunca sabras
las muchas veces que he intentado
Pero ellos me siguen dirigiendo atrás, al largo y sinuoso camino
Me dejaste parado aquí hace mucho mucho tiempo
No me dejes esperando aquí, dirigeme a tu puerta

 

Mil besos a todos.

Photo credit: Old door handle- everystockphoto

 

Trazas

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Me lo dices con esa serenidad… que no tengo por más que dejar que entre por mis oídos, por mis ojos, por mi piel, atravesando tejidos, membranas, partes físicas.. hasta llegar allí en donde las cosas resuenan para quedarse, para sanar, para limpiar trazas, trazas que siempre quedan, a veces del tamaño de un grano de arena, a veces de dunas enteras, en cualquier caso…trazas que impiden el deslizar del fluir por aquí. No sé exactamente donde está ese lugar, no sé si está en el alma, si en el centro del corazón , en la parte derecha del pulmón, debajo del esternón? O en un pliegue del hígado? No sé dónde está porque nunca nadie accedió. Es donde viven las trazas cuando ya no quedan capas ,cuando ya incluso el escarmiento se esfumó. Creo que no es un lugar físico, creo que está en la raíz de la emoción, no se llega demoliendo muros, ni rompiendo botijos, ni escarbando, ni tan siquiera buceando. Es un lugar que te ocupa en toda tu sensibilidad, pero no acabas de ubicar, su impacto es sutil pudiendo ser demoledor, por su sutilidad. Creo que solo se llega a pulmón con la fuerza del amor.

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