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Pasajes de una vida

red-2097518_960_720Lo reconozco, hubo un momento en que dudé de tus fuerzas, en que no encontraba las mías, en el que, dudando, mataba mis posibilidades, aniquilaba las tuyas. En el que enterraba un futuro bajo los escombros del que no ve o ve sólo lo que los ojos le alcanzan a ver o… lo que un día le enseñaron que debía ser…En el que congelé el presente con el hielo de la duda.

Lo reconozco, hubo un momento en  el que las ganas se desvanecían, el brillo se apagaba, la vibración era tan densa que apenas resonaba. Me costaba volar

Fue  esa fe ciega en el amor, la confianza en la vida y la ayuda de las manos amigas, lo  que me permitieron sentir ese fino hilo que todavía nos unía, ese fino hilo que me retenía, que me impedía salir corriendo, ni a paso ligero, ni a paso lento… Si podía sentir su vibración aunque sutil… algo quedaba para mí. Fuera amor, aprendizaje, experiencia o bagaje…algo quedaba para mí, no iba a dejarlo sin descubrir.

Gracias a esa necesidad mía de entender y saber, de resistirme a lo obvio, a lo aparente, a lo que parece ser.  

Gracias a esa rebeldía mía frente a lo vacio,  a lo que se espera o debería ser

Gracias a sentir que fuera lo que fuese me traía una lección de vida y que esa era mía

Gracias a esa fe ciega en el amor, la confianza en la vida y la ayuda de las manos amigas

Gracias a que tu mirada jamás fue helada, por más que a veces era una mirada perdida, desorientada, asustada.

Gracias a que tus abrazos siempre fueron cálidos

Gracias a que amar estuvo por encima de ganar

Gracias a todo eso, esos momentos pasaron y dejaron a su paso la sabiduría de quienes  han realizado la travesía. Desvaneciendo las dudas, reuniendo las piezas perdidas, puliendo las viejas, añadiendo nuevas, desestimando las que nunca fueron, esperando las que estaban todavía por llegar, por recuperar, por encontrar. Pegándolas con agua de lágrima,  al son de las sonrisas francas. Con ganas, muchas ganas. Aunque quedaran trazas, aunque quedara camino y se atisbaran nuevos vientos con viejas intenciones porque íbamos armados de viejos amores con nuevas versiones.

Hoy recuerdo esos momentos y me conmueven el alma, me sonrío, pocos a mí alrededor saben el por qué de mi sonrisa que, irónica, parece seguir el ritmo del gotero que me alimenta en estas últimas horas de mis días.

Y a lo lejos, muy a lo lejos, me parece escuchar tu música que de nuevo me llama

James Arthur – Say You Won’t Let Go

 

A quien a pesar del viento, jamás soltó mi mano

Photo credit:Pixabay rojo-ave

Desenredando

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No me gustan los cierres en falso, no me gustan los cajones abiertos, ni las puertas de los armarios. Sin embargo, siempre necesito saber que puedo abrir una puerta, una ventana al aire fresco. Sentir que por más asfixiante que sea el continente, nunca lo será como para ahogarme porque yo dispongo de la llave. Yo decido si me quedo o me marcho. No como escape, no como una huida hacia adelante, ni tan siquiera hacia atrás. Es una decisión, una opción.

A veces las cosas se nos enredan tanto, que da miedo adentrarse y, sin embargo es sólo adentrando que quizás veamos algo. Es sólo yendo que podemos disponer de todos los datos, sentir las emociones, verdaderas, falsas,  adoptadas, adaptadas. Es sólo estando que desenredamos sin seguir enredando o sin quedarnos con un cómo hubiera sido.

En esas situaciones, a mi me ayuda saber que al igual que en el inicio puedo decidir si entrar o no, puedo decidirlo durante, puedo decidirlo hasta el final.

De jovencita era muy miedosa, me daban terror los túneles del terror (que por algo se llaman así) porque además suelo meterme bastante en el papel, vamos, rozando la más absoluta de las realidades. Sólo podía entrar recordándome que siempre hay vías intermedias de salida, hay una puerta… que jamás tuve que usar. Porque nada estaba pasando en realidad. Eso mismo suele ocurrir muchas veces cuando el enredo es tan grande, conforme vamos entrando, vamos asignando su verdadera dimensión, vamos dándonos cuenta de que muchas partes del enredo no son reales, solo enredos mentales, llegando a la esencia del mismo, pudiéndonos ocupar de esa esencia, centrarnos en ello y decidir si era tal o no el enredo.

Siempre podemos decidir cuándo nos quedamos y cuándo nos marchamos. Hasta donde y cuánto apostamos y hasta dónde y cuánto no. Siempre podemos decidir cuándo abrimos y cuándo cerramos, qué dejamos adentro y qué dejamos afuera. Siempre podemos abrir una puerta.

A veces habrá quien pretenda encallar nuestra puerta,  para que no se abra, para dejarla cerrada. A veces habrá quien ponga un tope para que no se cierre, para colarse, para quedarse.

A veces habrá que hacer algo de limpieza o ponerle algo de grasa. A veces darle un empujón para abrirla o cerrarla, incluso una patada.

A veces sentiremos que hay muchos obstáculos y que ya no quedan fuerzas. A veces nos tentará quedarnos, sin darnos cuenta de que nos estamos asfixiando, enredados  en promesas pasadas, en fantasías, cuentos mal contados, espejismos o historias que siendo para no dormir nos sumergen en su letargo. Ni dentro, ni fuera, ni todo lo contario. Convirtiéndonos en una sombra invisible, en una luz apagada, en un espejo sin reflejo, en una maza sin cantera.

Otras veces iremos a abrir o cerrar con todas nuestras fuerzas y sentiremos, por un momento, la impotencia de su insuficiencia.

Todo ello forma parte de la aventura del desenredo, aunque a veces nos parezca que estamos enredando. Entrando, conservando nuestra llave, aprendiendo, decidiendo, confiando, respirando, sintiendo… iremos desenredando, desenmascarando, quedándonos con la esencia sencilla de las cosas que nos importan.

Y, a veces, siento que así es la vida, un gran enredo imaginario que al final no lo es tanto.

Os dejo con Dani Martin y mira la vida

Mira la vida. Mira la vida, mira. Mira la vida como vuelve y te sorprende. Mira la vida que fondo tiene el cajon. Mira la vida que regala todas las flores que tiene, aunque algunas las arranque con dolor


Se os sigue queriendo.

Photo credit: Pixabay- network

Iremos viendo

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A veces no es ni un no, ni un sí.

A veces no sabemos y nos empeñamos en saber, en forzar, en definir lo que no tenemos claro. En lugar de admitir un iremos viendo, un dejarse ver, dejarse avanzar, un dejarse probar, un ponerse a prueba. Un explorar el terreno, un explorarse, descubrirse, desarrollarse.

A veces es un sí profundo, a veces es un no rotundo, las menos veces, las más, es un no sé.  O así yo pienso que debería de ser.

El no sé, abre puertas a conocer, al ir viendo. Pero con el compromiso de ir viendo de verdad, sin quedarse en el limbo de la indefinición, del que no se moja, del que no camina, del que no prueba, del que no apuesta, del que dice sí o no, aunque no sepa.

Un iremos viendo es legitimarse a explorar, a adentrarse, a saber, conocer, sentir y ser. Es un legitimarse a crecer, a testear los síes y los noes cuando no los sentimos como tales.

A veces nos fuerzan al sí o al no. Quieres o no quieres? Y… yo que sé si quiero…iremos viendo! A veces suena cruel, a falta de compromiso, a un no aplazado, a un dar largas… Nada más lejos de la verdad, un ir viendo es el mayor de los compromisos que se puede tomar. Es el compromiso a tener los ojos, los poros, el corazón, la mente, el espíritu abiertos. Es un compromiso a estar atento, es un compromiso a cambiar para alcanzar, para sentir, para estar de verdad.

No existen síes ni noes eternos, más bien caducos y obsoletos. Trampas al alma! Trampas al amor! Trampas a uno mismo! Anclajes a creencias pasadas, a guiones sin palabras, conversaciones sin miradas, a papeles mojados y noches en vela.

Las circunstancias cambian, las personas evolucionamos. Si nos reconocemos como seres en evolución, aceptaremos que lo mejor es ir viendo, dándonos esa oportunidad de ver, sentir y ser.

Si sientes un Sí, di Sí, sabiendo que será temporal

Si sientes un No, di No, sabiendo que será temporal

Si no lo sabes, si te debates, di un iremos viendo, sabiendo que será eterno

En el tema de Ser y Sentir me quedan ya pocos Síes y Noes y, los pocos que me quedan muchas veces se contradicen y… entonces, me quedo calmada con un iremos viendo, hoy no es necesario definirse, tomar la decisión, lo nutritivo es el camino de ir viendo, tomar síes, tomar noes, dejarlos marchar, probarlos, probarnos y continuar, dándonos la oportunidad de seguir viendo, de seguir viviendo.

Alguno de los que me estéis leyendo pensareis que eso es una falta de compromiso, que hay que mojarse, definirse, que un ir viendo lo deja todo tan abierto que es complicado seguir, difícil confiar, imposible controlar. No os voy a intentar convencer, más que invitaros a probar. Al igual que la vida no está hecha de blancos y negros, sino de miles de matices. No está hecha de síes y noes, sino de miles de incógnitas y terrenos por descubrir. La puerta de entrada ahí es el iremos viendo y yo te invito a atravesar esa puerta y a que vayamos viendo que es lo que hay, a que vayamos construyendo sies y noes que, aunque temporales, sean sólidos y con aroma a eterno.

Se os sigue queriendo!

Os dejo con Duran Duran y Ordinary World

Y no lloro por el ayer,
hay un mundo normal y corriente
que de alguna manera tengo que encontrar.
Mientras intento recorrer mi camino
hacia el mundo normal y corriente,
aprenderé a sobrevivir.

Todos los mundos son mi mundo
-Aprenderé a sobrevivir-
Cualquier mundo es mi mundo
-Aprenderé a sobrevivir-

 

 

Photo credit: gratisography

Te deseo Todo lo mejor

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Como cada año por estas fiestas, me asomo a tu ventana, quiero desearte lo mejor.

A estas alturas de nuestras vidas, ya sabemos que lo mejor no es siempre lo que mas nos gusta o lo que en este momento quisiéramos…lo mejor es aquello que necesitamos para seguir evolucionando en nuestra mejor versión. A veces placentero, a veces no tanto, siempre un regalo!

Por eso quiero desearte todo lo mejor. Y todo es todo.

A veces nos empeñamos y nos convencemos de que no podemos tenerlo todo, cuando a través de esa expresión lo que pretendemos es excluir. Excluir todo aquello que entendemos nos hace sufrir, nos genera dolor, tristeza, angustia, miedo. En la, yo creo, inconsciencia de que con ese deseo, en realidad, estamos deseando quedarnos a medias, sólo con aquello que hemos entendido como bueno, placentero, con aquello que hemos entendido como felicidad, plenitud. En aquello que nos hemos inventado para evitar la parte “tortuosa” del camino.

Deseo que te atrevas, que te retes, que camines y mejor si es descalzo, sintiendo el camino.

Sé que puede considerarse un tópico de las lecturas de autoayuda, con conocimiento de causa, experiencia y plena consciencia, te digo que sólo cuando pasamos esa parte del camino, nos sentimos completos, libres, serenos, eternos. Te digo que no va a pasar nada, que no temas, que tienes recursos, que te lo creas. Te aseguro que te espera una inmensa belleza, que la Vida te acompaña si tú avanzas, que en los momentos de desesperación, sólo hay que confiar y ella te recoge en un abrazo cálido como no puede dártelo nadie más.

Por eso, deseo que sigas pidiendo a la vida aprendizajes, que nunca ceses en tu curiosidad por saber más, por avanzar. Que tengas paciencia y mucho amor por ti mismo. Que celebres tus dificultades igual que tus éxitos, tus tristezas igual que tus alegrías. Porque eso es el verdadero todo, eso es vivir la Vida.

Como cada año, quiero asomarme a tu ventana para darte las gracias, para recordarte que sigo aquí y que me alegra que tú estés cerca.

Como cada año, te envío un inmenso abrazo y te deseo Todo lo mejor.

Photo credit: Google

Del Fuego y de la Vida (II)

fuego cafe

Hacía más de dos años que no visitaba la casa, aunque el contacto había sido continuo. Me temblaban las manos, no atinaba a encajar la llave en la cerradura, temía encontrar la casa fría, desamparada…ella ya no estaba, imaginaba un lugar sin alma, en penumbras…sin el ronroneo de Lola, sin su olor a lavanda, sin rosquillas, sin llamas…Sin Fuego…sin Vida

Ella me había pedido que pasara por última vez por allí y eso era lo único que me mantenía en pie frente a la puerta, esperando a que las manos dejaran de temblar para poder entrar.

Por fin logré abrir y un chorro de luz del sol me deslumbró, entraba por todas las ventanas que, para mi sorpresa, se habían dejado entreabiertas. Seguía oliendo a brasas de olivo, a los ramilletes de lavanda y romero fresco que estaban por toda la sala, incluso más intenso, más adentro. Tal y como me dijo, al fondo, junto a la chimenea casi humeante, los dos sillones, en medio la mesa con un servicio de café y dos rosquillas, al lado un sobre “Para mi niña”. Esa era yo.

Mi querida niña, aunque ya no debería llamarte así porque ya eres una diosa, he visto tu evolución en todos estos años y como te has transformado en lo que hoy eres, como las diosas disfrutan en tu presencia…pero seguirás siendo mi niña porque nunca perderás ese brillo y esa curiosidad, esa inocencia que te permiten seguir mirando con ojos nuevos, que te permiten seguir avanzando y descubriendo nuevos sitios, nuevas sensaciones, experiencias, registros.

Ha llegado la hora mi niña de la despedida y, aunque tú y yo sabemos que no es tal y que sin duda nos volveremos a encontrar, te conozco y sé que no te es suficiente con un nos vemos, que necesitas mis últimas palabras en este momento. Después de tanto compartido, me es difícil encontrarlas, así es que he recurrido a mis cartas y contigo en el corazón, contigo en mi mirada, las he barajado y elegido algunas para ti. Como siempre, no fallan! mira que ha salido: Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad. Ni yo misma las hubiera elegido mejor.

Libertad: Recuerda que eres libre para hacer, estar y ser, nunca perdemos nuestra libertad de decisión, de hacer, de ser, de evolucionar, siempre hay una opción para ello. Recuerda que estás donde quieres estar porque nada ni nadie te obliga a ello, no busques excusas, no busques culpables, no existen circunstancias insalvables. estás donde quieres y has decidido estar.

Serenidad: Para poder ver con claridad. En el sentido de alineación, aceptación, sin dramas, sin agresión. Las cosas vienen como vienen y son por algo, serenidad para entender el porqué, para poder aceptar, para poder entender, para que la lucha no sea tal, para aprender, para evolucionar. Serenidad para saborear lo que la vida traiga, Serenidad para poder sentir el placer, el desgarro, para que puedas fluir y así seguir avanzando.

Humildad: Para entender que solo tienes poder sobre ti y que es desde ti que quizás puedas influir, porque aunque seas una diosa, recuerda que no tienes poderes para hacer que otros cambien, actúen, se transformen. Humildad para no juzgar, para aparcar tu ego, para entender que el otro está donde puede estar, donde ha decidido estar, respetarlo y aceptar e incluso amarlo allí donde está. Humildad para seguir sabiendo que no sabemos y seguir manteniendo esos ojos bien abiertos.

Amistad: Confieso mi niña que esta carta me ha sorprendido, pensé que antes te saldría amor que es lo que tú eres, pero realmente tiene sentido porque tu siempre estás dispuesta a acompañar, a dar la mano, a sostener…hasta que te agotas! y entonces pides ya no solo das y ahí está el sentido de esta carta en que sigas rodeándote de amistad, en que te dejes abrazar, en pedir cuando necesites, en dejar expandirse la generosidad de los demás, en dejarte en sus brazos. Recuerda, a todos nos gusta dar.

Eternidad: Esta me hizo sonreír, es como un último guiño! Eternidad, nada acaba, a lo sumo se transforma, todo es sólo un ínfimo momento de la eternidad y la eternidad da para tanto…siempre tendremos más oportunidades, más circunstancias, en un baile perfecto de idas y venidas, nos encontraremos, nuestras almas volverán a acariciarse, aquello que no pudimos escribir, tendremos la oportunidad de hacerlo, de mejorar sobre lo mejorado, de subir y bajar y volver a empezar. Nada es eterno, más que la eternidad.

Mi querida niña, eres luz, amor, sonrisa, brillo.

Qué te parece si ahora enciendes de nuevo ese fuego y te tomas tus rosquillas y tu café? Por cierto dejé la receta de las rosquillas bajo uno de los ramilletes de lavanda y romero fresco…ahora te toca a ti.

Nos vemos mi niña, de hecho yo te sigo viendo”

Y yo la seguía sintiendo allí, muy, muy dentro de mí. Libertad, Serenidad, Humildad, Amistad y Eternidad, ese fue su legado, su memoria para mí y, encendiendo el fuego, saboreando el café y las rosquillas con consejo… me sentí libre, serena y eterna, sintiendo como mis mil cachitos dejaban de volar al viento y se iban recomponiendo cada uno en nuevo lugar, alguno nuevo, alguno dejó de estar, alguno olía a lavanda, quizá…. fuera un pedacito de ella que quedó en mi hogar.

Nos vemos mi vieja, te quiero.