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63.158.400 segundos compartidos

clock-6-1235503Hoy Mayeutika cumple dos años, 24 meses, 731 días porque hemos pillado año bisiesto, 17.544 horas, más de un millón de minutos, más de 60 millones de segundos. Más de lo que imaginé cuando tímidamente empecé a compartir en este, nuestro espacio, aquellas cosas que a mi me habían ayudado, me estaban ayudando en el camino a mi mejor versión, en el camino de la transformación. Reflexiones en voz alta, no importa de qué, siempre es de nosotros, de lo que nos pasa, de aquellas cosas que me han ido alimentando, de aquello que siendo que me ha sentado bien, he querido compartir con quien corresponda. Fruto de experiencias, lecturas, conversaciones, momentos vividos. Siempre pensé que esto duraría poco, que se agotarían mis fuentes de inspiración y, lo cierto es que en este tiempo ha habido épocas de todo, casi doscientas publicaciones nos acompañan, algunas etapas de gran actividad, otras más relajadas, pero no menos auténticas, no menos profundas. Y hasta hoy esa fuente no se agota, hasta hoy ha sido mi camino, camino que he compartido con todos vosotros. A muchos he tenido el privilegio de poder achucharos, con otros el achuchón ha sido y es virtual, pero no menos real, no menos auténtico.

A veces a mi misma me gusta bucear por aquí, recordar aquello que aprendí, sorprenderme con lo que ya escribí y olvidé, a veces sois vosotros quienes recuperáis lo escrito y me lo recordáis. Siempre sigo buscando aquello que intuyo, aquello que siento que me está faltando.

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El objeto de tu deseo

love-859067_1920Situaciones extraordinarias, requieren de acciones extraordinarias.
Las cosas que deseamos no son gratuitas y no me refiero a las cosas materiales, que tampoco, me refiero al Deseo (fuerte inclinación de la voluntad hacia el conocimiento, consecución y disfrute de algo), ese que lleva aparejada la pasión, el anhelo; ese que corta la respiración, que nos hace perder el apetito y las horas de sueño.
Conseguir lo que se desea no es gratuito, cuesta un alto esfuerzo, valentía, requiere de acciones extraordinarias, de lanzarse a la piscina, de atreverse con la vida, tomando el riesgo de lamerse las heridas, abrazando la libertad.
Fijaos, Qué es lo que deseamos? Qué es lo que nos provoca deseo? Cuando llega el deseo?

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Hay días…

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Hay días en los que da igual lo que la vida nos traiga… que no nos va a gustar, hay días en los que no somos capaces de descifrar su lenguaje, en los que no podemos escuchar su mensaje, no entendemos sus driblajes. Días en los que renunciaríamos a todo porque no entendemos ningún porqué, días en los que han desaparecido los paraqués, días en los que el vino sabe a amargo café, en los que no nos encontramos y sentimos que todo está al revés. Hay días…

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Maldito escarmiento!!

lluvia-rain-guatemala-389071-oMaldito escarmiento!! Sutil, sibilino, nocturno, constante. Cobardemente, sin dar la cara, por la espalda, va devorando al ánimo, bocadito a bocadito, insaciable, hasta que no quede nada. Como el chirimiri, que no moja pero va empapando hasta calar los huesos, el escarmiento cala al alma.

Estoy convencida de que el escarmiento es el saboteador principal de nuestra mejor versión, de nuestros sueños, metas, ilusiones… incluso por delante del miedo quien, sin embargo, se lleva la fama.

No es fácil, pero hoy lo vamos a desenmascarar. Cuanto menos vamos a conocerlo mejor, para poder oír sus pasos, para detectar que está cerca, acechando a su presa.

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Una ventana al mundo

2thrumywindowJamás había entrado en esta habitación, jamás, siempre pasando de largo, a veces de puntillas, casi siempre sin hacer ruido, sólo una vez rocé el pomo de la puerta y me dio un escalofrío. Las cosas que uno obtiene siempre las paga con las que pierde, siempre pensé que tenía más a perder que a ganar abriendo esa puerta y… me estaba perdiendo yo.

Hoy abro la puerta y asomo la cabeza. Está oscuro, la persiana cerrada, no entran los rayos de luz, no siento el calor del sol, hace frío o yo estoy helada de pavor, el aire rancio, cuesta respirar. Nunca me había acercado tanto, no veo nada, el suelo me parece inclinado o me tiemblan las piernas, no sé muy bien. Y sin embargo, el instinto hace que avance, que me adentre, como si supiera que todo eso es sólo superficial, como si adivinara que tras toda esta apariencia hubiera algo mágico, como en los bosques encantados de los cuentos de princesas y príncipes enamorados.

El corazón acelerado, no veo nada, no oigo nada, no toco nada más que mis pies al suelo porque ni la camisa me llega al cuerpo. Tampoco huelo, como si el aire se hubiera parado, no estoy segura de estar respirando.

Momentos de pánico, de desorientación, quién me mandaría entrar en esa habitación! Quiero correr hacia la puerta, salir volando de allí, echarle mil candados, tirar las llaves, que quede bien cerrada, que no pueda volverse a abrir jamás.

Mis piernas me mantienen allí, firmes, ancladas, seguras, como marcando la dirección de mi siguiente paso.

Y me repito: confía, confía, confía. Confía en aquello que te impulsó a entrar, confía en aquella tu pulsión de vida, confía en que esto también pasará, confía en la vida, en tus recursos, en quienes te acompañan.

En realidad ya habías estado aquí, en realidad ya sabes por qué estás aquí, en realidad sabes lo que estás buscando, sabes lo que quieres, ya no estás soñando, ya no estás divagando, ya has empezado…sigue y simplemente hazlo. No te dejes impresionar por la apariencia de dificultad. En realidad todo se mueve hacia arriba y adelante a pesar de las aparentes contradicciones. Las aguas bravas no lo son tanto si vas en la dirección de la corriente, la corriente de tu corazón.

Y entonces recuerdo que estoy buscando abrir una ventana, la ventana al mundo, la ventana a la vida.

Una ventana por la que entre la luz, el aire fresco, el calor del sol, el agua de la lluvia. Una ventana por la que se puedan ver las estrellas, la luna llena, el hilo de luna. Una ventana que deje entrar el aroma de la madrugada, el olor de la menta, el sabor de la tierra mojada. Una ventana vestida con cortinas blancas que bailen al son del aire de la mañana, al son del viento de la tarde, que arropen la intimidad en la noche. Una ventana que alargue mi mirada, con vistas panorámicas al horizonte. Una ventana baja que se pueda saltar afuera, que se pueda entrar adentro, que las puertas envidien su trasiego.

Noto una llave pequeña en mi mano, no recordaba haberla tomado, tengo la llave, la llave la tengo yo.

Los pies deciden seguir avanzando por la habitación, a veces me parece notar finas telas de araña que rozan mi cara. A veces me parece que los pies se hunden en una especie de fango. A veces me parece que una fuerza tira de mí, en otra dirección. A veces me parece que algo helado se pega a mi espalda. A veces… Siempre atenta al latido de mi corazón que marca el ritmo, marca el paso. La llave apretada en mi mano.

Y así caminando, hasta que diviso un pequeño, pequeñísimo punto de luz, imperceptible si no estuviera concentrada, si no estuviera conectada, presente y dispuesta a encontrarlo. Un pequeño punto de luz, una pequeña cerradura para mi llave. Una llave que abre una ventana. Una ventana que es una ventana al mundo, una ventana a la vida. Una ventana que allí está, esperando a que yo la abra, sin más, para que empiece a entrar el aire y las cortinas empiecen a bailar.

Has mirado en tu mano? Quizás tú también tengas una de esas pequeñas llaves. Ya me contarás si decides entrar, te espero sentada en el dosel de mi ventana.

Un abrazo!

Photo credit: Morguefile window